UN TIGRE, DOS TIGRES, TRES TIGRES. Normalmente los tigres y los leopardos de la India y el Nepal no se meten con la gente e incluso mantienen las distancias. Podría creerse que ni siquiera supieran que somos comestibles; nada de extrañar con nuestro aspecto y nuestros perfumes. Desde sus perfectas atalayas de observación (su poder está en la vista y no en el olfato) esos lindos gatitos contemplan continuamente con indiferencia como las chicas de las aldeas entran en la jungla para recolectar forraje y leña.

En las contadas ocasiones que esa amable relación se altera es debido a algún accidente, como clavarse el pincho de un puercoespín en la pata, que impedirá a una pantera continuar cazando a los astutos y veloces herbívoros de la jungla. Entonces, acuciada por el hambre, irá a por el ganado y descubrirá que las vacas son lentas como tortugas y que su carne es muy sabrosa (el mejor de los festines se lo dan cuando es una vaca lechera). Desde aquel momento la pantera se limitará a alimentarse del ganado y será cuestión de tiempo que se le cruce de por medio un pastor, al que accidentalmente hiera y, asombrada, descubra que los seres humanos somos igualitos al resto de los animales y que bajo la tela sintética de nuestras vestimentas corre sangre y hay una carne muy, muy tierna.

La transformación de esa pantera será instantánea, pudiéndose comparar a la de un perro que, tras haber comido siempre rancho, un día prueba un chuletón y ya no quiere más rancho, pues igual le sucede a la pantera, que desde entonces se limitará a cazar personas.

Cuando ocurre un caso de estos en algún lugar de la India, el Servicio Forestal da la alarma en toda la comarca porque saben con seguridad que el “comedor de hombres” (“men eater”) no parará hasta que le peguen un tiro o lo cacen para meterlo entre rejas (las cárceles para los animales se llaman zoológicos). En el distrito de Garwhal, al norte de la India y vecino de mis queridas Colinas Kumaon, fue muy famoso el “Leopardo de Rudraprayag”, que a lo largo de ocho años, entre junio de 1918 y abril de 1926, mató a ciento veinticinco personas antes de ser abatido por el naturalista y escritor Jim Corbett (padres ingleses y nacido en Nainital, en las Colinas Kumaon), al que las autoridades británicas acudían cuando no conseguían acabar con un “comedor de hombres”.

En una de las últimas crónicas mencioné que un tigre había matado a un hombre a las afueras de Sauraha. Poco después, el 27 de septiembre, un tigre acabó con la vida de un cornaca que había bajado de su elefante y estaba recolectando hierba en la pradera que hay entre el Río Rapti y la jungla del Parque Nacional de Chitwán. Pero no habíamos terminado, y al día siguiente un tigre le arrancó la garganta a otro hombre en la misma zona. ¿Nos hallamos ante un nuevo “comedor de hombres”? La madre de Narmada, que aparte de guerrera, también es una paranoica de cuidado y ve fantasmas por todos lados, cada noche, cuando me dispongo a regresar a mi cabaña, me advierte del riesgo que corro de cruzarme con algún tigre.

De forma parecida a la India y el Nepal, Tailandia recibió unas subvenciones internacionales con las que se creó el “Plan de Protección de los Tigres”. Se calcula que el “Parque Nacional de Huai Kha Khaeng”, desde el año 2007 hasta ahora, han logrado que el censo aumentase desde cuarenta a ochenta tigres. Como en tantas otras ocasiones, estos números tan redondos me parecen muy sospechosos, y más el hecho de que se dupliquen.

En el centro de la India ha desaparecido el tigre Jai, un macho de siete años que en el 2014 se hizo famoso al recorrer un montón de kilómetros cruzando poblaciones y autopistas buscando pareja. Supongo que si un hombre hiciera lo mismo le acusarían de ser un maníaco.

LOS MACHOS

Las estadísticas demuestran que, entre los seres humanos, el 92% de los crímenes corren a cargo de los machos. No son pocas las mujeres que por experiencia propia conocen que muchos hombres reaccionan violentamente ante las crisis. Yo, que nunca he dado un palo pero que he recibido alguna que otra hostia de unos y de otras, al observar a los animales, y sobre todo a los macacos, he comprobado que los machos de casi todas las especies (¿a excepción del ruiseñor?) luchan entre sí de la forma más bestia para lograr la supremacía y procrear. Al pensar igual que el señor Darwin, no me sorprende que los hombres, a pesar de haber aprendido últimamente a lavar los platos, continuemos guiándonos por el instinto animal que llevamos dentro. Durante la primavera me asombra la agresividad que llegan a demostrar los machos, incluso los de ciertas razas de pajaritos dulces e inofensivos, pues luchan a muerte hasta terminar agotados. Umm, las hembras también pueden ser de armas tomar. ¡Las chicas son guerreras! En Sauraha había una yegua a la que una prima suya le había roto una pata y se veía obligada a dormir de pie porque, en caso de echarse, no podría levantarse de nuevo.

LA TABERNA GALÁCTICA

La clientela de mi antro predilecto me conoce de sobra y siempre hay alguien que se acerca al micrófono de mi grabadora sin darme tiempo a preguntarle. Éste fue el caso de una mujer nepalesa que me contó: “Mi tío permaneció quince años en una cárcel de nuestro país a pesar de que sólo había hecho una fechoría de poca monta. Otro tipo de hombre quizás se hubiese hundido, pero él, por el contrario, supo salir adelante montando un colmado que le aportaba buenos beneficios. Sus actividades entre rejas también incluían las de administrar los arrozales familiares y conseguir buenos precios de los compradores. Al alcaide y a los guardas los tenía sobornados e incluso le permitían asistir a las celebraciones religiosas de nuestra familia, algo que haría acompañado de varios guardas, que estarían encantados de participar en el banquete y tomar unas copas”.

Ahora habló una joven de Ucrania que me dejó de piedra contando escuetamente: “Lo de las amistades peligrosas es muy real, pues, entre otros buenos amigos “malos”, tengo uno que un día ametralló y mató a doce personas”.
Me alegró ver entrar en la taberna a mi amigo Shankar acompañado del Señor Tolstoi; el primero, pegándose al micro, me contó una de sus muchas anécdotas mitológicas (conoce docenas de ellas): “El Dios Visnú (Vishnu) ordenó a un cuervo que entregase a los hombres una planta mágica que los haría inmortales, pero mientras volaba, el cuervo se la tragó accidentalmente y ahora todos los cuervos son inmortales”.

El siguiente en acercase al micro me dejó claro con su acento que era catalán, lo que no supe es si iba en serio cuando afirmó: “Soy un anti sionista nato y me negué a hacer la primera comunión porque Jesús era judío”.

El Señor Tolstoi aprovechó la oportunidad para aconsejar al catalán: “Deberías dar una mirada en Internet al “Protocolo Sionista de los Ancianos”, que se escribió hace más de cien años. Comprobarías que cuanto ha sucedido en ese tiempo y está sucediendo actualmente ha sido programado”.

Otro ruso que pasaba por allí comentó: “Stalin, al que nunca condenaron o censuraron y expiró tranquilamente en la cama, fue el responsable de que muriesen más de cuarenta millones de personas; a su lado Hitler o Pol Pot eran unos aficionados”.

El cubalibre que tomaba el Señor Tolstoi le había soltado la lengua y me contó: “Conozco a un hombre llamado Toporkov que era leñador en la Taiga y sufrió un accidente terrible con una sierra mecánica del que sobrevivió milagrosamente. En aquellos dolorosos momentos, y cuando creía que iba a morir, vio unos ángeles, y desde entonces se convirtió en un reputado religioso. Si tengo problemas o dudas, se los consultó a él, que tras pasar toda la noche recitando mantras de un libro sagrado, me dará la respuesta o la solución adecuada sin equivocarse jamás”. Cuando yo ya creía que mi amigo ruso había terminado, sin que viniese al caso añadió: “¿Sabías que el psico tipo de los hampones y los policías es el mismo?”.
Yo me lo estaba pasando en grande, y pensaba: “¡Qué noche más productiva!”. Ahora me acerqué a un sesentón que habiendo vaciado media botella de “Jack Daniels” le estaba aconsejando a un joven: “No deberías comer más de dos huevos a la semana porque son malos para el hígado, y también creo que la Coca-Cola que mezclas con el ron es muy nociva”. Me dirigí hacia la salida de la taberna riendo.

MIRA LO QUE PIENSO

  • ¿Las heridas emocionales son más dolorosas cuando el agresor es alguien cercano?
  • Etimología. Maricón: vocablo con el que en el Perú se denominaba a los cobardes que huían del campo de batalla: “¡Maricón!”.
  • Las cruzadas y los cruzados que las llevan a cabo: ¿retiraríamos los cuadros de Goya o Velázquez o dejaríamos de escuchar la música de Mozart o Beethoven si descubriésemos que habían sido acosadores, pedófilos o tenían esclavos?
  • A la memoria del gran Quino: gracias por tan buenos ratos con Mafalda, Miguelito, Guille, Susanita y compañía.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
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