La crónica cósmica. Una persona muy saludable

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EL PATIO DE MI CASA ES PARTICULAR

Supongo que habréis comprobado en más de una ocasión que el término vecindario podría ser sinónimo de complicaciones, enfrentamientos y, por supuesto, chismorreos. Es así en todos los niveles sociales, pero también en los políticos. ¡Señoras y señores, 4 grandes combates de boxeo, China vs India – Tailandia vs Camboya – Venezuela vs Colombia – Rusia vs Ucrania!

En un vecindario occidental los detonantes de esos líos podrán ser el perro de la casa de enfrente que ladra incluso a los fantasmas, la ruidosa tele del piso de al lado, el taconeo de la vecina de arriba, las escandalosas peleas de la pareja del tercero, el tramposo que trata de mangarnos unos metros de terreno de la finca que tenemos en el campo, o el encelado que te acosa con la mirada. También está el que no paga las cuotas de la comunidad, el que tira la basura a deshora y sin reciclar, el que llega borracho a las tres de la madrugada y lo hace cantando una jotica, o el que está restaurando continuamente su vivienda y los operarios te despiertan con mil ruidos a primera hora de la mañana.

Como sería de esperar, aquí en Sauraha (Chitwán, Nepal), los asuntos vecinales tienen otro cariz: una vecina se quejó ayer a Ranjana (la joven que me alimenta), diciéndole: “Tu querido cocodrilo se comió a dos de mis patos”. Se refería al joven cocodrilo que vivía en la alberca de esta finca sin que, por el momento, molestase a nadie ni nadie se metiese con él. También os recordaré que Sauraha es “patolandia”, pues todas las casas tienen por lo menos una docena de gruesos patos que van de un lado a otro libremente e incluso interrumpen el tráfico rodado al cruzar la calle con mucha lentitud (patosamente) y formando una fila india: hay pastores de patos que los guían parsimoniosamente con unas largas cañas.

Ranjana, que es una chica lista y conoce de sobra a los “sauraheños”, pensó que la vecina mentía y sólo pretendía cobrarle unas rupias por los supuestos desaguisados del cocodrilo como si fuese de su propiedad; pero cambió de opinión cuando, esa tarde, el cocodrilo trató de pegarle un mordisco a una chiquilla que jugaba cerca de la alberca. Entonces se dio la alarma.

En un país menos civilizado, la gente habría lapidado al cocodrilo, le habría arrancado la piel para venderla y se lo habría comido asado. Pero en el Nepal las cosas no funcionan así, y lo que hicieron fue avisar a unos agentes del Servicio Forestal, que lo cazaron con una red sin necesidad de sedarlo.

Luego lo trasladaron al Río Rapti y lo liberaron. Después de permanecer varios meses en la pequeña alberca, supongo que el cocodrilo se sentiría como alguien que viviese en un apartamento diminuto de una gran ciudad y saliese de paseo por el campo.

Igual que estos nepaleses, los habitantes de las Colinas Kumaon de la India están muy concienciados acerca de los animales protegidos. Recuerdo que una vez, un amigo mío encontró una cobra real en el jardín de su casa. Él sabía lo que se tenía que hacer en esos casos y, además, había apuntado en su agenda el número de teléfono de las personas adecuadas: unos ecologistas que, precisamente, se especializaban en proteger a las cobras reales y cuidaban de sus nidos. Es la única serpiente que los construye (con hojas), y también la única que mima los huevos durante un mes. Cuando el hambre la obliga a partir en busca de comida, los ecologistas cuidan de los huevos hasta que salen de ellos las diminutas serpientes, que podrán llegar a medir más de tres metros.

La protección de los animales en países pobres como el Nepal tiene sus problemas porque esa protección no alcanza asimismo a las aisladas aldeas de campesinos. Y si no que se lo pregunten a los habitantes de un pueblo llamado Barahakshetra, donde once elefantes de la “Koshi Tappu Wildlife Reserva” estuvieron aterrorizándoles durante una semana arrasando los maizales y derrumbando algunas casas.

Monzones: aparecen diariamente nuevos pajarillos, mariposas y libélulas de distintas razas; y sucede algo parecido con las flores y sus perfumes.

Libertad: felicidad. Elección: ilusión. Pensé en esto al ver un caballo que se dirigía a solas hacia una pradera cubierta de hierba tierna en la que estaría pastando libremente hasta que decidiese regresar a casa. Le pregunté que opinaba acerca del confinamiento de la pandemia (en mi familia aprendíamos la lengua de los caballos cuando éramos pequeños), y respondió que le parecía de maravilla y esperaba que durase eternamente porque antes se pasaba los días tirando de un carro y paseando turistas de un lado a otro. ¿Sabíais que en nuestro querido mundo hay más de doscientos millones de caballos, burros, camellos y elefantes que trabajan para la industria turística cobrando como salario una tanda de palos?

LA TABERNA GALÁCTICA

Mi instinto de reportero me guió hacia mi antro predilecto con la certitud de que hallaría personajes interesantes a los que entrevistar, y no me falló. El primero fue un viejo australiano que era un bromista compulsivo y, con sus caras y gestos, hacía reír a quienes se encontraban a su alrededor mientras les contaba: “Mis bisabuelos eran unos irlandeses que emigraron a Australia con unos nombres falsos porque estaban en busca y captura de las autoridades británicas por pertenecer a una organización independentista. Ahora vivo casi siempre en la India, pues allí me siento como en casa. Supe que era así la primera vez que fui por un sueño que tuve. Había soñado con un templo lleno de esculturas de elefantes y, en cuanto aterricé en Bombay, alguien me llevó a la Isla de Elefanta. No regateo los precios con los indios, sino todo lo contrario: si me piden mil rupias les doy dos mil. Soy astrólogo, pero quizás sea el único astrólogo que no cree en la astrología, pues si juntas a diez astrólogos, te van a dar diez opiniones distintas”.

Después de hacernos reír a pesar de contar cosas serias, el viejo australiano consiguió que nos desternillásemos al explicarnos: “En el estado norteamericano de Washington legalizaron el mismo día la maría y los matrimonios gay. Muy apropiado porque, según la Biblia, los hombres que mantuviesen relaciones sexuales con un hombre deberían ser lapidados”. A quienes no domináis el inglés coloquial os aclararé que la traducción es “must be stoned”, que también quiere decir que deberían estar colocados.

El australiano se alejó en busca de una cerveza y yo le pasé el micro a un tibetano pidiéndole que dijese lo primero que se le ocurriese. Sólo tuvo unos cortos instantes de incertidumbre, y luego me contó: “En Goa comí carne de hipopótamo asiático. Según me aseguraron, ese animal ha vivido siempre en la India. El que yo probé lo trajo un cazador furtivo y su carne era deliciosa”.

Me quedé asombrado porque yo creía que solamente había hipopótamos en África, pero me olvidé del tema para escuchar lo que decía una mujer de pelo blanco que con acento cockney nos confesó: “Siempre he sido una casamentera vocacional y recientemente me alegró colaborar en la creación de una nueva pareja; pero eso fue antes de descubrir que, al hacerlo, había provocado la ruptura dos felices parejas”.

Entonces se metió de por medio un italiano borrachín que pasaba por allí y dijo: “El inglés es un idioma curioso e incomprensible. Y si no tomad como ejemplo “the back of my bag is back on my back” ¡Ja!”.

El siguiente en acercarse al micro fue un africano que mediría dos metros y se limitó a decir: “La verdad es siempre una, y las mentiras tienen muchas caras, pero cada una tiene su propia verdad”.
La última en hablar fue una jovencita rusa que ostentaba una belleza aristocrática, y nos contó: “La palabra “bistro” nació en París cuando estuvo ocupada por el ejército ruso tras darle de palos a Napoleón. La traducción sería algo parecido a “comida rápida”, pues rápido en ruso es “bistra”, y así lo pedían los soldados rusos en las tabernas o los restaurantes parisinos”.

MIRA LO QUE PIENSO

  • Tal como se comprueba diariamente con la violencia de género, el cáncer boludo que nos cuelga a los hombres entre las piernas provoca locura. Estuve en un país en el que había mucha prostitución y terminé creyendo inconscientemente que todas las mujeres estaban en venta.
  • La pérdida de seguridad que provoca la vejez, me parece excitante.
  • En el panegírico de la Tierra constará: murió por culpa de la codicia, la estupidez y la maldad de los seres humanos.
  • Me saluda mucha gente, así que se podría decir que soy una persona muy saludable, ¿verdad?

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba

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