La crónica cósmica. Los amigos valencianos

LOS OTROS. La pasada madrugada desperté con el título de esa interesante película de Amenábar entre las cejas, “Los Otros”, y decidí que sería el encabezado ideal para esta crónica cósmica en la que quiero presentaros a los amigos valencianos, pues pienso que, a pesar de saber muchas cosas acerca de ellos si sois lectores habituales de Conmochila, incluido su aspecto físico gracias a las fotos que aparecen en este blog, creo que en cierta forma siguen siendo unos desconocidos.

Ella, una sagitario de treinta y cinco años que es enfermera, veterinaria y vegana, personifica el amor hacia los animales, a los que mima y comprende con todo el cariño del mundo y llorará por ellos si se hallan en apuros porque sabe que sufren el mismo dolor, la misma tristeza y la misma añoranza que cualquier persona sensible. Pero también siente este mismo amor hacia la naturaleza en general y está muy ilustrada sobre todo lo relacionado con la ecología.

Además, no va por la vida en plan ecologista de escaparate como quien se ha apuntado a esta movida porque está de moda, pues, aparte de colaborar con distintas ONG, evita en lo posible usar productos que polucionen, como los de plástico: su cepillo de dientes y el tazón con el que bebe chai están hechos con bambú. Asimismo, el estropajo para limpiar la vajilla es biológico, el papel de la cocina es reciclado y la arena del cagadero de los gatos no daña la naturaleza. (En otra ocasión os hablaré de esa “gente” con cuatro patas).

¿Aceite de palma?, ¡no, gracias! Otro ejemplo: las modernas prendas escandinavas de abrigo de la marca “Haglöfs” que usaron para hacer excursionismo en Ladakh, a más de cinco mil metros de altitud, son sintéticas, pero están hechas con material reciclado de otras prendas similares. Los artículos que ella publica en Conmochila tratan frecuentemente acerca del turismo responsable, y fichó a María Marcos y a Eugenio Fernández, que escriben respectivamente “La Ruta Natural” y “Contexto Salvaje”.

Ella y yo pertenecemos a la misma tribu, y no solamente en lo referente a lo que sentimos por los animales y la naturaleza, o que ambos seamos unos trotamundos natos, sino porque los dos nos pasamos el día cantando o silbando compulsivamente.

En cuanto a él, al amigo valenciano, un leo de cuarenta y cuatro años, podría comparar nuestra relación con un amor a primera vista, pues nos caímos bien inmediatamente cuando, hace cinco años, nuestros pasos se cruzaron en Tailandia, junto al Río Kwai. Desde entonces no ha dejado de influir positivamente en mi vida, sobre todo al romper mis holgazanas rutinas viajeras indicándome algunos buenos sitios que yo desconocía y serían de mi gusto, ya fuese en la India, Tailandia, Malasia, Laos, Vietnam o Kenia.

Asimismo, nos entendimos de maravilla cuando viajamos juntos, tipo de experiencia que, dependiendo de la compañía, no resulta siempre fácil, especialmente cuando se trata de un país como la India en el que es raro que algo salga tal como lo habías planeado. Esa armonía ha continuado ahora, cuando nos hemos reunido por primera vez en Occidente y junto al Mar Mediterráneo, donde él se está demostrando como un hábil cocinero que, al despertar de mañanita, e igual como lo haría mamá, ya está pensando en lo que vamos a comer ese día.

En lo que no hacemos buenas migas es jugando a backgammon, pues nos masacramos sin compasión: ¡JA!

El amigo valenciano es un personaje muy generoso que se lo pasa bomba ayudando a los demás y cuando te hace un regalo parece disfrutar más que tú mismo. Pero no me refiero solamente al aspecto material, pues lo que le sale mejor es dar simplemente buen rollo y, después de hacer con él algún Skype mientras yo estaba en el Nepal, me sentía invariablemente más alegre. Otro ejemplo: ahora, aquí en el “País Valencià”, me está mostrando pacientemente docenas de reportajes muy interesantes a pesar de que él los haya visto con anterioridad.

NUESTRA MORADA. Aunque en la crónica anterior ya os expliqué que esta finca se hallaba perdida entre plantaciones de distintos árboles frutales, sobre todo de naranjos, ahora añadiré que está a tres kilómetros de Xàbia (Jávea), pueblo de la costa alicantina desde el que, trepando hasta el “Cap de Sant Antoni”, en los días claros (por el momento todos lo han sido) se puede ver la isla de Ibiza. De todos modos, el espectáculo natural con mayúsculas es el “Parc Natural del Massís del Montgó” y el mismo monte Montgó, que levanta su espectacular masa rocosa al norte y a corta distancia (quizás un par de kilómetros).

Los amigos valencianos

El chalet en que vivimos es bastante nuevo, soleado, cálido y, en su extenso jardín, tiene una piscina y un jacuzzi: mejor imposible. Dejando claro los gustos y tendencias de los amigos valencianos, en la puerta de entrada hay un letrero de madera en el que consta, “Namasté”, y el porche está decorado con banderas tibetanas de plegaria: en Conmochila podéis leer un artículo de la amiga valenciana titulado “Banderas budistas de colores, ¿ya conoces el significado?”.

El vecindario, del que solamente se ven algunas casas a lo lejos, está formado en gran parte por residentes extranjeros, sobre todo pensionistas británicos, holandeses, alemanes y belgas: de ahí los lujosos automóviles que circulan por los alrededores.

FAUNÓPOLIS. Si sois amantes de los animales, os recomiendo echar una mirada al extraordinario libro “Panteras” del fotógrafo navarro Andoni Canela, con el que he aprendido que en latín se llamaba a esos lindos gatitos “panthéra, en griego, “pánther”, que significa “gato salvaje”, y en sánscrito, “pundaríka”, que significa tigre.

En unas crónicas nepalesas de hace un par de meses os conté que dos tigres habían matado a varios hombres en los alrededores de Sauraha, en el “Parque Nacional de Chitwán”; y ahora ha sucedido lo mismo en el “Parque Nacional de Bardiya”, donde un tigre ha acabado ya con la vida de siete hombres y una patrulla del Servicio Forestal ha salido en su busca montada en una docena de elefantes.

Cuando alguien me preguntó si me gustaban más los animales que las personas, respondí que me gustaban todos los animales, pero no me gustaban todas las personas.

Se calcula que en la India hay más de 30.000 elefantes salvajes, los cuales mataron 2.360 personas entre los años 2014 y 2019. En ese mismo período, las personas mataron 510 elefantes.

Tal como sucede frecuentemente en Sauraha, un elefante doméstico se hartó de recibir batacazos sobre la cabeza y aplastó a su sádico cornaca.

Al encontrarme actualmente entre perros europeos de raza, a los que denomino perros de jardín, que son “analfabetos” y solamente saben ladrar, añoro a los simpáticos perros callejeros del Nepal, que todas las noches charlaban entre unos y otros. Por cierto, que éstos, después de permanecer aletargados como si hubiesen hibernado durante los seis calurosos meses anteriores, ahora, con la llegada del otoño, parecían haber rejuvenecido y resplandecían de energía de forma similar a como lo hacían los míos en la Selva Negra alemana en cuanto empezaba a nevar.

Los guardas del Servicio Forestal del “Parque Nacional de Chitwán” arrestaron y metieron en el calabozo a treinta y dos hombres por pescar en el Río Narayani, que forma parte de ese mismo parque nacional; pero tuvieron que salir por piernas cuando un grupo de aldeanos se presentaron armados de palos y, aparte de liberar a sus paisanos, vandalizaron las instalaciones. ¡Así funcionan las cosas en el Nepal!

MIRA LO QUE PIENSO

  • Érase un deportista que odiaba quedar el penúltimo en las competiciones en qué participaba, pero todavía odiaba más al que llegaba último porque era feliz por el simple hecho de haber conseguido cruzar la meta.
  • Los que terminan segundos en una carrera, pero, de todas formas, baten récords gracias a tener delante a alguien como Kilian Jornet, ¿se lo agradecen al ganador?
  • Al ver un espectáculo supuestamente cómico que me deja indiferente, siento una sutil culpabilidad al oír las malditas risas enlatadas que ponen de fondo.
  • Balzac opinaba que detrás de toda gran fortuna siempre había un crimen.
  • ¿Se ha calculado alguna vez el número de asesinatos que se han llevado a cabo en nombre de las religiones?
  • ¿No pecamos de hipócritas cuando decimos que vamos a sacrificar a un animal en vez de aceptar que lo vamos a matar?
  • Debido a mi amor por la naturaleza desearía que, al morir, me enterrasen como lo hacen los musulmanes: envuelto en un saco de algodón y entregando mi cadáver a la Tierra en vez de incinerarlo o meterlo en un ataúd.
  • La tumba más bonita que haya visto estaba en un solitario y denso bosque de la Selva Negra alemana en la que habían esculpido los nombres de los difuntos y las fechas en una gran roca pulida milenios antes por las aguas.
  • Es absurdo, y una falta de psicología por parte de los gurús y demás líderes religiosos, pretender que los demás sientan y crean como ellos.
  • Las reacciones de la supervivencia son irracionales como los de cualquier animal, y al llegar al punto límite cero los seres humanos dejamos de ser los animales racionales que supuestamente somos.
  • Según el hinduismo, actualmente nos hallamos en la era de la decadencia, el “Kali Yug”. Una prueba de ello está en que, después de que Eratóstenes calculase acertadamente hace más de dos mil años el perímetro de la Tierra clavando simplemente una estaca en el suelo, los obtusos líderes del cristianismo se empeñaron en que nuestro mundo era plano: lo que, de todas formas, me parece más insólito es que la gente siga creyendo lo que dicen esos mismos papanatas.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba
Escritor y viajero. No te pierdas las crónicas cósmicas de Nando Baba.