La crónica cósmica. Ese tio la palmó por ser un gilipollas

TITULARES – ¡Ella, la más bella, era inocente! Los especialistas del Servicio Forestal del Parque Nacional de Chitwán comprobaron, primero, que la tigresa que alimentaba a tres cachorros no era la responsable de la reciente muerte de tres hombres a las afueras de Sauraha, y segundo, que los responsables habían sido dos machos.

Descubrieron que uno de ellos estaba muy débil y, al ser incapaz de cazar animales salvajes, había acabado en dos días consecutivos con la vida de dos de los hombres en los lindes del parque; pero en cada ocasión se había quedado con el estómago vacío debido a la llegada de otra gente. Tras localizarlo, los guardas lo sedaron y “arrestaron”, y ahora se halla en cuidados intensivos: carne de búfalo, vacunas y una buena cama. Curiosamente, en vez de mantenerlo entre rejas, piensan liberarlo en cuanto mejore su estado sin tener en cuenta la posibilidad de que pueda haberse convertido en un “comedor de hombres” (“men-eater”: mi buen amigo californiano me ha advertido que no es correcto escribir “meneater”; me ha explicado asimismo que con este adjetivo también se puede definir a una mujer dominante que tenga muchas parejas).

Al tigre responsable de la tercera muerte ni tan siquiera lo acusaron porque consideraron que el culpable del incidente había sido el hombre, quien, aparte de adentrarse ilegalmente en el parque, se metió en el territorio de ese lindo gatito, que acabó con él pegándole un par de zarpazos y ni siquiera trató de comérselo. En fin, que ese tío la palmó por ser un gilipollas.

Antes de cruzar la calle de una población, si no queréis correr el riesgo de ser atropellados, miráis a derecha e izquierda; y yo, cuando me despido del Señor Tolstoi y regreso hacia mi cabaña de noche, miro a derecha e izquierda para comprobar que no haya algún animal peligroso por los alrededores.

2 NIÑAS Y 2 HISTORIAS. No pertenecían a la misma etnia (una tenía rasgos mongoles y la otra provenía de una familia brahmán), pero ambas habían cumplido siete años recientemente y enseguida se convirtieron en buenas amigas. Sin embargo, sus cortas vidas no habían tenido el menor parecido. Una de ellas, de nombre Rítica (la sobrina de Shankar a la que yo vi dar sus primeros tambaleantes pasos y siempre la he llamado Pichurrina), había crecido acunada por su amorosa, aunque estricta, madre; además de sus cuatro tías y sus tres primas, que formaban un cálido clan matriarcal en el que reinaba la armonía y, por lo general, se desconocían los castigos físicos.

Por el contrario, la otra niña, Uma, sufrió tres desgracias que la hundieron en la miseria. Primero, un accidente de tráfico que la dejó huérfana de padre. ¡Boom! Después, su “devota” madre salió corriendo tras un amante y la abandonó. ¡Boom! Completando esos males, quien se hizo cargo de ella fue su tío, un joven al que su esposa acababa de darle el primer hijo, y usó a la pobre niñita de sirvienta (¿esclava?). ¡Boom! Peor imposible, ¿verdad? Decía el cura de mi parroquia que el Señor aprieta, pero no ahoga (¡mentira!). Yo creo en el karma hindú, y me alegré al ver que el buen karma de la niña, como si ya hubiese tocado fondo, se encargaba de mejorar su situación.

El cambio empezó cuando su tío consiguió un empleo que incluía una vivienda situada junto a la casa de Shankar; quien, recordaréis, la pasada primavera adoptó un becerro que no pertenecía a nadie y tenía una infección muy fea en una pata. Este vecino de gran corazón se horrorizó al ver que el tío de Uma la obligaba a hacer la colada y, además, la premiaba con algún que otro cachete por no hacerlo bien. No sé qué conversación mantuvieron los dos hombres, pero desde entonces Uma se pasa el día en casa de Shankar jugando con Rítica y su hermano, comiendo además con el resto de su numerosa familia. Conozco bien a mi amigo, y también sé cómo funcionan las cosas en el Nepal, por eso pienso que Uma terminará siendo adoptada (sin burocracia de por medio) con el beneplácito del tío. Seguiremos informando.

EN EL JARDIN. Ayer tuve la ocurrencia de contar los árboles que hay en los terrenos de mi pensión y me quedé asombrado al sumar más de cincuenta, de los cuales una treintena son muy altos, superando incluso los quince metros. Hice estas cuentas mientras observaba a un podador profesional que trepaba por un grueso y liso tronco, usando para avanzar una pequeña hoz que iba clavando palmo a palmo. Aparté la vista para no ser testigo de la hostia que, estaba seguro, se iba a pegar. Pero ya dije antes que él era un profesional, y alcanzó la copa sin sufrir ningún accidente. ¿Cómo se las arreglaría para bajar?

Yo almuerzo en el jardín, sentado bajo el tamarindo que también cubre mi cabaña, y lo hago sin dejar de tararear alguna tonada (que, de no tener la boca llena, sería una canción) acompañado por el canto de docenas de pájaros (sobre todo los “charlatanes” mina, ibis y cálao (hornbill)). Al bello colorido de las flores (el otoño de Chitwán es parecido a una primavera: “lluvia” de jazmín, mariposas), se le ha unido armoniosamente el color del barro con el que, igual que las cabañas de la pensión, Ranjana ha rebozado el muro de cemento de la calle: es el color tradicional de las aldeas Tharu, etnia que construye sus casas con caña y adobe.

Hace un par de días, y después de leer en “Conmochila” el artículo de María Marcos titulado “El mito del reciclaje se esconde en Asia: el caso de Malasia”, pensé que mi comportamiento al respecto se podría considerar de ejemplar porque, aparte de no consumir “porquerías”, léase chips, galletas, caramelos o chocolate (no recuerdo la última vez en que me zampé algo tan cotidiano para vosotros como lo será un cruasán o un bombón), me alimento con productos frescos que no han sido empaquetados (arroz de los arrozales familiares, verduras del huerto (algunas de ellas insólitas), pececitos de la alberca y setas, muchas setas distintas que, sobre todo durante los monzones, brotan alrededor de los arrozales y Ranjana ha incluido en el cotidiano “dal bhat”. En cuanto al agua, sigo bebiendo la que saco del subsuelo con una bomba manual.

Ya que he tocado el tema alimenticio, mencionaré que, a pesar de los años que he vivido en la India y el Nepal, sigue sorprendiéndome el curioso ruidito que hace la gente de esos países al masticar con la boca abierta; que quizás me pase desapercibido si estoy entre varios comensales, pero que desentona mucho si se trata de una sola persona que mastica algo en una reunión social.

EL DICCIONARIO NEPALÉS

¡Ei!: “¡Oi!”, pronunciado con tono grave; también lo escuché en Vietnam.

¡Eh!: “¡Oh!”; si llamo a Shankar de lejos, diré, “¡Shankar! ¡Oh, Shankar!” (alargando la oooh).

De acuerdo, vale, adelante: “La, la” (alargando la primera a, laaa).

“¡Ah, ah, ah!”: Se usa para avisar a las gallinas y los patos que la comida está servida, organizándose cómicas carreras en plan “maricón el último”.

MIRA LO QUE PIENSO

  • Cuando las emociones te aconsejan pegar, gritar, insultar, criticar o juzgar, es el momento de usar el intelecto y reflexionar.
  • “Los entendidos” han descubierto la existencia de una neurona que nos impide ocasionar dolor o molestias a los demás (obviamente no tiene la misma efectividad en todo el mundo), y es distinta de la que evita que te dañes personalmente.
  • Actualmente controlo mis sueños nocturnos como lo ha hecho siempre el Señor Tolstoi.
  • Recuerdo que, cuando iban a celebrarse las primeras elecciones democráticas tras la muerte del dictador Franco, el pueblo en que entonces yo vivía, Bellaterra, se llenó con docenas de pintadas a favor del partido fascista Fuerza Nueva. Sorprendentemente, o no, al hacerse el recuento de votos se comprobó que ese partido solamente había obtenido dos: ¿era un porcentaje de la población parecido al que el 18 de julio 1936 empezó la sangrienta guerra civil que causó la muerte de cientos de miles de personas (de las que una tercera parte eran civiles que fueron fusilados) y llevó al país a la ruina? ¿Son los mismos que ahora vociferan amenazadoramente “¡Viva España”?
  • Es increíble que alguien haya ganado veintiocho campeonatos mundiales de trial (catorce de ellos “indoor”) como Toni Bou: felicidades, y no pares.
  • El padre que tuvieron mis hermanos se parecía poco al que conocí yo, el pequeño, pues a mí no me puso jamás la mano encima (¿porque corría demasiado? ¡Ja!), mientras que al tercero de ellos incluso le pegó algún puñetazo. Mi hermano me lo contó confesando que se lo había merecido.
  • Narmada, la esposa de Shankar, que es una renombrada chamana, me dijo que yo todavía viviría veintitrés años más, y exclamé: “¡No jodas!”.
  • Estos días los hindúes celebran Dashera (Dussehra o Dashain), la festividad dedicada a la Diosa Durga en la que todo el mundo regresa a su hogar para pasarla en familia y se sacrifican miles de cabras, que actualmente incluso se venden online.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba
Nando Baba
Escritor y viajero. No te pierdas las crónicas cósmicas de Nando Baba.