La crónica cósmica. Tus opiniones e ideas son una mierda

La crónica cósmica. Tus opiniones e ideas son una mierda
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POR LA MAÑANA, ROCÍO (al mediodía, calor, por la tarde, los mosquitos…)

Hace un ratito he tomado el chai del desayuno en casa de Narmada y Shankar (supongo que no hará falta añadir Sauraha, Chitwán y Nepal, ¿verdad?). No estaba solo, sino acompañado de tres vacas, una búfala, una cabra (¡beeeee!), doce gallinas, doce patos, los dos gatitos que ha adoptado el Señor Tolstoi, y el ternero que medicaron y salvaron Aigul, Michael y Martina con la colaboración de Shankar. También estaba el tatarabuelo centenario; un anciano que, en vez de envejecer, parece que esté rejuveneciendo. Entonces caí en la cuenta de que hoy era el día en que escribo la crónica cósmica y tuve que cambiarme el chip que llevaba desde ayer, cuando empecé el relato divergente de la próxima semana (que terminaré mañana), y también el de anteayer, día que dediqué a mi actual novela: “Sin Asunto”. Las musas andan como locas conmigo y tienen que hacer horas extra.

Acerca de la novela, hace poco mandé a su heroína (que no es birmana ni de Aragón, sino valenciana) al Amazonas para que probase cierta planta alucinógena que le permitiría sentirse hermanada con la jungla como me sucedió a mí. Tuve esa idea mientras comentaba tal experiencia personal en uno de los podcasts de Conmochila. Luego eché una mirada a Internet para comprobar qué otros nombres tenía esa planta en Sudamérica y, a pesar de haber sabido ya que era una de las más fuertes, me quedé atónito al leer que también era la más letal. No decían que fuese una de las más letales, sino la más letal, y que quien la consumiese podría quedarse colgado de por vida o entrar en coma. ¡Incluso correría el riesgo de morir! Supongo que se comprenderá que evite mencionar su nombre.

VIDA HOGAREÑA (en los tiempos del virus)

Aunque recuerdo de vez en cuando mis platos favoritos de Tailandia o Malasia, sigo congratulándome de haber tenido que pasar estos meses de pandemia en Sauraha, donde la comida es variada, deliciosa y fresca. El último descubrimiento: curry de bambú tierno. Además, es la época de la fruta, sobre todo de los mangos, de los que hay a montones y de diferentes tipos, que comes directamente del árbol. También tenemos lichis y chirimoyas. Y bananas, claro, que madurarán en un par de días si las metes en una saca de arroz.

Mi domicilio “sauraheño”, que siempre ha rozado la perfección, actualmente es un privilegio al ser yo el único cliente de la casa. Cuánto echo en falta el silencio de sus noches si estoy en otro sitio. Ahora, gracias a los esfuerzos de su director, o sea mi paisano, su valoración ha subido unos grados más al haber podido estrenar al fin la piscina cuya construcción se había quedado a medias debido al confinamiento. Qué a gusto me quedo tras permanecer un rato en remojo cuando el calor aprieta a media tarde. Floto haciendo el muerto y suelto unos largos OM que bajo el agua resuenan muy amplificados. Es como si recargase las baterías para lo que vendrá a continuación: ir hasta la casa del Señor Tolstoi (a la que ya llegaré sudando y me libraré inmediatamente de la kurta) para luchar encarnizadamente sobre el tablero de backgammon.

Los nepaleses son muy nepaleses. Otra prueba de ello la tuve la semana pasada cuando asistí a la fiesta de cumpleaños de una chica, en la que no faltó el obligado pastel (Shankar lo trajo de Tari Bazar porque Sauraha continúa cerrada a cal y canto). Hasta aquí todo normal. Pero ya no lo fue tanto que las siete personas presentes se comiesen el pastel justo antes de cenar, que le pegasen cortes de cualquier manera o que los cogiesen a puñados con las manos y se los metiesen en la boca unos a otros al mismo tiempo que se tiznaban la cara con nata sin dejar de desternillarse. ¡Ja, son maravillosos!

Las órdenes gubernamentales acerca del confinamiento no impidieron que los nepaleses de las tierras altas recolectasen el hongo “varsa”, que crece en esta época entre los 3.500 y los 5.000 metros de altitud, y que, por lo menos supuestamente, cura la anemia, las infecciones pulmonares, las del hígado y las de los riñones, y también la hepatitis B. Para esos pobres campesinos que viven en el fin del mundo, vale la pena correr el riesgo de ser arrestados (apaleados) por alguna patrulla del ejército, porque en el mercado chino llegan a pagarse 100$ por un gramo de “varsa”, y una buena cosecha les solucionará el presupuesto familiar del año.

Noticia de última hora. El gobierno del Nepal acaba de decretar que se arreste a quienes no usen una mascarilla. ¡Ja, se va a armar la de Dios!

ASÍ HABLÓ EL SEÑOR TOLSTOI

“El jefe del principal grupo mafioso de San Petersburgo, que por cierto es amigo íntimo de Putin, cuando tiene que ir a algún sitio va, por cuestiones de seguridad, acompañado por una caravana de cien coches sin que se pueda saber en cuál de ellos viaja. El presidente de Chechenia hace igual, pero con trescientos coches”.

“Al decirte en una ocasión que Marx no sabía nada de economía, me refería a la economía actual y a que en su tiempo no existía el sistema bancario de hoy en día”.

“Durante la Segunda Guerra Mundial los rusos cortaban lentamente con una sierra a los que colaboraban con los alemanes”.

“Me había preguntado cómo era posible que Putin hubiese estudiado en la escuela de la KGB, pues estaba reservada a la élite. Entonces me enteré que su abuelo fue el cocinero privado de Lenin”.

“La Biblia de los cristianos ortodoxos es diferente de la católica y, pongamos por caso, en ella no se menciona a vuestro Matusalén”.

“Monté un casino callejero con máquinas tragaperras, y los ludópatas hacían cola para jugar a pesar de que las temperaturas se hallaban bajo cero”.

“Una de las primeras leyes de Lenin fue declarar el aborto legal y gratuito”.

“El apóstol Andrés fue a Kostromá, el sitio en que yo nací, y sus seguidores levantaron esa ciudad en la que actualmente hay más de 1.500 templos ortodoxos”.

“Un amigo mío participó en una manifestación contra Putin y, aparte de arrestarle, le pegaron un chute que le dejo convertido en un zombi. Luego lo llevaron ante el juez diciendo que estaba loco y lo metieron un mes en un manicomio, del que salió siendo incapaz de andar y con un aspecto horroroso”. El Señor Tolstoi me mostró un video en YouTube de este hombre, y el pobre daba pena.

“Pegué de hostias a un hampón y le indulté cuando se rindió; pero entonces le pedí que, si algún día iba a matarme, me avisase. Años después cumplió su palabra advirtiéndome por teléfono que al día siguiente irían a por mí”.

“La plata desinfecta y limpia el cuerpo. De ahí que muchos dulces de la India estén cubiertos por una fina capa de papel de plata que la gente se come tranquilamente. Mi madre siempre ponía un cilindro de plata dentro del samovar”.

MIRA LO QUE PIENSO

  • La humanidad se divide en dos grupos: los que remueven el azúcar del café en el sentido del reloj y los que lo hacen al revés. ¿Cuáles llevan la contraria? ¿Es una señal de diferencias filosóficas o de comportamiento?
  • La cruzada contra el racismo ha llegado a la cosmética y las compañías indias y nepalesas se están apresurando a borrar de sus envoltorios de crema facial la palabra blanqueador. Palidez es sinónimo de belleza.
  • Tus opiniones e ideas son una mierda y no valen nada si te han lavado el coco y no salen de ti. O sea, si no son sinceras. Lo leí en…, me lo dijo mi gurú…, etcétera.
  • Evito las responsabilidades porque soy muy responsable.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
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