Hace una semana, cuando os estaba mandando la última crónica desde la casa del señor Chacal, él me propuso, “¿Nos vamos de picnic?”. Dicho y hecho, preparamos todo lo necesario, o sea la pipa, el costo, el ron y la cola, y con él al volante y yo confortablemente “colocado” a su lado, abandonamos por una vez estos bosques, descendimos hasta el bazar, pasamos ante la casa del amigo Amit, y al poco ya estábamos recorriendo una cañada cubierta de verdor por la que descendía un ruidoso río. Me quedé admirado porque, después de llevar más de veinte años por estos alrededores, jamás había puesto los ojos en el que es sin duda alguna una de los lugares más maravillosos, tanto como para hacerme creer que me hallaba en La Selva Negra.

Al día siguiente, y como si se hubiesen puesto de acuerdo, se presentó en mi domicilio un amigo que tiene el curioso nombre de Tierra (pero en indostano), y lo hizo con una proposición parecida a la del señor Chacal. Tierra es un bosquimano que vive desde hace cinco años en un antiguo corral de vacas que ha convertido en una delicada joya y está totalmente escondido entre la espesura. La autenticidad de Tierra incluye que conduzca una motocicleta “Einfield” que es idéntica a la que fabricaban los británicos en los años cuarenta. Tras montar en ésta creyendo que íbamos a un sitio cercano, él me estuvo paseando varias horas por carreteras y valles desconocidos. Tal como sería de esperar en la India, hicimos ese recorrido sin llevar casco (nadie lo usa). Terminamos en la cumbre de una montaña que nos mostraba unas vistas infinitas de las llanuras. Desde los bosques que teníamos a nuestras espaldas nos llegó un extrañísimo rugido que Tierra no supo identificar. Tras ambas excursiones ya tengo claro que si “mi rincón” perdiese la tranquilidad, podría pasar el resto de mi vida en esta comarca llena de valles solitarios.

Naturalia

  • Gracias a los monzones, actualmente el tronco de cada árbol ya se ha convertido en una pequeña jungla y, así, en una obra de arte natural. Frente a mi ventana hay un pino que está cubierto de flores violetas hasta la copa.
  • El “Guingo Bailoba” (significa hojas divididas en dos) es un árbol prehistórico, del que se alimentaban los dinosaurios, al que hasta hace poco solamente se lo conocía en su versión fosilizada. Sin embargo recientemente se descubrieron dos ejemplares que seguían vivitos y coleando precisamente en la tierra de las termitas humanas, la China, y un astuto botánico de las Colinas Kumaon logró escurrir unas semillas ante las narices de los aduaneros chinos e indios (está prohibidísimo traer semillas a la India) que brotaron de maravilla. Os juro que al tener delante a un pequeñito “Guingo Bailoba” y acariciar sus curiosas hojas, me emocioné como si se tratase de un saurio.

Faunópolis – Obituarios

  • Unos aldeanos lincharon a un leopardo que se había metido dónde no debía. A otro leopardo se lo llevó por delante un camión, y también terminó criando malvas.
  • Entre tanta mortandad, nos alegramos al poder anunciar el nacimiento de un nuevo tigre.
  • Igual que sucedía en Chitwán, los pollos de las granjas son descendientes de los silvestres que corren por la jungla, y su tamaño, sus colores (tonos dorados, rojos, cobrizos), la cresta y los espolones, son espectaculares.

Telegráficamente

  • La incertidumbre alcanza también al reparto de la leche, que un día llegará a las seis, y al siguiente a las siete, a las ocho, o quizás no venga porque llueve demasiado; y tú esperarás tranquilamente, o te irás a casa diciendo, “Mañana será otro día”.
  • ¿Os imagináis cuáles serán las noticias de un canal de televisión religioso?
  • Debido a que no comprendía dos palabras de la lengua inglesa y siempre decía, “Ya, ya”, ahora le apodan Yaya.
  • Lo que denominamos simplemente como atracción sexual, incluye mucho de curiosidad; y la falda es una prenda que la auspicia de una manera tan exagerada como para que, de vestirla los burros, también tendiésemos a tratar compulsivamente de descubrir qué se escondía allí debajo.
  • Ya que he tocado un tema tan “profundo”, aprovecharé para susurraros que, tras haberme conseguido unas compresas indias (con propósitos hemorroidales), su espectacular tamaño (al contrario que el de las tailandesas) me ha llevado a recordar a un loco que iba desnudo y estaba sentado en el suelo de un bazar, tipo del que me impresionó el medio metro de polla que era más parecida a la cola de los macacos.
  • Más supersticiones y manías: En mi vecindario no se comerán una col sobre la que hayan visto pasear un precioso gusanito verde. De forma parecida, tras plantar todo el mundo un montón de perales de un tipo determinado, se les metió entre ceja y ceja que tales peras eran dañinas, y ahora se las comen solamente los nepaleses, los macacos y los langur.
  • Ya es oficial: El gobierno indio está montando su propia Nasa con la intención de poner los pies en Marte antes que nadie.
  • Voy por el bosque, alguien se acerca corriendo a mis espaldas, ni tan siquiera me vuelvo, sé que es Forest, “corre, Forest, corre…”.
  • Con el amigo Tierra coincidimos en un valor primordial: en nuestro reino se aplica la pena de muerte a los mosquitos y las sanguijuelas, pero a los demás seres vivos los respetamos sabiendo que sufren los mismos temores, dolores y penas que nosotros.
  • Ayer, fecha en que naciera el dios Krishna, las mamás vistieron, pintaron y cubrieron de guarniciones a sus hijitos menores de cinco años; al de nuestra casa, que además se llama Krishna, lo dejaron hecho una preciosidad, con una corona roja, una plumita de pavo real en la frente, un collar de perlas, y vistiendo una kurta y un dhoti de color amarillo.
  • Descendí los treinta kilómetros hasta Halwani y empecé a sudar antes de llegar abajo. En el mundo moderno conseguí mi primer tique ferroviario a precio de pensionista (senior). Los perros de la ciudad comprenden las reglas del tráfico rodado y se apartan igual que los humanos al oír los bocinazos de advertencia, “Aparta, que vengo”.
  • Las latas han llegado a la India, y ya tenemos en el mercado a la “Budweiser” y a la “Foster” (“australian for beer, man”).
  • Las estadísticas lo han demostrado: Quienes nacen en otoño son los más longevos, y los frutos primaverales como un servidor los que menos.
  • He tardado treinta años en descubrir que los indostanos llaman hermanos a sus primos.
  • El viejo de la “chai-shop” de leña se sabe de memoria el precio de la increíble colección de productos que vende, pero se hace un lío sumando dos y dos cuatro.
  • La capital del estado de Gujarat, Ahmadabad, supera al resto de la ciudades indias en cuanto a polución, y ahora el gobierno local ha decidido solucionar el problema de una vez por todas decretando que dentro de unos pocos meses todos lo vehículos deberán funcionar con gas; solamente se les olvidó que no disponen de tal cantidad de gas (ni de las “gas”olineras), y que, como mucho, podrían abastecer al diez por ciento.
  • En el estado de Shillong la gente se junta al atardecer, y apuestan acerca del número de flechas (por encima de las cien) que darán en una gran diana. Entonces una decena de hombres se sentará en el suelo sujetando los arcos horizontalmente, y, al darse la señal, y durante un limitado espacio de tiempo, cada uno disparará las delicadas flechas de bambú que habrá hecho él mismo decorándolas con plumas de diferentes colores (y que después reconocerá perfectamente).
  • Al “hablaros” hace unas semanas del “samadi” y de los santones que detenían las funciones vitales de sus cuerpos, creo que me olvidé de comentar que un amigo mío detenía tranquilamente el corazón, hecho que comprobábamos poniendo la mano sobre su pecho.
  • A veces recuerdo a uno de mis amigos de la juventud que, al encontrarnos hace un año, me dijo, “¡Qué cojones tienes!”, refiriéndose a mis domicilios alrededor del Himalaya; y yo, la verdad, al dar una mirada a la situación mundial y, especialmente, a la de la península Ibérica, pensé que él sí que tiene un buen par de cojones.
  • O cantas o enloqueces, y a mí alrededor todo el mundo termina cantando (creo que mi amante esposa lo alegará al pedir el divorcio); la única que logró hacerme callar fue el mastín tibetano de mi amigo Tierra, Lío, un monstruo poco social que, al quedarnos a solas y empezar yo con mis canturreos, pegó un gruñido y me mostró su aterradora dentadura dejando claro que hasta ahí podíamos llegar. – Se vacunó contra la fiebre amarilla, y murió de ésta antes de empezar el viaje. ¡Qué vivan las vacunas, y la alergia!

Mira lo que pienso

  • La más curiosa de las palabras inglesas es “smart”, que según mi diccionario significa al mismo tiempo listo y elegante.
  • Antes me avergonzaba del rácano que habita en mi interior y también de pertenecer a una cultura que adora el dinero, pero me vacuné contra ese mal (qué mal tan vergonzoso el de la vergüenza) al comprobar que lo nuestro se quedaba en algo parecido a un sarampión si lo comparaba al valor que le daban al dinero los indostanos y los tudescos, o el de aquellos británicos del siglo diecinueve que, pensando solamente en sus propios beneficios, trataron de convertir a toda la población china en adictos al opio que obligaban a cultivar a los campesinos indios.
  • Lo mejor que tiene la tolerancia es que empiezas por tolerarte a ti mismo, de ahí el careto de satisfacción que lucimos los tolerantes y el rictus de tirantez que afea el de los intolerantes, quienes, al no tolerarse, van siempre cabreados y buscando exteriormente la razón de ello. Lo mismo sucede con la amabilidad, y yo, que como sabe todo el mundo soy un tipo muy amable, soy amabilísimo conmigo mismo, y me abro la puerta, y me cedo el paso, y me acerco la silla para sentarme.
  • Una nueva palabra nipona para el diccionario internacional (quizás ya la sabéis): “kadokushi”, que es la muerte del tipo que vive solo y al que encontrarán cubierto de gusanos.
  • Si lo de tirarse un pedo fuese realmente cómico, cuando entrásemos en unos baños públicos oiríamos un montón de carcajadas.
  • ¿Cuándo vamos a prohibir a los responsables de las grandes masacres? ¿Cuándo vamos a prohibir las religiones, los ejércitos y la policía? ¿Cuándo vamos a prohibir las prohibiciones?

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba
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