Cap. 12 – Tranquilas jornadas hasta Kalopani y Tatopani

Unos bajando y otros subiendo
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Etapa 12 y 13 Trekking circuito del Annapurna. De Jomsom a Kalopani y Tatopani

Al amanecer del día siguiente el tiempo había cambiado por completo. Al salir a la calle comprobamos que el único rastro de la tormenta que había azotado Jomsom la mayor parte de la noche eran algunos enormes charcos que entorpecían el camino en medio de la calle. Ahora el sol brillaba radiante y parecía prometer que la de ese día sería una jornada agradable y tranquila en la que disfrutar del camino. O quizá éramos excesivamente optimistas y eso queríamos pensar.

Saliendo de Jomson
Saliendo de Jomson

Así lo fue las primeras horas a pesar de que la vegetación todavía no se dejaba ver demasiado y seguía pareciendo que nos encontrábamos en algún lugar muy lejos del planeta tierra, con anchas planicies protegidas de enormes montañas, donde algún que otro autobús rompía la monotonía y circulaba por caminos sin asfalto. El viento, sin embargo, seguía sin darnos una tregua agrietando nuestras manos, cara y labios hasta doler.

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Ahi al lado del autobús estoy junto con Yam
Ahi al lado del autobús estoy junto con Yam

Andamos por carreteras y caminos de piedras y de vez en cuando Yam nos metía por algún atajo en el que nos tocaba casi escalar, pero la verdad es que esos momentos servían para romper la monotonía de andar todo el rato en llano. Además, cada vez resultaba más complicado encontrar a la gente con la que habíamos compartido las primeras jornadas del trekking. La mayoría nos habíamos dispersado siguiendo cada uno nuestro propio ritmo, y algunos deberían haber optado por llegar a Pokhara en coche o avioneta desde Jomson.

Cruzamos pueblos y vimos cambiar el paisaje varias veces, permitiéndonos disfrutar de las vistas durante todo el rato que estuvimos caminando. Las piedras dejaban paso a la vegetación y luego volvían a aparecer. De vez en cuando se dejaba ver también el río, cauce del cual seguiríamos en algunos tramos.

Uno de los pueblos que cruzamos
Uno de los pueblos que cruzamos
Uno de los impresionantes paisajes
Uno de los impresionantes paisajes
Toni haciendo marcha
Toni haciendo marcha
Junto a un río
Junto a un río
Más paisaje que te deja con la boca abierta
Más paisaje que te deja con la boca abierta

Solamente a la hora de comer, cuando paramos en Larjung, coincidimos con unas chicas alemanas y una pareja de estadounidenses con quienes compartimos las experiencias de los últimos días. Hasta entonces los únicos del lugar solíamos ser Yam, Toni y yo, y la gente que nos saludaba al pasar por sus pequeñas aldeas. Pero allí estaban aquel par de parejas con las que estuvimos charlando un rato mientras nos preparaban la comida.

El pueblo donde paramos a comer
El pueblo donde paramos a comer

El tiempo se empezó a poner feo mientras comíamos y visto que no tenía intención de parar volvimos al ataque sin esperar a que mejorara. Tan solo llovía cuando salimos del restaurante pero poco a poco fue yendo a peor y cuando nos dimos cuenta ya había empezado a nevar. No era una nieve densa, pero el frío hacía que las gotas de agua se congelasen a modo de aguanieve.

Treinta y dos kilómetros habíamos recorrido cuando 7 horas más tarde llegábamos a Kalopani y tal solo habíamos descendido unos 200 metros en total. La recompensa fue el bonito hotel de grandes habitaciones y baño con agua caliente en el que, a pesar de la pequeña recaída de nuestros problemas gastrointestinales, pudimos disfrutar. Las nubes y la lluvia que empezó a caer ya poco nos importaban; estábamos bien refugiados y en una habitación muy acogedora.

La guesthouse donde dormimos
La guesthouse donde dormimos

La mañana siguiente volvimos a salir temprano y, aunque andábamos bien de tiempo y estábamos haciendo el recorrido más o menos según lo previsto, queríamos intentar llegar un poco antes a Pokhara a ver si así teníamos un par de días de sobra para ver alguna cosilla más del país.

Qué mejor que empezar con estas vistas
Qué mejor que empezar con estas vistas

En aquella jornada se empezó a notar otra vez la bajada, pues en 7 horas descendimos 1300 metros. Mi rodilla, que hasta el momento se había comportado y había aguantado perfectamente el trekking, empezó a dolerme hasta el punto de tener que ponerme la rodillera que compré en su día en Kathmandu. Fue la primera y última vez que tuve que hacer uso de ésta. Sin embargo las verdaderas protagonistas de la jornada fueron las piedras de todos los tamaños que formaban parte del camino y que poco a poco iban machacando las plantas de nuestros pies. Aun así no impidieron que nuestra atención se desviara hacia el paisaje que ahora ya sí empezaba a cambiar verdaderamente.

Unos bajando y otros subiendo
Unos bajando y otros subiendo
Vistas del río entre montañas
Vistas del río entre montañas
Más vistas y paisajes
Más vistas y paisajes

Sin abandonar el río seguimos hasta Dana donde decidimos parar a comer y descansar durante un buen rato. Ni que decir tiene que el camino hasta la llegada a este lugar fue espectacular, con altas montañas a los lados y de vez en cuando algún que otro puente por donde pasaban, ajenos a la altura, los pobres burros de carga que ya estaban habituados a esas alturas. Ni pizca de miedo ni vértigo en ellos.

Otro tramos del río que tuvimos de compañero
Otro tramos del río que tuvimos de compañero
El camino por el que fuimos
El camino por el que fuimos
El puente por donde cruzaban los burros de carga
El puente por donde cruzaban los burros de carga
Venga que ya queda menos
Venga que ya queda menos
Yendo al lugar donde paramos a comer
Yendo al lugar donde paramos a comer

La mayor parte del camino durante la tarde fue por la carretera principal y hacia las tres de la tarde ya estábamos en Tatopani. A pesar de tener la sensación de no haber hecho demasiado mi cuerpo me decía prácticamente lo contrario, pues notaba todos y cada uno de los músculos de mis piernas a cada paso que daba.

Nuestra llegada a Tatopani
Nuestra llegada a Tatopani
El interior del pueblecito
El interior del pueblecito
¡Qué dolor de piernaaaaas!
¡Qué dolor de piernaaaaas!

Después de darnos una ducha fuimos con Yam a ver las famosas aguas termales al lado del río donde un grupo de gente se relajaba tras un día de caminata. No eran más que dos piscinas bastante artificiales separaban a hombres y mujeres. Sin embargo no nos llamó demasiado la atención y pasando de largo volvimos hasta la guesthouse donde ahora sí, después de haber conseguido sacar más dinero en un cajero, nos tomamos una cerveza que nos supo como la primera en un millón de años.

Vista de las "Hot Springs"
Vista de las «Hot Springs»

Tras la cena en una terraza en la que vimos muchas caras nuevas de gente que hacía otros trekking nos fuimos a la cama temprano. Después de varios días de descenso volvíamos a tener una jornada de subida a Gorepani, y yo pensando que ya estaba todo lo difícil hecho…

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