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El tipo se llama Rodrigues y parece de poco fiar. Por lo menos eso se intuye cuando enseña su sonrisa maliciosa, desde donde asoman muy pocos dientes. O quizás sea que los de su oficio suelen ser unos buscavidas de muy mala fama allá donde trabaja este filipino desarrapado, que se gana la vida llevando en su triciclo al que le pague un puñado de pesos en la cara norte de la isla de Mindoro.

Cuando le digo que soy español, el conductor hace la broma habitual. «¿Cómo está señorito? Tenedor, guapito», ríe el buen Rodrigues usando algunas de las palabras que en su idioma son igual que en castellano. Luego saca pecho diciendo que sabe mucho del país donde nací.

«Seguro que desconoces que Filipinas fue una colonia española, ¿verdad?», comenta antes de decir que «por eso muchos filipinos comen lechón y callos, o la religión católica es tan importante». No puedo negarlo, siempre me ha sorprendido mucho la gran cantidad de personas en la ex colonia que piensan que en España desconocemos su historia. Como si hubieran sido insignificantes. Hasta ese punto llega la humildad del pueblo filipino, que considera que su país es tan poquita cosa a nivel global como numerosas son sus islas.

Triciclo Filipinas
Los triciclos son los taxis por excelencia en buena parte de Filipinas.

Y sin embargo, el pueblo filipino suele causarme tanta simpatía como es también capaz de apesadumbrarme. Porque es muy fácil que una familia te regale una sonrisa y te ofrezca cobijo en cualquier barrio de mala muerte, como común puede ser también que te encuentres a un tipo muerto en mitad de una avenida concurrida y los transeúntes lo esquiven como si fuera la cagada de un perro. A veces, la vida vale muy poco.

Es por eso que no me extraña que el conductor Rodrigues bromee acerca del asunto de palmarla. «Mañana hay un tifón y me han dicho que me vaya al refugio, pero ni por asomo; se gana mucho dinero con el triciclo en las tormentas, aunque si te cae un trozo de techo igual te envía al otro barrio».

Hay que reconocerle al osado conductor que, para él, lo de vivir entre tifones y vientos huracanados es como el arroz de cada día. A los europeos todo eso les puede sonar a desastres hollywoodienses, pero Filipinas es uno de los países que más ciclones sufren en el mundo. Y sin duda el país pobre más asolado por ellos.

Aislado por el enésimo tifón filipino

evacuación huracán
Cartel indicativo para llegar al centro de evacuación de Puerto Galera, en Mindoro, durante el paso del tifón Tisoy esta semana.

No esperaba esta semana verme atrapado en una ciudad asiática debido a un ciclón tropical, aunque no era mi primera vez. Hace un año fui a Hong Kong para vivir el paso del súper tifón Mangkhut, el más grande jamás registrado en dicha isla desde que existe la tecnología para ello. Pero si uno pasa mucho tiempo en Filipinas es fácil toparse con alguno de estos gigantes ventiscosos.

Lo que no es normal es que esto ocurra en diciembre. Cuando voy a comprar algo de comida y agua para resistir el paso del tifón entre paredes, me parece curioso -y positivo- que en las tiendas de conveniencia no puedan dar bolsas de plástico. El gesto siempre es bueno, pero el cambio climático ya está aquí. ¿O cómo es posible que en Filipinas ya empiecen a padecer tifones en invierno?

Las gentes del archipiélago viven la llegada de sus huracanes con relativa tranquilidad, incluso teniendo en cuenta que los ciclones han dejado un reguero de víctimas notable. Solo por mencionar uno de los peores desastres recientes, en 2013 el tifón Haiyan segó 6.500 vidas en un único día. No es asunto para tomarse a guasa, pero la entereza con que los isleños se toman el asunto es elogiable.

Incluso en mitad de un tifón es común ver a los filipinos salir en moto.

Se esperaba que el tifón Tisoy entrase de lleno entre el norte de la isla Mindoro y el sur de Luzón el martes de esta semana, por lo que el día antes traté de coger un ferry que me llevara de regreso a la isla para poder viajar por carretera a Manila, donde tenía un compromiso importante. El buen Rodrigues lo sabía, así que a las siete de la mañana ya estaba esperándome en la puerta de mi hotel. Desconocía cuanto tiempo podría llevar ahí, o si incluso había dormido allá mismo dentro de su triciclo.

Desgraciadamente, el espacio marítimo ya había sido cerrado en todas las islas por orden del Gobierno. «Si quieres volver a Manila, yo te echo un cable, tengo un amigo», fueron las palabras del ya por entonces mi conductor favorito en Filipinas.

Por supuesto, la opción de Rodrigues además de peligrosa era ilegal. Su amigo y él se ofrecían a cruzar el mar de isla a isla en una barcaza a motor de una estabilidad muy cuestionable. «El mar aún está tranquilo, no pasará nada», comentaban con una sonrisa. ¿El precio? Unos 50 euros si iba yo solo. Porque en este país puede merecer la pena jugarse el pellejo por un billete europeo naranja. Yo opté por cancelar mi compromiso y asumir que perdería el vuelo a Bangkok que tenía pendiente, y decidí quedarme a ver el paso del tifón desde la costa de Mindoro.

Preparados para recibir tifones… hasta cierto punto

Aquellos que trabajan en mitad del tifón suelen hacerlo de buena gana, saben que salvan vidas. Los bomberos fueron siempre muy agradables.

Japón y China sufren más tifones que Filipinas, pero el caso no es el mismo. Mientras que los países más poderosos de Asia están más que preparados para la llegada de vientos huracanados, en el archipiélago que fue colonia española y luego estadounidense los daños son más que notables.

El mismo ciclón tropical que puede reventar unas cuantas marquesinas en Hong Kong y arrancar un puñado de árboles es capaz de destrozar casas y ciudades en Filipinas. Normal, muchos de los hogares son chabolas contrachapadas y con una resistencia peor que la del más vago de los hermanos en la fábula de los tres cerditos.

Aun así, el archipiélago ha conseguido acostumbrase -de aquella manera- a los huracanes asiáticos. Más allá de que se cierre el espacio marítimo antes de tiempo y de que los vuelos sean cancelados antes de ver el alcance de los tifones, las medidas de protección son cada vez mejores. Sobre todo para salvar vidas.

En los años 2012, 2013 y 2014, Filipinas sufrió algunos de los peores tifones de su historia. Además de las miles de vidas perdidas, el país sufrió daños valorados en más de 4.000 millones de dólares. Desde entonces, se ha luchado por mejorar esta situación.

tifón Filipinas
Daños del tifón Tisoy en el norte de Mindoro, el pasado martes en mitad de los vientos huracanados.

No cabe duda que es posible que se peque de excesiva precaución, como ocurrió esta semana al cerrarse el espacio aéreo durante más tiempo del necesario. Pero, tal y como explican las autoridades filipinas, «más vale recibir críticas por protegerse en exceso que tener que lamentarse«.

El reto más importante es proteger a la población. El pasado año, durante el mortífero tifón Mangkhut, se evacuó a 105.000 personas en la trayectoria del ciclón. Aun así, murió más de un centenar de personas y se destruyeron ciudades secundarias. No son buenas cifras, pero sin duda resultan mejores que años atrás.

Dichos números pueden parecer indicar que la situación irá a mejor con mayores medidas preventivas. Pero no será así. Porque Filipinas y toda Asia se enfrenta a una situación crítica con el cambio climático. Y los tifones, en lugar de disminuir, van a aumentar en número y también en poder destructivo.

Más de 20 ciclones al año y al menos un súper tifón

Unos niños juegan en una zona devastada que antes fue su casa tras el paso del tifón Haiyan, en una imagen de archivo de 2013. Foto: World Bank Philippines.

El tifón Tisoy estuvo en el norte de Mindoro algo más de una docena de horas, que es lo que suele durar el paso de un ciclón que arrasa con todo debido a sus vientos de más de 150 kilómetros por hora. Dos días después de su paso, reabrieron el espacio marítimo y Rodrigues pasó a buscarme con su triciclo para ganarse unos últimos pesos al llevarme al puerto.

«Al final no hice tanto dinero, todo el mundo se ha acostumbrado a los tifones y ya no quieren pagar el triple por la carrera en mitad de la tormenta», lamentaba mi conductor desdentado. Más de un turista tacha de ladrones a estos tipos, y sin duda muchos de ellos no son trigo limpio. Pero los occidentales en bañador no acostumbran a tener tan mal los dientes como el buen Rodrigues. Y es que a veces es fácil olvidar que somos nosotros los privilegiados, y no un pobre fulano con la ropa roída y que, por no perder la oportunidad de embolsarse tres euros, es capaz de esperar horas delante de tu hotel.

El curioso Rodrigues tiene razón en un detalle muy importante: los tifones ya no son algo extraordinario. Las aguas oceánicas cálidas favorecen la formación de estos huracanes, y el cambio climático está provocando el escenario perfecto para sufrir tifones más grandes y con un mayor poder destructivo.

Mangkhut Hong Kong
Un destrozo habitual debido a los tifones. En la imagen, una estampa de Hong Kong al día siguiente del paso de Mangkhut por la ciudad.

Uno de los científicos que con más énfasis estudian la formación de los ciclones es Xie Shang-ping, de la Universidad de California. Según él, el impacto del calentamiento global se puede medir en el aumento de tifones, huracanes y ciclones, que son tres maneras distintas de denominar al mismo fenómeno. Así se explica que en pleno diciembre aún existan poderosos tifones en el trópico asiático.

«En líneas generales, la intensidad de los ciclones tropicales va a a ir a más, tanto en velocidad de los vientos como en lluvia», afirma el científico. ¿Y eso cómo se traduce en números? Solo en Filipinas se cree que pronto se vivirá una veintena de ciclones tropicales al año, y al menos uno de ellos será un súper tifón.

Quizás el entrañable Rodrigues vea dicho desastre como una oportunidad de negocio. O quizás sea normal ver gente chateando en mitad de un tifón y que no se asusten hasta que un destrozo les caiga al lado, como pude vislumbrar en Mindoro esta semana. Yo, por mi lado, imagino que volveré a toparme con más tifones en este lado del planeta. Solo espero que el mundo esté preparado para ellos.

A contrapelo, por Luis Garrido-Julve
A contrapelo, por Luis Garrido-Julve
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1 Comentario

  • Jaime66
    Posted 8 de diciembre de 2019 at 20:57 0Likes

    Buenas noches!

    Por esto sigo y leo tus artículos. Por las explicaciones tan claras que das, por ejemplo esta de este artículo:

    «el impacto del calentamiento global se puede medir en el aumento de tifones, huracanes y ciclones, que son tres maneras distintas de denominar al mismo fenómeno».

    Enhorabuena por el artículo y un saludo.

    pd) Se lo he remitido este artículo por whatsapp, a mi vecino filipino, de Manila, para que lea tu artículo.

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