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La crónica cósmica. ¡Respirar puede matar, y además no “coloca”!

La crónica cósmica. ¡Respirar puede matar, y además no "coloca"!
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RESPIRAR PUEDE MATAR. A pesar del placer que siento al parir estas crónicas (amor de madre), hoy lo hago poniendo de por medio mi fuerza de voluntad porque me cuesta dejar por un solo día la (para mí) excitante novela que tengo entre manos. ¿Pero cómo iba a pasar una semana sin ejercitar mi sadismo con vosotros, mis queridos masoquistas? De todas maneras, al ser un sádico sin ambiciones me contento con poco, y me consideraría plenamente satisfecho con una sola víctima, igual que me basta saber que alguien cree en mí para multiplicar mi autoestima (“¡¿Todavía más?! ¡Ja!”).

La otra tarde (vi llover, vi gente correr…), mientras paseaba por el bosque, me pegué un buen susto al cruzar bajo un árbol que estaba cubierto de libélulas y salieron volando todas al mismo tiempo haciendo un ruido que de entrada confundí con el de un enjambre de avispas. Al ser un personal muy fino, únicamente encontrarás libélulas en los lugares libres de polución. Según el estudio de una organización ecologista, el simple hecho de residir en la ciudad de Bengaluru (Bangalore) es similar a fumar diariamente seis cigarrillos; en Delhi son veinte, ¿y en Pekín? En cuanto a Agra, el “Taj Mahal” dejará pronto de ser blanco gracias a la capa pardo-amarillenta de polución que lo está cubriendo paulatinamente debido al humo de la gasolina y el carbón: ¡Respirar puede matar, y además no “coloca”! En la India la venta de purificadores de aire domésticos ha aumentado el 70%. Umm.

Esta es la parte positiva de un sitio limpio como Konarak, la negativa tiene que ver con la cultura (como sucede en todos los paraísos parecidos), y más concretamente con la lectura, pues no hay una sola librería ni tan siquiera de segunda mano. Afortunadamente “la turisma” occidental acostumbra a dejar a su paso un reguero de libros, y entre los que se han juntado en la “Labanya Lodge” a través de los años (polvorientos, mordisqueados por los ratones o las termitas, y en algunos casos con las hojas sueltas) encontré el otro día una de las grandes joyas de la literatura del Siglo XX, “El Manantial” (The Fountainhead), de Ayn Rand, de la que ya os había comentado algo (hace dos años leí una parte en el Nepal y el resto en mi pueblo). En el ejemplar que estoy leyendo hay un prólogo precioso que la señora Rand (¡No sabía que fuese una mujer!) escribió en 1968, cuando se celebraba el veinticinco aniversario de la primera edición, en el que consta una cita Nietzsche (del que precisamente no era una gran admiradora): “El alma noble se reverencia a sí misma” (“Más Allá del Bien y del Mal”).

Tras comentar lo “saludables” que son algunas ciudades indias, añadiré que en el Rajastán se han dado setecientos cincuenta casos de gripe porcina en lo que va de año y ya han muerto ciento diecisiete personas incluida una turista suiza que la palmó ayer. No sé cómo estará la cosa en los otros estados, pero por ejemplo en la ciudad de Lucknow hay cincuenta y dos enfermos. Umm, aprovecharé para recordaros que estas crónicas no son actuales.

Siguiendo con tan encantadoras noticias, ¿sabíais que el número de bombas que estallaron en la India debido a actos terroristas durante el año 2014 solamente fue superado por Pakistán (313) e Irak (246)?

Cuando los norteamericanos eligieron a un presidente con orígenes africanos, fue un hecho histórico (los valores que guían a la humanidad son trágicamente cómicos), como lo ha sido que en una ciudad india acaben de nombrar alcalde a un eunuco que además es un “dalit” (intocable).

Y hablando de alcaldes y eunucos, el de otra ciudad ha contratado a un grupo de ellos para que vayan a cantar y bailar frente al domicilio de quienes no pagan los impuestos urbanos, sobre todo algunos grandes hoteles y empresarios, e interpreten canciones cuyo texto sea debidamente explícito para avergonzarles.

Vaya, vaya, parece que nos va a salir una crónica en plan “Noticiario No-Do”.

De manera parecida a una película del “Lejano Oeste”, unos bandidos subieron en un tren que iba hacia Puri y desvalijaron a los pasajeros. Después tiraron de la cadena de alarma, y adiós muy buenas.

La bicicletas indias continúan sin llevar luz, y los ciclistas se quedan asombrados cuando les explico que en el resto del mundo no es así (Gora, el maestro de Dharikari, no acababa de creérselo).

Otra muestra de la “indiosincrasia”: La mayoría de comercios en los que se venden refrescos disponen de una nevera que se encuentra ahí exclusivamente para los ojos, pues estará completamente parada o funcionará con la mínima potencia. Creo haberos comentado ya que conducen prácticamente a oscuras para ahorrar la batería del automóvil o la motocicleta. Umm.

Mi relación de amor y odio con los indostanos está pasando por una de sus mejores épocas. Me río de sus locuras gracias a la simpatía que siento hacia ellos, y tal sentimiento parece ser mutuo porque me cruzó frecuentemente con gente que me sonríe. ¿Acaso estaré luciendo la estúpida sonrisa de los occidentales “iluminados” que corren por aquí? De todas maneras, y debido a que son unos sinvergüenzas, cuando se pasan de la raya los paro tomando el rol del loco gritón; pero tras poner las cosas claras, quedamos tan amigos. ¡Ja!, en uno de los trenes me encontré con dos chicas belgas que tuvieron la osadía de colocar su aparatoso equipaje en el lugar que me correspondía a mí, y recuerdo la cara de asombro que pusieron, primero, al recibir el rapapolvo del siglo, y después al charlar con ellas tranquilamente como si no hubiese sucedido nada.

Unos hindúes pretenden edificar un templo dedicado al primer ministro señor Modi, quien por cierto es un “hinduextremista”, como si pretendiesen reírse del sermón que les echara el presidente norteamericano acerca de la intolerancia religiosa. ¡Ja, estos indios están locos!

Lo de las religiones funciona a base de ofertas como las grandes cadenas de supermercados: “¡Sois el pueblo escogido!”. “¡OH!”. “¡Os reencarnaréis hasta el aburrimiento!”. “¡Bravo!”. “¡Lavamos sus pecados incluso a domicilio!”. “¡Blanco, blanquísimo, mejor imposible!”. “¡Pasen ustedes la eternidad en nuestro paraíso lleno de odaliscas!”. “¡¿Estará mi mujer?!”. “¡Yo me apunto si viene la vecinita de al lado!”. El budismo, por lo poco que sé, se limita a aconsejar cosas tan sensatas como, “Renuncia, observa y no juzgues”.

Os confesaré que a los marcianos nos parece absurdo que los humanos terráqueos seáis incapaces tan siquiera de imaginar un mundo sin países, fronteras, líderes, ejércitos, policía, jueces, cárceles, religiones, banderas y grupos; o sea un mundo habitado por individuos independientes e inteligentes.

ÉRASE UNA VEZ EN KONARAK. Entre la colección de comercios del bazar hay uno que se está forrando al vender algo tan insólito como los son los sombreros en la tierra de los turbantes y los gorros de todo tipo. Los peregrinos enloquecen con ellos, y algunos no se avergüenzan de llevar dos de ellos al mismo tiempo.

No sé a qué se deberá, pero desde que llegué aquí, estoy engordando. Como es habitual cada vez que vengo a la India, en 3 meses bajé de 65 a 55 kilos.

Primitivismo auténtico: Primero trajeron varios camiones llenos de rocas que descargaron a mano y a lo bestia ayudándose con barras de hierro. Ahora las están partiendo a mazazos igualito que en las películas en las que aparecen prisioneros condenados a trabajos forzados. Y para terminar las dejarán convertidas en gravilla a martillazos.

Los que sois adictos a los arándanos, dadle una mirada al peso y el precio de los paquetitos que compráis, y decídmelo, ¿queréis?. Es pura curiosidad para comprobar hasta dónde se dispara el coste desde el sitio de origen, o sea aquí (los de mejor calidad van a tres euros el kilo), antes de llegar a vuestras manos.

El amigo thakur y el amigo brahmán creen que fumar bidis es muy sano. Cabrones, ellos no fuman, y además te darán la misma opinión acerca del opio: “¿Tienes dolor de cabeza?, toma una bolita y se te pasará”. ¡Ja!

Valoramos especialmente nuestro domicilio si hace frío, llueve, o cae un sol que te cagas; pero también cuando hay más de una persona en cada metro cuadrado de terreno como sucede en la India durante las grandes celebraciones religiosas, las melas. Aquí fue así hace un par de semanas, en un día, y sobre todo una noche, en que millones de devotos salidos de la nada (que me miraban como si alucinasen al ver alguien tan “guapo”) se dirigieron hacia Chandra Bhaga, la playa, para tomar un baño purificador en las lagunas de agua dulce que se encuentran justo antes, y después esperar a la salida del Sol acostados sobre la arena. Creen que, si son afortunados, en ese momento verán saltar a alguien, una sombra, desde el Sol al mar.

Cuando al “hablar” de la India no os detalle explícitamente que un sitio estuviese limpio como sucedía en Dharikari, significa que se halla cubierto de envoltorios y bolsas de plástico, mal que no deja de extenderse. Hace unos días, y en la cercana ciudad de Cuttack, las cloacas quedaron totalmente taponadas por tal tipo de basura a pesar de que las bolsas de plástico han estado prohibidas desde el año 2011.

MIRA LO QUE PIENSO

  • De la misma manera que la evolución de cualquier raza de animales debe tener como meta unas cualidades físicas y psíquicas que la ayuden a sobrevivir, ¿al ver gente infeliz me pregunto si tal cóctel no tendría que incluir asimismo unas mínimas dosis de alegría?
  • El sarcasmo sabio de El Roto: “Malas noticias para los patriotas: todas las banderas están hechas en China”.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba
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