La crónica cósmica. La imbecilidad de comerse el coco

La crónica cósmica. La imbecilidad de comerse el coco
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SÉ FELIZ. La sencilla recomendación del “Don’t worry, be happy” dio de lleno en la descontrolada mente de los seres humanos porque, entre otras debilidades, tiene el vicio de olvidar las bondades que nos aporta la vida y hace la imbecilidad de comerse innecesariamente el coco en plan “podría ser mejor”, en vez de optar por el sabio punto de vista de que podría ser peor, mucho peor.

Ya lo dije en otra ocasión: tenemos una mente permanentemente demente, que padece una ansiedad crónica y, aparte de dar por sentado e infravalorar lo bueno que tiene, se amarga pensando en lo que todavía no ha conseguido.

De forma parecida, cuando residimos una larga temporada en un mismo paraíso tendemos a olvidar lo maravilloso que es. En esos casos llevo a cabo diariamente la ceremonia de tomar consciencia de ello y, pongamos por caso, levantaré la mirada hacia los preciosos paisajes que tenga alrededor para dejarlos grabados entre mis cejas.

Aquí en Sauraha, junto al Parque Nacional de Chitwán en el Nepal, aparte del gran jardín y de los campos amarillos de la mostaza que veo por todos lados, tiene mucha importancia lo que siento al recibir el amigable trato de la gente y de los perros: “¡Vecino, ¿cómo vamos?”. Supongo que ya lo mencioné en años anteriores: es mi hogar, dulce hogar, a pesar de ser un trotamundos y tener un hogar en cada cabaña en que instalo mi limitado equipaje. Creo que el canto compulsivo es un medidor de mi alegría interna, y en Sauraha canto más de lo habitual, si cabe. Pero no soy el único, pues la población local tiene la misma afición y continuamente me cruzo con personas que van a su rollo cantándole a la vida, “… que me ha dado tanto”.

FAUNÓPOLIS

Mi gandulería, que aumenta con la edad, fue la responsable de que tardase unos días en decidirme a ir de paseo por los rincones de la jungla que antes visitaba diariamente. Escogí una tarde ideal, con un cielo inmaculado y un sol radiante, en la que no me crucé con ningún guía que llevase a sus espaldas un grupo de turistas chinos: la marabunta que hace acto de presencia en Sauraha en esta época. Pero sí encontré animales: elefantes domésticos que se bañaban en el río, un centenar de cormoranes que seguían su cauce hacia poniente, un rinoceronte que pastaba tranquilamente, varias manadas de ruidosos loros de cabeza roja y una de los preciosos patos brahmini. El perfecto colofón de la tarde lo aportaron dos machos del pavo real local tratando de seducir a unas damas con su espectacular danza.

Shuklaphanta es el parque nacional más joven del Nepal. Su mayor atracción no son los rinocerontes, como en Chitwán, o los tigres, como en Bardiya, sino los pájaros, de los que se calcula que habitan en sus bosques más de cuatrocientas cincuenta razas distintas, entre las que hay veintitrés en peligro de extinción. Recientemente se han censado veintiséis nuevas.

Los granjeros de las tierras altas del Nepal, donde se dan pocos cultivos, crían unos rumiantes llamados chauris, que son un cruce de yak y vaca. Los dejan pastar libremente durante largas temporadas, y recientemente murieron cien de ellos al ser atrapados por una avalancha de nieve. Más defunciones: las de cincuenta blackbucks (antílope cervicapra) que murieron este año en la India al ser devorados mayormente por los leopardos y las hienas. También murió un ciervo pinto que se puso histérico y se partió la cabeza al lanzarse contra la verja metálica de un resort que hay frente a la casa de Shankar y Narmada.

¿Sabíais que, para dormir, a los perros les gusta comer maría y a los gatos valeriana? ¿Sabíais que la inteligencia de las palomas supera en muchos aspectos a la de los perros y los gatos?

Yo no sabía que actualmente en la India están prohibidos los encantadores de serpientes. Me lo aclaró el amigo occitano cuando le comenté que en Varanasi había vuelto a ver algunos de ellos. Este hecho me sorprendió porque en realidad hasta ese momento no había advertido su ausencia.

La teoría que aportaba David Quammen en “The Song of the Dodo” acerca de las dimensiones y, sobre todo, los corredores de conexión que necesitarían los parques nacionales para sobrevivir, han quedado en cierta forma probadas en el Parque Nacional de Sathyamangalam de Tamil Nadu, en el sur de la India, donde, debido a una gran sequía, los elefantes, los tigres, los leopardos, e inmensas manadas de herbívoros han emigrado a las cercanas junglas de Karnataka y Kerala en las que sí ha llovido.

En este mismo estado de Kerala, unas jaurías de perros asilvestrados han matado a cuatro personas y herido a más de setecientas. Como sería de suponer, no se ha hecho esperar la reacción en plan cruzada que tanto gusta a los seres humanos, y diferentes ayuntamientos han ofrecido una recompensa por cada perro muerto que la gente traiga. No quiero ni imaginar cómo estarán masacrando a cientos de perros encantadores. ¡Maldita sea, ¿es que siempre han de pagar justos por pecadores?!

Han descubierto un nuevo insecto al que han dado el nombre de “Illacme Tobini”; dicen que es fácil de reconocer porque tiene cuatrocientas catorce patas y cuatro pollas.

“WWF Informe Planeta Vivo”: DURANTE LOS ÚLTIMOS CUARENTA AÑOS LA FAUNA SALVAJE MUNDIAL SE HA REDUCIDO EN UN 58%.

El 70% del agua de la India está polucionada, el 60% de la subterránea se hallará en un nivel crítico dentro una década, aumentará un 25% la desertización, y estará en peligro extinción el 7% de los pájaros, el 41% de los mamíferos, el 46% de los reptiles, el 57% de los anfibios, y el 70% de los peces de agua dulce.

En Vietnam se ha creado el “Centro de Acogida y Protección del Pangolín”; animal que se halla en peligro de extinción debido a que actualmente es el más cazado en todo el mundo porque sus escamas son supuestamente medicinales.

El pavo real está protegido, pero esto no es óbice para que en los bazares de la India se vendan desvergonzadamente las espectaculares plumas de su cola.

Ha aumentado el número de leopardos de la nieve por el simple hecho de residir por lo general en zonas inalcanzables.

LA TABERNA GALÁCTICA

Érase una noche en que mi antro favorito estaba prácticamente vacío a excepción de un polaco cuarentón que era incapaz de tener la boca cerrada y le contaba al camarero una anécdota tras otra: “En la Unión Soviética se internaba a los huérfanos de quienes hubiesen sido ajusticiados, en unos orfanatos en los que les daban de palos a toda hora. Al no recibir cariño, se convertían en unos monstruos faltados de empatía y amor que, en la mayoría de los casos, se alistarían y triunfarían posteriormente en las fuerzas especiales o en la policía antidisturbios”.

El polaco vació el vaso de cerveza y pidió otra antes de continuar: “Cuando vivía en Alepo tenía dos vecinos musulmanes que no se dirigían la palabra entre ellos y se odiaban a muerte porque uno era sunnita y el otro chiita”.

Otro largo trago de cerveza. “En una pequeña isla llamada Weh que hay al norte de Sumatra, conocí a un italiano casado con una mujer musulmana que había montado una pensión y se había preocupado de mejorar la zona ayudando a unos y otros. Lógicamente, era un tipo muy apreciado, y todo el mundo se quedó aterrorizado y atónito cuando uno de sus empleados lo asesinó con un cuchillo de cocina. El criminal, que fue arrestado al tratar de huir a Sumatra, confesó el crimen, pero no el motivo. Lo más raro fue la reacción general, pues la noticia no apareció en ningún periódico ni nadie mencionaba el crimen, como si quisiesen olvidar que había sucedido. Yo hice mis propias averiguaciones y me enteré que la esposa del italiano se encontraba en aquellos momentos ausente, concretamente visitando a su familia política en Italia, y que el marido se ponía a gusto con una putita local de la que se habría enamorado el empleado asesino”.

Nuevo trago de cerveza. “Los holandeses dominaron el cotarro en Indonesia durante muchos años, pero nunca descubrieron que en la Isla de Flores se practicaba el animismo, y que hasta 1960 existió el canibalismo y se sacrificaban a las chicas más bellas a sus dioses”. El polaco se despidió tras terminar la cerveza y yo me quedé a solas con el camarero, quien se limitó a comentar: “El mundo está cada día más loco”.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba

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