Discotecas ‘mortales’ en ciudades seguras, ¿hay peligro en Tailandia?

La mañana en que mi buen compa Chiquitín se subió a un coche conmigo en Bangkok me preguntó con cierto pavor cómo me las apañaba para conducir en la salvaje jungla de acero siamés. «Imagino entonces que no te apetece otro día apoltronarte en el sillín de mi moto», le respondí entre risas.

Lo del volante era algo que a Chiquitín le daba cierto reparo en estas tierras que él, pese a todo, conoce bien. Demasiado bien. Hace un par de semanas estaba precisamente en una aldea del noreste del país batallando con los lugareños, que insistían en que sus ensaladas de papaya no picaban pese a estar teñidas de rojo. Y no dudaría en que fue allí donde se le ocurrió el triple tailandés de la potra.

Porque, para mi compadre, los tailandeses son gentes afortunadas. Pero no por haber «nacido en la tierra de las gentes libres» como reza el himno de su patria. Sino porque pese a a todas las adversidades del día a día, normalmente no les pasa (casi) nada.

«De verdad, Luis, es un milagro que no se electrocuten con esa maraña imposible de arreglar que es su tendido eléctrico, que no se intoxiquen al beber ese brebaje de arroz con más de 40 grados de alcohol y que no mueran ahogados en los monzones por culpa de su paupérrimo sistema de alcantarillado que inunda las ciudades». Para él, las calamidades que sufren los siameses son pocas si se miran los peligros que les acechan.

Cables Bangkok
Un operario trata de arreglárselas en un poste de cableado en Bangkok.

Ese era su buen triple tailandés, y algo de razón tenía. Aunque yo más bien diría que Tailandia, en cuanto a la seguridad, es un castillo de naipes que aguanta bien frente a temporales. Una máxima que gusta a demasiados por aquí es, como a tantos les gusta reconocer, la de que mejor hacer algo fácil fácil en lugar de complicarse la vida. ¿Para qué arreglar la maraña de cables eléctricos si puedes dejarla ahí y tirar uno nuevo encima de los que ya no valen?

El problema es cuando algo falla, claro. Porque Tailandia puede ser un país muy seguro según en qué nos fijemos, y luego pasar a ser un lugar hostil si metemos la pata. Aunque la clave de todo está en lo de siempre: todo dependerá de cómo nos comportemos.

Todo es seguro hasta que falla algo

Una de las noticias más duras de este verano por estos lares fue la muerte de una veintena de personas en una discoteca quemadas por culpa de un incendio que pudo haberse evitado. El local carecía de licencias oficiales -bastaba con pagar mordidas a la policía- y había cerrado con llave la salida de emergencia para evitar que alguno se largara sin pagar la cuenta.

Lo peor fue que en dicho local de copas la insonorización se instaló con materiales altamente inflamables para ahorrar un par de dólares por metro cuadrado. Es la ley del fácil fácil, en la que prima que todo dé la talla sin importar lo que hay detrás.

Dicha noticia no hizo mucho ruido fuera del país porque la discoteca estaba fuera de los circuitos turísticos, pero sirvió para poner en evidencia que las discotecas y los locales de ocio no están preparados para sobrevivir ninguna adversidad. En las semanas siguientes, la policía investigó las medidas de seguridad de los locales en las ciudades de Bangkok y Pattaya, solo para encontrar que la gran mayoría de garitos eran «trampas mortales», tal y como explicaron.

policía tailandia
La policía de Bangkok está más por agarrar mordidas que por vigilar medidas de seguridad.

Nada que nos sorprenda a los que mucho tiempo por aquí llevamos. Lo pensaba siempre que visitaba la discoteca Penny Black, con varias plantas y solo una salida que da a la calle. Y lo confirmé cuando tan popular after de Bangkok cerró por reformas unos días después de la catástrofe de este verano y, sin pudor alguno, frente a la puerta de la discoteca a la que tantas veces fui aparecieron tirados un montón de paneles insonorizadores que, seguramente, también eran inflamables.

Es curioso que tantísimos turistas se preocupen por el hielo de las bebidas en Tailandia o incluso por el agua de Bangkok, dos tópicos de toda la vida cuando se habla de riesgos en el país y que no son verdad -los hielos siempre son industriales y el agua sabe fatal pero es potable- y luego no les dé reparo entrar en un local nocturno al que se accede por un edificio en ruinas.

La discoteca Panda Club tiene una única entrada a la que además se ha de acceder a través de unas escaleras.

Quizás estas incongruencias se deban a que mucha gente llega a esta parte del mundo con un concepto diferente de lo que es un país en vías de desarrollo. Bangkok, como buena urbe asiática, luce edificios mucho más espectaculares en modernidad que los de cualquier ciudad europea, al menos de cara a la galería. El problema es que la corrupción policial y gubernamental hace posible que se incumpla una normativa que, en cualquier caso, sería imposible de cumplir a rajatabla.

Y sin embargo, la mayoría de recién llegados afirma que Tailandia es un país muy seguro y tras ese mantra hay algo de realidad pero también un poco de mito.

Tailandia, ¿más seguro que pasear por España?

Tailandia es un país de grandes contradicciones, y quizás por eso es aún más fascinante que otros lugares. Es casi imposible que te roben el teléfono en una terraza o que te birlen el bolso en una estación de tren, algo que pasa todos los días en las ciudades españolas. Pero a su vez hay tipos en la carretera que llevan pistola y se les puede ir la mano -o más bien el dedo en el gatillo- si alguien les grita cuando van al volante.

Algunos poco avispados dicen que el pueblo siamés es pacífico por eso del budismo. Que no te roban la cartera porque lo ven con malos ojos. Pero los tiros no van por ahí. Las leyes tailandesas son muy opacas y el robo puede pagarse con cárcel sin importar si se hurta un paquete de tabaco o se atraca un banco a punta de pistola. Ante dicho riesgo, quien quiera apropiarse de lo ajeno optará por ir a por algo que merezca la pena el riesgo.

Más allá de eso, es una gozada que las calles tailandesas sean pacíficas en cuanto a la posibilidad de que te asalten. Puedes pasear por casi cualquier barriada del país sin temor a que te pase casi nada. A mí me encanta vagar sin rumbo con mi cámara por el distrito de Khlong Toei, considerado el más humilde de Bangkok y donde se distribuye toda la droga de la ciudad, y como mucho lo que me van a pedir los del lugar es que les haga una foto.

Barrio de Khlong Toei, en Bangkok.

Pero hay una frase muy tailandesa que hasta sale reflejada en su himno que hay que tener muy en cuenta. La gente de Tailandia es -más o menos- pacífica, pero si les atacas irán a por todas contra ti. Y entonces quizás no haya medias tintas.

En la cultura occidental es muy común que haya gente que disfrute de la adrenalina del conflicto. Ya sea enfadarse con alguien en la carretera, pelearse con un vendedor por un precio abusivo o calentarse en la discoteca solo por hacer la gracia. Estos asuntos pueden acabar en llanto en este país, y lo recomendable es evitarlos. Es famoso el caso de un estadounidense asesinado por un taxista tras una trifulca por un par de dólares.

Al fin y al cabo, Tailandia es un país del sureste asiático muy lejos de Occidente. Lo que en España es una chiquillada aquí puede ser una ofensa muy grave, y todo es sencillo si se actúa con cabeza. Si se respeta a las gentes siamesas, no se hace burla de sus símbolos patrióticos o religiosos y se evita el conflicto, lo normal es que este país sea totalmente seguro… siempre que uno tenga cuidado con el tráfico.

Tailandia y las armas de fuego: ejemplo de peligrosidad

Cada vez que uno pisa un lugar desconocido es bueno tenerle respeto. Y en Tailandia eso es algo a tener en cuenta. Como decía el buen Chiquitín con el triple tailandés. Porque un lugar puede ser muy tranquilo, pero no por eso hay que pensar que uno puede hacer lo que le dé la gana.

Un triste ejemplo en este país es desgraciadamente el drama de las armas de fuego, uno de los efectos secundarios de que el país fuera un aliado de Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XX. Se desconoce cuántas armas de fuego hay en Tailandia, pero se estima que puede estar cerca de los cuatro millones. Y un número elevadísimo de ellas son ilegales.

revistas pistolas armas tailandia
Una de las publicaciones de armas que se encuentran por los kioskos del país.

Los que llevamos tiempo por aquí hemos podido ver alguna reyerta entre bandas donde se han blandido armas de fuego, y las noticias hablan constantemente de ello. La pasada semana, en Ubon Ratchathani -la provincia que visita mi amigo Chiquitín-, tres personas murieron en un tiroteo entre bandas con rifles de la Guerra Fría.

El mismo mes de agosto, una mujer asesinó a tiros a su pareja con una pistola que dijo haber comprado en Internet y recibido por correo como el que se hace con un libro de segunda mano en Wallapop. Estos días también arrestaron a un hombre con un rifle adquirido por 65 euros en la red y se requisaron 2.500 armas de fuego que también se comercializaron por mercadillos digitales.

La estación de Thong Lor, en el centro de Bangkok.

El asunto es tan grave que hay hasta tasaciones en Twitter de lo que debe pagarse por cada arma de fuego, que además cuestan más baratas en el mercado negro que en las tiendas legales para quienes poseen licencia.

Este es un problema real de Tailandia que casi ningún extranjero ve porque no sucede en las ubicaciones turísticas. Igual que el asunto de las drogas, tan presentes en el país y tan lejos de los extranjeros de visita. Pero eso no significa que dichos estigmas no hagan daño en una nación que, pese a todo, de cara al de fuera es amable y no se merece padecer esto.

Epílogo: mucho cuidado con las carreteras

Cuando decimos que Tailandia es más o menos segura para el turista, hay que aclarar que el buen Chiquitín tiene razón al tenerle cierto pavor a las carreteras del país. Y es que la anteriormente conocida como Siam es la nación del mundo con el mayor número de muertos al volante -o mejor dicho al manillar- por culpa de unas leyes opacas y una policía corrupta.

La última vez que estuve en Koh Tao, hace cuatro meses, me topé con una veinteañera francesa que había pagado seis euros por alquilar una moto por todo un día sin saber siquiera llevarla. Estaba ahí practicando como el que se compra un patinete, en una isla que se caracteriza porque cada noche miles de borrachos salgan en dos ruedas a toda leche por unas carreteras que no están en el mejor de los estados.

En Tailandia puedes alquilar una motocicleta deportiva por unos 30 euros al día sin presentar una licencia de conducción.

Las carreteras de Tailandia son peligrosas, los números de muertos lo dejan claro. Por eso merece la pena alquilar motos solo quienes tengan cierta pericia y estén en lugares donde no haya un tráfico excesivo. Lanzarse a la carretera en Bangkok nada más llegar a la ciudad es jugársela bastante, yo estuve algunos años sin montarme a las dos ruedas por dicho motivo.

Al final, es como hemos comentado al principio. Tailandia es un país muy seguro si no cometes irresponsabilidades y aceptas que las normas de seguridad son insuficientes en comparación con Europa. Pero con un poco de sentido común todo puede ir bien. Y, qué diablos, que nadie deje de venir a Tailandia por temor a alguno de sus peligros. Solo hay que tenerlos en cuenta y respetar al país como sus gentes te respetarán a ti.

A contrapelo, por Luis Garrido-Julve
1400 933 Luis Garrido-Julve
1 comentario
  • Yo soy motero hace más de 40 años, conduzco motos de gran cilindrada habitualmente por España, y en Tailandia sólo lo hago en islas pequeñas y con poco tráfico.

    Ni loco se me ocurriría echarme a las calles de Bangkok en moto. De hecho, ni en coche.

    Hay que tener en cuenta además, la dificultad añadida de que allí conducen por la izquierda y todos tus instintos te hacen reaccionar hacia el lado contrario en caso de un incidente imprevisto.

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