La crónica cósmica. Yo hacía unos programas de radio…

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EN LAS ONDAS. Érase una vez, hace muchos, muchos años, en otro siglo, en otro milenio y exactamente cuatro décadas antes, yo hacía unos programas de radio, en vivo y hablando catalán, que se podrían definir de anárquicos porque en ellos imperaba la improvisación y nunca sabíamos cómo saldrían. A pesar de ser yo un locutor de tercera regional, nunca me quedaba sin palabras, que manaban imparablemente de mi boca sin que la mente tuviese que esforzarse mucho; hecho habitual entre los profesionales del gremio: lengua rápida y limitado raciocinio. Empeorando las cosas, acostumbrábamos a colocarnos con porritos y los técnicos de sonido terminaban perdiendo los papeles.

Aconsejado por mi egocentrismo, yo creía que mi habilidad ante el micrófono era innata, y solamente descubrí que no era así al separarme de mi compañero de ondas y buen amigo Pere Massagué, pues al empezar a hacer programas en solitario me quedé sin una gran parte de la inspiración que me aportaba tenerlo a mi lado: éramos como Andreu Buenafuente y Berto Romero cuando hacen “Nadie Sabe Nada”, que se dan marcha mutuamente metiéndose el uno con el otro.

A pesar de que continué fallando de la misma forma cuando, años más tarde, hice unos programas de radio en la Selva Negra alemana para una emisora pirata llamada “Radio Canal Rate” (a veces en catalán, otras en castellano e incluso en mi miserable inglés), olvidé que fuese así el día en que, hace un par de semanas, “el jefe” de Conmochila me propuso grabar unos podcasts junto con los demás colaboradores de ese blog: Carme, María, Luís y él, Toni. “Maldita sea, este tío siempre termina liándome”, pensé al mismo tiempo que aceptaba encantado sin plantearme si estaría a la altura de sus expectativas: “¡Señoras y señores, les presentamos al famoso locutor prehistórico Nando Papanatas!”.

Mi ego y mi inconsciencia me aportaron, como en tantas otras ocasiones, el coraje necesario para lanzarme a ciegas. Ellos también fueron los responsables de que diese por sentado que en el programa piloto mi palique había salido de maravilla. Solamente comprobé atónito que no había sido así en manera alguna al oírlo posteriormente.

Además, como si hubiese sido hecho a propósito, yo “actuaba” al final y, después de escuchar a “los teloneros” (María desde Malaca, en Malasia, Luís desde Bangkok, y Carme y Toni desde el País Valenciano), que rozaron la perfección ya fuese en la vocalización, la claridad de sus voces y en el desarrollo de los interesantes temas que comentaban, lo mío parecía una emisión de Radio Pirenaica en los tristes tiempos de Franco sin que le faltasen balbuceos, palabras ininteligibles y, también, mala recepción.

La razón de esta parrafada tenía como fin, aparte de prepararos mentalmente para mí pésima intervención, recomendaros que, a pesar todo, escuchéis los “Podcast-conmochila” que seguiremos emitiendo periódicamente porque nos lo pasamos en grande grabándolos.

FAUNÓPOLIS

Cuando se impuso en Sauraha el “arresto domiciliario” supuse que se multiplicarían las visitas nocturnas de animales salvajes. Sin embargo, no ha sido así y, como si a ellos también les atemorizase la pandemia del coronavirus, solamente ayer apareció un rinoceronte que recorrió la calle sorprendido de encontrar los comercios cerrados. Supongo que querría echar una mirada a los escaparates para saber qué moda se llevará este verano.

Otra visita más insólita fue la de una mamá leopardo acompañada de su cachorro: aunque no se aventuraron entre los edificios de la población, se dejaron ver un par de veces por los arrabales.

Shankar y Narmada, hartos de que los cuervos y las mangostas les mangoneasen unos pollitos cuyo valor ha aumentado gracias a la cuarentena, ahora los mantienen enjaulados junto con sus mamás, que acepan ese encierro como un mal menor. De todos modos, los pollitos más crecidos que ya van de por libre, corren a protegerse bajo las matas de flores adecuadas en cuanto mamá les avisa de que hay peligro: “¡Alarma, cuervos!”.

Gracias a una alemana amante de los animales que financió la castración de los perros callejeros de Sauraha, hace ya varios años que los insensibles dirigentes de la población no organizan masacres en las que los envenenaban a todos, a pesar de no causar problema alguno. Ya sabéis que soy un gran amante de los animales y sobre todo de los perros, pero es que, además, los de aquí son invariablemente un encanto y me resulta inconcebible que alguien los pueda asesinar provocándoles el sufrimiento que conlleva el envenenamiento.

El título de la película podría ser “Mi amiga la avispa”. No sé cómo logra colarse en mi cabaña, pues mantengo sistemáticamente cerrada la puerta y las ventanas tienen mosquiteras; pero no hay día en que no haga acto de presencia una avispa pequeñaja y rojiza (nada que ver con la peligrosa Avispa Asiática), que se rompe los cuernos tratando de regresar afuera.

Al principio, y tal como hago con todos los intrusos, la cazaba usando un vaso y la mandaba de vuelta a la calle. ¡Pero al poco la avispa ya estaba de vuelta! Todavía no sospechaba que pudiese ser siempre la misma, y únicamente comprobé que era así cuando, tras cansarme de repetir el mismo juego una y otra vez, la dejé encerrada en el vaso durante el resto del día pensando que aprendería la lección. ¡Qué va! La mañana siguiente volvió a las andadas y ha continuado haciéndolo cada día. A pesar de que cada vez la meto “entre rejas” hasta que se pone el sol, ella regresará en cuanto amanezca, como ahora mismo, pues ya la tengo de nuevo aquí; solamente le faltaría preguntarme dónde se halla la salida. Algunos amigos son así de pesados, ¿verdad?

En la crónica anterior os mencionaba que, con la llegada de la primavera, Sauraha se había llenado de bichos que corren de un lado a otro obligándome a mirar dónde piso. Al unirse esto con la ausencia de trafico rodado, los patos se juntan en grupos sobre el asfalto picoteando incansablemente. “Oiga, póngame una tapita de escarabajos”. “¡Ah, pues para mí que sea una de orugas tiernas!”.

Os recordaré que, a pesar de que las vacas y los toros sean supuestamente sagrados para los hindúes, en realidad solamente es de esa manera en cuanto a las hembras, pues a los improductivos machos los expulsan de casa desde el momento en que pueden ser destetados, obligándoles a buscarse la vida por su cuenta. Valga añadir que, mientras han podido mamar, se habrán limitado a permitirles que lo hagan después de ordeñar a su madre dejándole las ubres prácticamente vacías. Por lo general, y sobre todo en invierno, son los santones los que cuidan de esos pobres huérfanos (incluso cubriéndolos con una manta) que muchas veces mueren de hambre o entre las fauces de alguna jauría de perros salvajes.

Después de esta triste información os daré otra más alegre que titularé Operación Rescate. Una chica nepalesa le explicó a nuestra amiga de Kazajstán que a las afueras de Sauraha había un becerro al que no cuidaba nadie y tenía una fea herida en una pata. Ella se apresuró a contárselo al bueno de Shankar y al poco ya recorrían los caminos en motocicleta buscando a dicho becerro. Cuando tras preguntar aquí y allá dieron con él, se quedaron horrorizados al ver que la herida de la pata estaba infectada de mala manera. Ellos no eran los únicos “buenos” de la película, y el canadiense Michael de “Stand Up 4 Elephants” les proporcionó los antibióticos necesarios, que le inyectó la mujer alemana que castra los perros. Esa medicación acabó con la infección y con docenas de gusanos que vivían en ella y de ella.

El siguiente paso fue conseguir un tuktuk, con el que trasladaron al becerro hasta la casa de Shankar, donde ahora se recupera felizmente pastando por los prados de los alrededores. El amoroso cuidado que recibe incluye una mosquitera bajo la que pasa las noches a salvo de los mosquitos.

En el puerto de Hong Kong decomisaron veintiséis toneladas de aletas de tiburón que iban en tres contenedores procedentes de Ecuador: 38.500 tiburones habían muerto dolorosamente para abastecer el mercado chino y satisfacer el paladar de un montón de hijos de la gran puta. A la mierda con ellos.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba
5 Comentarios
  1. Antonio Sánchez Blanch dice

    Me alegro de ver que todo va bien … el otro día encontre a nuestro amigo Pere Massagué … hablamos de ti ( segur que et van xiular les orelles ) … sigue asi amic … ( per si no em coneixes soc l’Antonio, el fill de la Maria i el Valeriá )
    Forta abraçada !!!

  2. Josep Pastor dice

    K LE CORTEN LA COLETA AL GACHO.¿A QUIEN SE LE OCURRIÓ DARLE UN MICRO ?
    NANDO BABA FOR PRESIDENT

    1. Nando Baba dice

      Maldito Pastorius, me quiere cortar la coleta y, además, hacerme presidente: puro sadismo, oiga. Un abrazo, amigo del alma.

  3. Claudia dice

    Hey Nando, yo no sé de dónde te has sacado lo de pésima intervención. Personalmente, a mí me gustó mucho ;) aguardo a las próximas con gusto.
    ¡Un abrazo hasta Sauraha!

    1. Nando Baba dice

      Mil gracias: me das ánimos.

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