Miedo y racismo: los dos enemigos que asolan a Asia tras la pandemia

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Algunos dicen que la pandemia creada por el Covid19 ha muerto dentro de sus fronteras. O al menos eso creen algunos en lugares como Tailandia, donde se saca pecho al decir que el país lleva más de un mes sin un solo contagio local, y que las nuevas infecciones son de los siameses retornados que llegan a su tierra, curiosamente, enganchados a un virus que otros países no han podido frenar.

Quizás con ello en Tailandia quieran olvidar las colas de gente en la calle frente a las donaciones de comida o la multitud de indigentes que han aparecido en Bangkok. No en vano, se estima que el país más turístico del Sureste Asiático es el más dañado por la crisis que trae el coronavirus.

Sin embargo, la infección y la crisis económica no son los únicos males que afectan a Tailandia en mitad de esta debacle. Porque una consecuencia preocupante -y mucho- es la nueva ola de racismo y odio a los de fuera, junto a una exacerbación del nacionalismo. Lo mismo que ocurre en todo el mundo, vamos, pero que en Asia es incluso más visible porque, claro, en este continente nunca se ha escondido que a los de fuera se les quiere menos.

Del ‘Kung Flu’ de Trump a lo de que el virus es cosa de occidentales

abuela covid19 Tailandia moto

La pasada semana no supe si reír o llorar al ver al lumbreras de Donald Trump usando bromas para buscarle nuevos nombres al Covid19. Ahora le ha dado por llamarlo Kung Flu, algo que puede parecer muy gracioso pero que es como cuando Torrente llamaba «chinita» a una asiática para pedirle pan en un restaurante chino. Solo que el presidente del país más poderoso del mundo no es «el brazo tonto de la ley», aunque desde luego que un lumbreras tampoco parece ser.

Trump gusta de estigmatizar a los chinos con el asunto del virus, trata de ridiculizarlos y de señalarlos como seres a evitar. Es algo que ocurre con el coronavirus en muchas situaciones. En Asia, el estigma también es gigantesco. Mientras en los países más afectados de Europa lo normal es que alguien cercano haya pasado por el contagio, en sitios como Tailandia o Vietnam se ha señalado públicamente a los infectados, ya que el total de personas nunca fue muy alto. Los contagiados, en muchos casos, tuvieron que ver como se les defenestraba públicamente. En el país de origen comunista, por ejemplo, publicaba la prensa el nombre de todo caso positivo y se ofrecían detalles específicos sobre sus contagios.

Esto del virus es algo que yo he vivido en carne viva, porque en marzo tuve que pasar diez días en un hospital público de Bangkok contagiado por un brote de Covid19 que, si bien parecía que iba a ser algo pasajero, me dejó exhausto y con algunas complicaciones pulmonares. Y curiosamente hoy, pocas horas antes de escribir estas líneas, me llamaron los médicos del centro de salud para ver qué tal lo llevaba.

Queríamos saber cómo estás y si podemos ayudarte en algo.
—Muchas gracias por volver a preocuparos —durante estos meses el trato del Chulalongkorn Memorial Hospital fue excelente incluso tras darme el alta—, pese a que me noto más cansado de lo normal, hago vida completamente normal.
—En realidad, no es por tu estado físico por lo que te llamamos… queríamos preguntarte por tu estado emocional.
—¿Mi estado… emocional?
—Muchas de las personas que han pasado el coronavirus en Tailandia han necesitado asistencia psicológica, algunos fueron despedidos de sus trabajos y otros perdieron a sus amigos, hay un estigma muy grande contra vosotros. Sobre todo si sois extranjeros.

Por fortuna, yo solo sufrí dichos percances al finalizar mi estancia en el hospital, y fue únicamente por culpa de unos indeseables en mi vecindario. Pero lo que me comentan desde el hospital es una realidad en la que buena parte de culpa la tiene el Gobierno de corte militar que lidera el país. Y es que se consideró al Covid19 como algo que traían los extranjeros y sobre todo los occidentales, mientras que los ciudadanos tailandeses eran víctimas.

«Solo para tailandeses», una nueva norma en templos y parques

Foto cedida por Richard Barrow, tomada cuando trató de entrar en el templo Wat Pho y le resultó imposible.

Era viernes cuando me ingresaron por Covid19 en el hospital Chulalongkorn. Y recuerdo que el día antes un amigo mío me había comentado que un nuevo odio hacia los extranjeros era ya latente. Él trató de reservar habitación de hotel en dos complejos tailandeses y le dijeron que los europeos no podían quedarse allí. El virus era cosa de occidentales.

Entré en la habitación del Chulalongkorn Memorial y hablé con la médico por teléfono, ya que todas las comunicaciones eran telemáticas. Me dijo la doctora que no iba a estar solo, que otro paciente compartiría la habitación conmigo por falta de recursos. Encendí la televisión y en ella solo se hablaba del coronavirus. Y muy a menudo salían imágenes de España y de Pedro Sánchez hablando en los medios.

Se abrió la puerta y entró mi compañero de habitación. Era un hombre tailandés de mediana edad, que nada más entrar me miró con gesto asustado. Aun así, trató de mantener la compostura y en seguida me presenté hablando en tailandés.

—¿Vives aquí? —me dijo mientras se le arreglaba la mirada y respiraba aliviado.

Pronto empezamos a llevarnos bien, y no tardó en decirme que tenía miedo de los occidentales. Porque ese nuevo racismo asiático es simplemente un miedo hacia algo desconocido. En Tailandia, no obstante, parte de la culpa la tenía el Gobierno. El propio ministro de Sanidad culpó a los europeos de llevar el virus a su país. Como si la culpa la tuviera una nacionalidad y no una partícula genética.

El coronavirus: excusa para el racismo en Asia

cola Tailandia comida
Una cola de afectados por la crisis para recibir donaciones de alimentos.

El primero en Tailandia -y en buena parte de Asia- que aprovechó la pandemia para expresar su racismo más recalcitrante fue, como hemos dicho, el propio ministro de Sanidad. Un magnate que logró ascender en política haciendo uso de la manipulación de su propio electorado y tirando de promesas falsas. «Si no os gusta, a la próxima no me votéis», dijo hace un año a quienes dijeron arrepentirse de haber apostado por él en las urnas.

No es el único que da un ejemplo nacionalista hacia su pueblo, el problema es que con el coronavirus se generó en Tailandia una situación que, según expertos, fue similar a la de los primeros años del sida. Y a los occidentales se les culpó de traer el virus al país. Sin importar que los casos de enero o febrero fueran por los turistas chinos en Siam.

Más turbio fue el gobernador de una popular ciudad del norte, que vio con muy malos ojos que algunos extranjeros sin trabajo dedicaran sus esfuerzos a donar comida a aquellos afectados por la crisis. La policía les recriminó, por orden del mandamás de la urbe, que los de fuera no podían ofrecer alimentos gratis a los ciudadanos locales por eso de mostrar desventaja. Era una estupidez, la verdad, ya que la historia no iba de nacionalidades, sino de necesidades.

Ropa oportunista en un centro comercial de Bangkok.

En este acoso y derribo contra los extranjeros, sobre todo cuando se dijo que el Covid había muerto en Tailandia al no haber nuevos contagios, empezaron algunos de los lugares más emblemáticos de Tailandia a decir que solo los tailandeses podían acceder. Algunos parques nacionales pusieron el veto a los de fuera.

Más flagrante fue que el templo Wat Pho en Bangkok, donde se aloja el popular buda tumbado, prohibiera el acceso a quienes no fueran siameses. Incluso tras salir en las noticias por no dejar entrar a los extranjeros no supieron explicar el por qué. Y es que dio igual que fueran allí residentes foráneos que llevaban todo el año en el país. El asunto era no dejar entrar a los que no fueran nacionales. Ni siquiera dijeron que era por miedo al contagio por Covid19.

El ejemplo de la calle fuera de las salidas de tono de algunos cafres

selfie animales
Autofotos en la zona con animales de un templo en el centro de Bangkok.

«Entonces, ¿no te has sentido discriminado por ser extranjero y haberte contagiado? ¿No has tenido conflictos estos meses al ser occidental?«. Puedo decir contento que ante dichas preguntas, que hoy mismo me formularon los médicos del hospital, pude contestar que la respuesta de la gente de mi alrededor ha sido la mejor.

Es cierto que desde los gobiernos se están mostrando actitudes racistas en todo el mundo y que en Tailandia la cuestión es casi personal, pero puedo decir contento que cuando digo en público que estuve ingresado con Covid19 en Bangkok nadie me mira mal. «Entonces, eres uno de los 3.000 casos», suelen comentarme. Y suele bastar con contar algunos detalles del paso por el hospital.

Ahora mismo, en Tailandia preocupa más la crisis. Y es también en este momento cuando lo que importa es quedarse con la solidaridad de muchos frente a esta pandemia. El miedo y el racismo siguen ahí para muchos, no solo en Tailandia: me dicen mis colegas en Barcelona y Madrid que hay gente en otras provincias que los señala como posibles apestados.

La realidad, por suerte, tiene muchos otros matices, y no olvidemos que los cafres suelen tener más minutos en pantalla. Un tipo muestra su odio a los de fuera y sale retratado en las redes sociales. Y si un político exhibe actitudes racistas en la tele sale a bombo y platillo. Por suerte, yo creo que la mayoría de la población no es así y espero que en mi querida Asia todo vuelva a la normalidad. A la buena y de verdad.

A contrapelo, por Luis Garrido-Julve
A contrapelo, por Luis Garrido-Julve
1 comentario
  1. Jaime67 dice

    Hola Luis!
    En Barcelona Ciudad que es donde yo vivo, hoy he paseado por todo el puro centro, como es Ramblas, de arriba a abajo y no hay ni el 5% del personal que transita por esa rambla.
    Por la milla de oro, que es Puerta Ferrisa o Paseo de Gracia, e igual de 1 a 5%, vamos casi vacia.
    He visto una cola de personas, que me han comentado que al menos llevaban mas de dos horas y media, frente al Registro Civil de Barcelona, Plaza Medinaceli, frente al Moll de la Fusta, para tramites por ejemplo solicitar un certificado de nacimiento.
    El pasado lunes, acompa;e aun amigo aun tramite a la central de la Seguridad Social de la calle Sant Antoni Maria Claret, y no se atiende a nadie, sin cita previa y no hay cita previa por internet, hasta nuevo aviso.
    Eso pasa en el SEPE y en las Comisarias para temas de extranjeria. Todo tema publico colapsado.
    Y para colmo hay rebrotes y mascarilla obligatoria con la calda de cae estos dias, aunque yo me la pongo cuando veo aglomeraciones de personas y no puedo mantener esos 2 metros de distancia, supermercados, etc, etc, ojo son 100 euros de multa por no llevar mascarilla.
    Asi que la gente esta un poquito acojonada, no haya un rebrote como el de Marzo pasado. En esas fechas a partir del 10 de Marzo, eso si que era TRISTEZA no habia nadie por la calle, ahora pese a todo es diferente, los bares todos tienen mas o menos clientes.
    Tambien fui a la playa con mi nieta hace unos cuatro dias para que vea el mar y ba;arla, ya que ha cumplido dos a;os el dia 15 de julio pasado, y se mantenian las distancias de dos metros sin problemas, ahora a tener en cuenta, no era ni sabado ni domingo.
    Espero que tu estes perfectamente de salud, eso espero y te deseo.
    Un saludo.

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