La crónica cósmica. Una buena charla con viejos amigos

NATURALMENTE. Anoche soñé con elefantes. No debería sorprenderme al vivir en un lugar como Sauraha (Chitwán, Nepal) donde hay más de noventa elefantes domésticos; pero me sorprendió al tratarse de una familia de elefantes africanos, quizás del “Parque Nacional Masai Mara” de Kenia, entre los que yo paseaba tranquilamente acompañado de los amigos valencianos. Otro detalle extraño del sueño elefantino es que tenía banda sonora y podía escuchar perfectamente los diferentes gruñidos, graves y trompeteos agudos, con que se comunican estos paquidermos. Ranjana me lo ha aclarado de mañanita contándome que esta noche se habían metido dos elefantes salvajes en los arrozales familiares que hay junto a mi cabaña, donde habían armado un barullo que se había colado en mis sueños.

Luego he seguido mi camino hasta el templo de Shiva y la casa de Shankar, quien me ha contado mientras tomábamos chai que, igual que ocurrió aquí hace un par de semanas, ahora ha aparecido un tigre “devorador de hombres” en el “Parque Nacional de Bardiya”, donde han muerto cuatro hombres en las dos últimas semanas.

La crónica cósmica. Charlas con amigos

En ese momento ha llegado el Señor Tolstoi y nos ha explicado que esta madrugada, cuando se fumaba un porrito en la azotea de su casa, ha oído el gruñido cercano de un leopardo y a continuación el lloriqueo de un perro que no lo estaría pasando precisamente bien. Siguiendo con el mismo tema de los lindos gatitos, he aprovechado para mencionar que el pasado 23 de octubre se celebró el “Día Internacional del Leopardo de las Nieves”, y que el principal problema de estos hermosos animales en peligro de extinción no era el cambio climático, sino los granjeros que, aparte de matarlos acusándolos de atacar al ganado, también cazaban sistemáticamente la fauna salvaje de la que se alimentan, porque daña sus cosechas. En el Nepal, el 30% del habitad del leopardo de las nieves se halla fuera de las zonas protegidas.

Después, mientras fumábamos un porrito que había liado el Señor Tolstoi, Shankar nos ha dicho que, debido simplemente a lo que los directivos del Servicio Forestal denominan “incidentes entre humanos y fauna salvaje”, en el “Parque Nacional de Palpa” habían muerto durante el último año once leopardos (entre ellos tres cachorros).

He recordado las estadísticas acerca de los rinocerontes de Chitwán muertos en los últimos años por causas naturales que publicó recientemente “The Kathmandu Post”: en el año fiscal 2016-17 fallecieron 25, en el 2017-18 fueron 26, en el 2018-19, 43, en el 2019-20, 26, y hasta hoy, en el 2020, 9. En ese período solamente murieron dos rinocerontes en manos de los furtivos. En cuanto a los elefantes, en este último año han muerto tres debido a la tuberculosis, enfermedad que se creía erradicada desde hacía diez años.

Narmada, la esposa de Shankar, nos ha servido más chai, y luego, sentándose con nosotros, ha conectado el televisor; pero, de todos modos, ha seleccionado un programa dedicado a la naturaleza, y más concretamente a los chimpancés, parientes nuestros de los que hemos sabido que, cuando envejecen, evitan hacer nuevas amistades y se limitan a relacionarse con las antiguas, aunque por lo general prefieren la soledad. He pensado que yo estoy haciendo igual que ellos: la bendita soledad y, a ratos, una buena charla con viejos amigos. También he recordado a mi mujer, que en la Selva Negra alemana escogía por lo general unos reportajes de la tele dedicados a la naturaleza, a pesar de que frente a nuestra casa se extendían un sinfín de prados y de frondosos bosques.

Los monzones terminaron hace un mes, pero, aparte de recordar a los patos gozando de la lluvia y a algunos de mis amigos pescando en los arrozales o en un bosque inundado, también conservo el “souvenir” que un insecto me dejó al picarme en una pierna en el mes de julio y, si tengo la mala idea de tocarlo, y ya no digamos si me rasco, todavía sigue escociéndome horrorosamente. Acerca del asunto monzónico, todo el mundo piensa en los mosquitos, aunque, en realidad, y gracias a un buen repelente como la crema india “Odomos”, no pasen de ser una molestia secundaria si los comparo a otros insectos que nunca se dejan ver, pero es raro el día en que no me piquen; encantos del trópico, o del subtrópico, pues el microclima de Chitwán es subtropical. Tras varios meses de bochorno y sudor, el fin de los monzones nos trajo al muy deseado calorcito seco.

EL INDOSTAN

Amnistía Internacional cesó sus operaciones en la India porque el gobierno del señor Modi (del partido hinduista BJP), entre otras putadas, les había bloqueado las cuentas bancarias por criticar su actuación en Cachemira, donde los Derechos Humanos brillan por su ausencia hace varias décadas. Valga añadir que este mal rollo no se limita a Cachemira, pues en el resto del país los fanáticos del BJP aprovechan la nueva “Ley de Seguridad Nacional” para arrestar a sospechosos de matar vacas o traficar con su carne, a los que pueden meter un año entre rejas sin cargos ni pruebas. Actualmente el 50% de los arrestos en el estado de Uttar Pradesh son por esta causa.

Un amigo mío me dijo que, en Delhi y durante esta pandemia, cada madrugada unos voluntarios recorrían las calles con unas carretas y recogían los cadáveres de los indigentes que habían muerto de coronavirus esa noche.

En la India se vienen abajo muchos edificios en la estación de los monzones. Como ejemplo, sirva que en el 2017 provocaron más de mil doscientas muertes.

Cuando el gobierno de la Unión Europea puso trabas al aceite de palma, Malasia, que quizás sea el mayor productor, buscó otros mercados y escogió el de la India, donde han empezado a usar por primera vez ese nuevo producto. Imagino que ahora sus bazares olerán a fritanga igual que los del Sudeste Asiático.

Supongo que recordaréis los enfrentamientos que hubo hace unos meses entre el ejército indio y el chino en la frontera de Ladakh, al norte de la India; lo que quizás no sepáis es que murieron veinte indios y setenta chinos a pesar de que en ningún momento se utilizaron armas de fuego y, aunque pertenecían a dos potencias con armamento atómico, se mataron a pedradas como lo habrían hecho sus lejanos antepasados. Ah, por cierto, en el ejército indio hay alistados 30.000 gurkhas nepaleses; también los hay en las fuerzas de seguridad de Singapur, “Gurkha Contingent Singapore”, y, por supuesto, en el ejército profesional del Reino Unido.

MIRA LO QUE PIENSO

Al contrario que la gente que siempre llega tarde, yo, que acostumbro a ir un poco acelerado, me fijo unos horarios para evitar llegar con antelación: si no pusiera el freno de mano terminaría mis actividades cotidianas al mediodía.

En la novela de Almudena Grandes “La Madre de Frankenstein”, un psiquiatra le dice a su joven alumno: “Nunca lograrás hacer bien nada que no te apetezca hacer”. Pensé que esta afirmación parecía hecha a mi medida, pues invariablemente, y ya desde la infancia, si quería hacer algo bien tenía que limitarme a lo que realmente me apetecía; hecho que definía diciendo que me había tocado una mente indómita que se negaría a prestar atención y recordar lo que no le pareciese interesante.
Cuando el cura dice en las bodas, “Si alguien se opone a esta boda, que hable ahora o calle para siempre”, pienso que tendría que ser una norma habitual fuese cual fuese el tema.

Los profesionales de la mayoría de religiones creen que solamente podemos alimentar nuestra espiritualidad siguiendo sus particulares enseñanzas, dogmas y fórmulas (viste así, come aquello, arrodíllate, póstrate), y jamás aceptarán que puedas hacerlo, pongamos por caso, colocándote o emborrachándote.

Todo sobre mi padre: en una crónica anterior hice ciertos comentarios acerca de mi padre que provocaron algún mosqueo familiar a pesar de que no pretendía criticarle en manera alguna, pues siempre me cayó muy bien (¿sentisteis simpatía por vuestros padres?), y suponiendo que me tratase con más suavidad que a los demás, se debería a que, tras haber comprobado los resultados anteriores, él ya sería más adulto, más sabio y menos impulsivo.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba
Nando Baba
Escritor y viajero. No te pierdas las crónicas cósmicas de Nando Baba.