Cap. 03 – Arranca el trekking por los Annapurnas

Etapa 1 Trekking circuito del Annapurna. De Kathmandu a Syange

A las siete de la mañana, tal y como habíamos quedado la noche anterior con los empleados de la guesthouse donde nos alojábamos, nuestras mochilas de viaje ya estaban guardadas en un cuarto trastero donde se quedarían los próximos 20 días esperando nuestro regreso. Tan solo llevábamos lo imprescindible: en un par de mochilas pequeñas nuestras cámaras y cantimploras y en la grande el resto de ropa de abrigo. No necesitábamos nada más.

Bajé a la recepción mientras esperaba a Toni y advertí que un joven Nepalí de mirada tímida aguardaba en silencio en la entrada del hostal. El chico no debía tener más de 20 años y su complexión fuerte me hizo pensar que quizás se trataba de nuestro porteador, pero el hecho de que solamente llevase una pequeña bolsa de mano me hizo dudar. Cuando se acercó y se presentó, se disiparon mis dudas. «I’m Yam» -dijo- y con un apretón de manos sellamos simbólicamente un trato que duraría un par de semanas enteras y que significaba mucho más de lo que pensaba en aquel momento.

Cuando estuvimos a punto para salir le señalamos nuestra mochila y, aunque yo sufría de pensarlo, el chico la cogió como si estuviese llena de plumas. Con el tiempo iríamos descubriendo la extrema resistencia de Yam, que nunca dejó de sorprendernos, pero en aquel momento el mero hecho de coger aquel bulto sin apenas pestañear me impresionó. A decir verdad me tranquilizó pensar que acarrear con nuestra mochila le suponía tan poco, y cuando vi como de cargados iban algunos porteadores por los Annapurnas lo entendí perfectamente: 20 kilos era pan comido para él.

Una vez roto el hielo de los momentos iniciales y decididos ya a emprender la marcha salimos a la calle a coger un taxi. Inmediatamente Yam se puso a hablar con el taxista en nepalí y entonces reparé en otra gran ventaja que tendríamos al viajar con él, la comunicación. A partir de ese momento él se encargaría de muchas más cosas de las que nos podíamos imaginar y, además, terminaríamos aprendiendo algunas frases en su idioma.

Toni con Yam en el taxi saliendo de Kathmandu
Toni con Yam en el taxi saliendo de Kathmandu

Cuando llegamos a la estación de autobuses tan solo tuvimos que esperar unos 20 minutos para que se llenara la primera furgoneta en dirección a Besisamar. En su interior, repleto de gente y bolsas, empezamos a ver las primeras caras de quienes formarían parte de un grupo de trekkers con los que compartiríamos partes del camino a diario.

Vamos a por la minivan
Vamos a por la minivan

El paisaje del recorrido entre Katmandú y Besisamar era triste y desolador. Aquello no tenía nada de especial ni nada que ver con lo que, según describían quienes ya habían estado, nos esperaba por ver. La carretera, destartalada y a medio hacer, retrasaba la llegada, y por la ventana entraba el viento lleno de tierra, humo y polvo que nos obligaba a taparnos la boca y la nariz para no asfixiarnos.

Carretera en obras y destartalada
Carretera en obras y destartalada

Tras cuatro horas de curvas y más curvas paramos por fin a comer. En un bar de carretera probamos por primera vez en Dal baht, plato típico nepalí. El popular plato se presenta igual que el thali en India, en una bandeja con diferentes compartimientos que incluye siempre arroz hervido, sopa con lentejas (dal), verduras preparadas de varias maneras y algúna salsa picante. Básico, pero delicioso y energético. Ese fue el primero de incontables dal bahts que comimos durante el trekking.

El omnipresente dal baht
El omnipresente dal baht

Casi a las dos del mediodía y hartos de aquella furgoneta llegamos a Besisamar. Estuvimos el tiempo justo, lo que tardamos en recoger la mochila del vehículo y meterlo en otro que nos llevaría hasta Syange. Tan solo los problemas intestinales de Toni, que acababa de descubrir que no era inmune a los parásitos, nos hizo tener que esperar un poco antes de partir.

El tramo de carretera hasta Syange fue mucho peor que el anterior. A decir verdad, aquello era un camino de tierra y piedras prácticamente intransitable y de paisaje feo. No pudimos más que alegramos de haber decidido hacer aquella parte del recorrido en coche y no andando como habíamos previsto en un principio.

Camino de Syange en el 4x4
Camino de Syange en el 4×4

Estaba a punto de caer el sol cuando llegamos al albergue de Syange y, aunque ese día aún no habíamos empezado a andar, estábamos cansados de tan farragoso trayecto. Tanto coche y tanta carretera habían terminado por dejarnos ko, aunque no fuese por el dolor de piernas, ese ya lo descubriríamos el día siguiente… Ahora si que estaba a punto de empezar la aventura.

Llegando a nuestra primera guesthouse
Llegando a nuestra primera guesthouse