-La forma correcta de denominar nuestra relación sería diciendo que es nómada.

-¡¿Relación nómada?! No sé si la Real Academia de la Lengua aceptaría esta expresión.

-De todos modos, ¿qué otro adjetivo podríamos darle? ¿Acaso no nos hemos reunido siempre en distintos lugares?.

-Y nunca en nuestra tierra.

-¡La Tierra es nuestra!.

-Exactamente esto es lo que hice constar cuando renové el pasaporte en Kuala Lumpur. ¿Dirección permanente?: la Tierra. A pesar de que, lógicamente, no me lo aceptaron, el funcionario de la embajada española tenía sentido del humor y se excusó diciendo que me faltaba el código postal.

-¿Recuerdas, Nando, si la Tierra tenía código postal en la novela Guía del Autoestopista Galáctico?.

-¡Ja, creo que no!.

-Pero volviendo a lo de que nuestra relación es nómada, me gustaría comprobar cómo anda tu desmadrada memoria. ¿Podrías decirme en qué año nos conocimos?.

-2015.

-¿Estación?.

-Verano.

-¿Población y país?

-Kanchanaburi. Tailandia.

-¿Y el siguiente encuentro?.

-Un año más tarde en la misma población y en la misma pensión. Pero basta ya de achuchar a mis neuronas, Toni: ahora te toca a ti. ¿Dónde y cuándo nos vimos por tercera vez?.

-Chiang Mai, norte de Tailandia. Primavera del 2017.

-Ahí entró Songkran en la comedia de nuestras vidas. Ese divertido gato tuyo fue el responsable de que volviésemos a reunirnos tres meses más tarde en cierta isla malaya. ¿Y el quinto encuentro?.

-En Kashi, el barrio varias veces milenario de Varanasi, ciudad india más conocida en Occidente por Benarés. ¿Fue en otoño del mismo año 2017?.

-Exacto, y pasamos todo un mes allí.

-Para recordar todas esas correrías tengo que ordenarlas en mi mente como si las metiese en un archivo.

-¡Y con razón, pues no paramos quietos! Hay ocasiones en que despierto de noche y, si permanezco a oscuras, no sé dónde estoy.

-¡Caray! ¿Y no te preocupa?.

-¡Oh, no, al contrario, pues me parece excitante y divertido, y me provoca una agradable sensación de libertad!.

-¡Ja, estás como una cabra!.

-Buena comparación: soy libre como una cabra.

-Sigamos. ¿Dónde y cuándo se cruzaron nuestros caminos por sexta vez?.

-De nuevo en la India. Fue en Matura, a finales de otoño del año 2018. –

-Desde allí fuimos en tren hasta Ujain.

-Y después a Bundi. Qué bonita era la -haveli en que nos hospedamos, ¿verdad?

-Sí, era un antiguo palacete que rezumaba historia por todos lados, como el resto de la ciudad. Completamos aquel viaje yendo a Pushkar y Jodhpur.

-Y entonces, ya, la bomba, boom, cuando estuvimos en Kenia a finales de invierno del año pasado y nos tomaron esta foto a orillas del Lago Nakuru.

-Primero recorrimos varios parques nacionales.

-Y después descansamos cerca de Mombasa, en una playa llamada Diani.

-Muchas veces los viajes organizados con tiempo de adelanto y según unas fechas fijadas por las circunstancias, como sucede, pongamos por caso, con las vacaciones laborales, no tienen la conexión cósmica de los que son simplemente improvisados. Y, ya sea debido al tiempo atmosférico o a la presencia de muchos turistas, es raro que rocen la perfección. Pero éste no fue el caso de nuestro safari keniata.

-Exacto, pues a pesar de haberlo planeado con varios meses de antelación pudimos hacerlo casi siempre a solas y justo antes de que empezase la estación de las lluvias.

-¡Hostia, olvidábamos nuestro periplo vietnamita y todas las maravillass que vimos en Hanoi, Hue y Hoi An!.

-¿No crees que la mayoría de gente debe sentir en su interior los mismos deseos de ver mundo que los nómadas como nosotros?.

-Sí, claro. Picasso decía que todos los seres humanos llevábamos dentro un genio al que sería bueno alentar en vez de reprimirlo; y yo pienso que, asimismo, la mayoría de los humanos somos unos exploradores natos y querríamos meter las narices en los confines del mundo.

-Pero casi todo el mundo mantiene a ese Marco Polo personal encerrado en el armario porque les atemoriza apartarse de las faldas de su madre o, lo que es lo mismo, de la seguridad que hallan tras la puerta cerrada de su casita.

-O sea la jaula dorada en que se han atrincherado.

-Cada cual con su locura.

-De todos modos, en la vida es esencial escoger un menú de tu gusto.

-¡El menú de la vida! Me gusta esta expresión y, con tu permiso, voy a usarla.

-Claro. Y es importante. Porque si alguien elige uno que no sea el adecuado para su organismo y, pongamos por caso, trata de imitar a los grandes aventureros sin estar realmente preparado para hacerlo, difícilmente sobrevivirá.

-En la década de los noventa conocí en la India a un joven belga que, según me explicó, había venido a esa parte del mundo en busca de aventuras y planeaba visitar Cachemira. Le advertí que ir a ese lugar sería realmente peligroso porque había estallado una auténtica guerra civil, pero él se rio de mis aprensiones. Unas semanas más tarde apareció su foto en las portadas de la prensa: un grupo de guerrilleros islámicos lo había secuestrado y amenazaban con decapitarlo a menos que la policía liberase a uno de sus líderes que se hallaba entre rejas. Recuerdo el caso porque, tras unas negociaciones infructuosas con el gobierno indio, al fin lo ejecutaron. Supongo que moriría satisfecho de haber vivido una auténtica aventura.

-Como decíamos antes, todos deseamos tener aventuras, pero quien no haya nacido para ello morirá en el intento, ya sea debido a los accidentes, a las enfermedades o a los malhechores.

-En una ocasión, al dirigirme desde Egipto a Sudán, crucé el Lago Nasser en un barco abarrotado de pasajeros. Un barco que en el siguiente trayecto se incendió y hundió, y cuantos viajaban en él fueron devorados por los cocodrilos.

-Los occidentales no sospechan que el simple hecho de tomar un autobús en esos países como La India, el Nepal, Perú o Sudán sea ya toda una aventura en la que puede suceder muchas cosa, desde caer por un precipicio de trescientos metros de profundidad, a chocar de frente con otro vehículo que esté adelantando en una curva ciega.

-O que unos terroristas detengan el autobús y ametrallen a los pasajeros antes de prenderle fuego, como estuvo a punto de sucederle a un paisano mío que en Afganistán, por unos minutos, perdió un autobús en el que, durante el trayecto, asesinaron y abrasaron a todos los pasajeros.

-O que una avalancha de tierra se lleve por delante varios kilómetros de carretera con todos los vehículos que circulen por ella y resulte imposible saber el número de muertos y desaparecidos.

-¿Te quedarías en casa y dejarías de viajar si una vidente te advirtiese que ibas a morir debido a una enfermedad tropical o en uno de esos accidentes?.

-Buena pregunta. Te la responderé aproximadamente con las mismas palabras de Julio Cesar cuando dijo que quien se rindiese para sobrevivir moriría muchas veces en una sola vida. Hay gente que frena y la hay que acelera; y, debido a que yo soy de los segundos, escogería por adelantado morir joven, y por supuesto viajando, antes que hacerlo de viejo en un puto hospital, estando conectado a docenas de tubos y siendo incapaz de limpiarme el culo.

-Unos frenan tratando de sobrevivir y otros aceleran para vivir realmente.

-Y la pregunta personal correcta que cada uno debería hacerse es: ¿vivo, o solamente sobrevivo?.

-Creo que, cuando fallecemos, nuestras almas nos examinan para comprobar si hemos aprobado el curso.

-¿Curso? ¿Qué curso?.

-El de la vida. Y si, por ejemplo, alguien ha sido un científico genial, pero no ha estudiado otras asignaturas, como las del amor, las penas, las aventuras o los viajes, su alma le cateará y en su siguiente reencarnación tendrá que repetir curso.

-¿Crees en las reencarnaciones, Nando?.

-Sí, pero no me hace ninguna gracia pasar una y otra vez, y vida tras vida, por las mismas gilipolladas. Te juro que con una sola vida tendría más que suficiente.

-¿Nos reencarnamos muchas veces?.

-Según afirman los hindúes, nos reencarnamos miles de veces hasta que aprobamos el último curso.

-¿Y alcanzamos el Nirvana?.

-Eso dicen.

-¿Eres hindú?.

-No. Yo creo en Dios, pero no en las religiones que se han inventado los hombres, aunque todas tienen sus buenas cosas.

-¿En qué dios crees?.

-Creo en un dios que no tiene nombre, forma o dogmas. Es un dios tolerante y bromista que siempre insiste en que tengo el derecho y la obligación de escoger por mí mismo.

-¿Existe algún templo dedicado a ese insólito dios?.

-Sí, claro.

-¿Y dónde se halla?.

-Escondido en mi pecho.

-Umm, tanto palique filosófico me ha dado sed. ¿Qué te parecería si regresásemos a la cabaña y nos tomásemos unas cervezas?.

-Buena idea. Y podríamos compaginar tan agradable tarea con unas partidas de backgammon.

-¡Vámonos, que nos vamos!.

-¡Qué dura es la vida!.

-Sí. ¡Ja!.

RELATO DIVERGENTE, de Nando Baba
RELATO DIVERGENTE*, de Nando Baba

*Relato divergente es una sección de relatos ficticios en los que Nando Baba escribe inspirado por nuestras fotografías de viaje.

Show CommentsClose Comments

Leave a comment

Send this to a friend