Cap. 09 – Fría noche en Ledar y dura llegada al High Camp

Uno de los caminos por los que fuimos entre nieve
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Etapa 8 y 9 Trekking circuito del Annapurna. De Manang al High Camp pasando por Churi Ledar

Tras los dos días de aclimatación a la altura en el concurrido pueblo de Manang llegaba el momento de seguir con el ascenso hacia Thorong La. Quedaban algo menos de 2000 metros para llegar hasta el paso de montaña al que, si todo iba según lo previsto, llegaríamos en un par de días. A partir de ese momento no podíamos dormir a más de 700 metros de altura del lugar en el que lo habríamos hecho la noche anterior, así que nuestro próximo destino era Churi Ledar, a 4200 metros.

Camino de Thorong La
Camino de Thorong La

Como cada día la jornada empezó temprano y a pesar de lo poco que íbamos a ascender en un día, la mayor parte de la subida la hicimos durante las dos primeras horas. Después del esfuerzo inicial, aquello fue algo parecido a un agradable paseo que podría haber disfrutado mucho más de no ser porque mi cuerpo seguía haciendo esfuerzos por adaptarse a la falta de oxígeno y a la más que inoportuna y fastidiosa regla. Además nuestro cuerpo había empezado a experimentar otros cambios, nuestras manos eran lo más parecido a un par de botifarras, pues se habían hinchado tanto que ya no se podía ver ni una de las venas y mi cara estaba en camino de convertirse en un globo.

Toni y Yam a la salida de Manang
Toni y Yam a la salida de Manang

Paramos en Gunsgang a tomar té, cruzamos algún que otro vertiginoso puente y tres horas más tarde estábamos en Yak Kharka. De allí a Ledar tan solo tuvimos que andar otra horita más.

Nuestro camino entre montañas nevadas
Nuestro camino entre montañas nevadas
Pasando uno de los puentes
Pasando uno de los puentes
Llegada a Yak Kharka
Llegada a Yak Kharka

Pasado el mediodía llegamos al hotel Churi Lattar, en Churi Ledar, donde una manada de perezosos Yaks nos dió la bienvenida. A pesar de no haber hecho ningún esfuerzo enorme me noté cansada, por lo que me senté en una de las mesas de la calle en la que daba el sol cerré los ojos y casi me quedé dormida. Cuando los volví a abrir tenía delante de mi un enorme plato de pasta que devoré en cuestión de minutos.

Llegada a Churi Ledar
Llegada a Churi Ledar
Toni con su amigo Yak
Toni con su amigo Yak
Nuestro hotel en Churi Ledar
Nuestro hotel en Churi Ledar

Poco a poco el sol se fue apartando y el frío, que llegó de inmediato nos obligó a refugiarnos en nuestra habitación en la primera planta. Entonces descubrí lo peor del hostal, el baño estaba en la calle, el inodoro era un agujero en el suelo y la ducha un pequeó contenedor lleno de agua tan fría que la capa de arriba se estaba empezando a congelar. Podíamos empezar a ir despidiéndonos de la idea de ducharnos ese día, a no ser que quisiéramos correr el riesgo de coger una pulmonía. Genial…

Resignada me eché en la cama a intentar hacer al siesta, pero di tantas vueltas que terminé levantándome y me fui con Toni a saludar a los Yaks. Los enormes bovinos refugiados debajo de su gran capa de lana seguían allí inmobiles y casi ajenos a nuestra presencia, pues tan solo uno hizo un ligero movimiento de cabeza cuando Toni, que se empeñó en tocarlo, consiguió su objetivo.

Y otra vez nuestros amigos los Yaks
Y otra vez nuestros amigos los Yaks

Entramos al comedor de la guesthouse en el que había una estufa de leña que atraía a los huéspedes como la luz a los mosquitos y allí, bien calentitos terminamos de pasar la tarde hasta la hora de la cena.

No tuvimos la misma suerte aquella noche pues, ni el par de mantas, ni los sacos de dormir consiguieron que alguno de los dos entrase en calor y el frío terminó calando hasta el último de nuestros huesos. No es de extrañar que la mañana siguiente mi humor fuese de perros pues al frío y al sueño se le unieron dolor de tripa y un ligero dolor de cabeza que ya no me abandonó en todo el día.

Saliendo de Churi Ledar, empieza la siguiente etapa
Saliendo de Churi Ledar, empieza la siguiente etapa

El tramo hasta Thorong Pedi, que tan solo duró un par de horas, fue más peligroso que bonito, pues anduvimos por la ladera de la montaña la mayor parte del tiempo y en algunos tramos las piedras no dejaban de despeñarse.

Uno de los caminos por los que fuimos entre nieve
Uno de los caminos por los que fuimos entre nieve
Y otro por la ladera de una de las montañas con piedras deslizándose de vez en cuando
Y otro por la ladera de una de las montañas con piedras deslizándose de vez en cuando

Hasta allí no tuvimos que hacer apenas ningún esfuerzo, pero cuando llegamos me dí cuenta de que mi cara había seguido hinchándose y estaba a mitad del proceso de transfomación; tenía los ojos tan hinchados que casi podría pasar por una nepalí… El ver mi cara reflejada en una foto que me hizo Toni y notar que el dolor de cabeza seguía hizo que empezara con paranoias. No tenía muy claro si el origen de la cefalea era la altura o la menstruación, y ver mi cara así no me ayudaba a ser racional, entonces me entraron las dudas.

La idea con la que habíamos salido ese día era llegar al menos hasta el High Camp 400 metros más arriba de los que nos encontrábamos en ese momento, al que se accedía recoriendo un camino de 1 km de distancia. En realidad podíamos dormir en cualquiera de los dos lugares, pero si conseguíamos llegar hasta el punto más alto, la subida hasta el Thorong La el día siguiente sería un poco menos dura y lo agradeceríamos. Como no lo tenía muy claro decidimos quedarnos a comer allí junto al grupo de gente que nos habíamos concentrado en el mismo restaurante. Quizás descansando una hora conseguiríamos ver las cosas con más claridad.

Entrada a Thorong Pedi
Entrada a Thorong Pedi
Todo el equipo al completo
Todo el equipo al completo
Comiendo junto a otros trekkers
Comiendo junto a otros trekkers

Con el estómago lleno parece que me relajé un poco, aunque mis dudas no se habían disipado completamente. El hecho de que Yam me comentara que el leve dolor de cabeza era normal y comprobar que yo no era la única que lo sufría sí que me serenó un poco, así que decidimos reemprender la marcha. Habíamos decidido que al menos lo íbamos a intentar, y si veía que no podía seguir volveríamos a Thorong Pedi a dormir.

Como ya había hecho en varias ocasiones durante aquellos días respiré hondo y me repetí a mí misma que lo iba a conseguir. Si había llegado hasta allí, 1 kilómetro no me iba a echar atrás. Me dí cuenta de que Toni y Yam me estaban mirando y empecé a andar.

Comienza la subida al High Camp
Comienza la subida al High Camp

Empezamos a un ritmo suave que mantuvimos durante el primer medio kilómetro, subíamos cortos tramos y parábamos a descansar. El segundo tramo se hizo mucho más pesado y la frecuencia de los descansos aumentó, confirmando mi teoría de que Yam tenía más paciencia que un santo, pues ante mis caras de cansancio y resoplidos lo único que hacía el pobre era darme la mano para ayudarme y sonreir.

Mi estado de ánimo durante la hora y media que tardamos en llegar arriba oscilaba tanto que pasaba de la euforia a la depresión más absoluta en cuestión de segundos. Los últimos metros los recuerdo como si los hubiese hecho a cámara lenta. Solo cuando vi a lo lejos el campamento un repentino subidón de energía hizo que concentrase la poca energía que me quedaba en las piernas y subí sin apenas pestañear.

¡Ya veo el campamento!
¡Ya veo el campamento!
Fotoq ue nos hizo Toni en la subida
Foto que nos hizo Toni en la subida, con las espectaculares montañas de fondo

Cuando me di cuenta ya estaba arriba, lo había conseguido ¡¡Sí!!¡¡¡Uaaauu!!! ¡¡¡Otra victoria!!! No lo podía creer, había alcanzado el campamento. Tras las dudas, las paranoias, el cansancio y el esfuerzo una mezcla de emoción y agotamiento se apoderó de mí y al final lo único que supe hacer al entrar a la habitación fue echarme a llorar como una niña. Había superado otro reto y lo que es mejor, a mis paranoias. Y allí estaba.

¡¡Prueba superada!!
¡¡Prueba superada!!

Pasados unos cuantos minutos salí a la puerta de la habitación y empecé a ser consciente de donde me encontraba. Hasta donde alcanzaba mi vista tan solo podía ver nieve, una capa blanca infinita que tan solo era interrumpida por varios bloques de habitaciones de madera que conformaban el campamento, situado en medio de aquel solitario lugar a 4850 metros sobre el nivel del mar. En otro de los bloques se encontraba el salón comedor en el que me senté a escribir mientras esperaba a que Toni y Yam volviesen. Habían decidido subir un poquito más alto, tan solo 100 metros más para que Toni se pusiera a prueba, y no tardaron mucho en volver.

Vistas del High Camp
Vistas del High Camp
Yam y Toni en lo alto de la pequeña montaña
Yam y Toni en lo alto de la pequeña montaña

Una sopa de ajo para combatir el dolor de cabeza y un enorme plato de arroz para saciar nuestros hambrientos cuerpos fueron nuestra cena. En aquel comedor, unas veinte personas más esperaban para subir también el día siguiente hasta el punto más alto, el Thorong La, y se notaba el nerviosismo en el ambiente pues la meta estaba cerca. Pero a mí lo que más me preocupaba en ese momento era el frío que sabía que iba a pasar, pues para llegar a una hora decente teníamos que empezar a caminar a las 04:30 de la madrugada y a esas alturas y sin los rayos del sol sabía que podía ser demasiado para mí…

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