Somiedo, un paraje entre lo salvaje y lo domesticado

Parajes del norte de España como los astures son muchas veces referenciados como uno de los últimos parajes salvajes de nuestra península. Sin embargo, vivimos en un país caracterizado por ser un paisaje natural moldeado, en gran medida, por la actividad humana durante miles de años.

Trashumancia, agricultura tradicional y diversos usos de suelo en el medio rural hacen que muchos paisajes ibéricos estén a medio camino entre lo salvaje y lo antrópico. Un ejemplo de ello es Somiedo, donde aún se pueden observar algunos de los mayores espectáculos naturales de nuestro país.

Somiedo y sus brañas

Sin embargo, Somiedo también son sus laderas pobladas de teitos, unas construcciones de piedra con un tejado característico, de vigas de haya atravesadas por ramas de castaño, y sobre el que descansan las ramas de retama negra. Esta se conoce en Asturias como xinesta (Cytisus scoparius), la cual se recolecta por estas fechas, cuando carece de fruto y de flor, y con la que cada año se «teitan» estos imponentes tejados.

Somiedo aún alberga más de 200 de estos teitos, la inmensa mayoría representantes del pasado trashumante de la zona, en el que el ganado pasta en las brañas de alta montaña (pastizales que se encuentran alrededor de los 1000 metros) y las familias deben subir a ordeñar. A día de hoy, la mayoría del ganado de la zona es de aptitud cárnica, y junto a la aparición de vehículos motorizados hace que la actividad trashumante sea menos ajetreada que antes pero igual de importante para mantener estos ecosistemas.

Somiedo
Somiedo

Es por ello que la laboriosa conservación de los mismos peligra, y solo aquellos que están en uso o que aún tienen dueños interesados en su reparación parecen sobrevivir al paso del tiempo. Un caso curioso son los teitos de Veigas, unos de los pocos que quedan representantes de estas construcciones como viviendas en los pueblos, y que el Principado compró en los 80, siendo a día de hoy visitables.

Un paraje que aún reclama la fauna

A pesar de esa fuerte influencia de las actividades humanas, Somiedo es un ejemplo relativamente bueno de convivencia con la fauna silvestre. Y es que en sus bosques y laderas aún se pueden ver especies emblemáticas de la fauna cantábrica, teniendo por bandera al oso pardo cantábrico.

Este carnívoro en grave peligro de extinción puede contemplarse a partir de la primavera, cuando sale de la hibernación, momento en el cual estos animales se mueven bastante para buscar alimento.

Estos osos buscan brotes de gramíneas y frutos por los calveros y canales de roquedos que pueblan los valles de Somiedo, existiendo en el parque diversos miradores habilitados para poder observar a este animal sin influir en su conducta. Es importante respetar las distancias con estos animales, por lo que se pueden observar con prismáticos o telescopios desde la zonas señaladas. Tristemente, estos animales son muchas veces acosados.

Si es la primera vez que uno va, puede ser interesante contactar con una empresa de ecoturismo para realizar las observaciones de estos animales, aunque en mi caso, siempre que he ido he recurrido a probar suerte durante las horas de poca luz en uno de estos emplazamientos. Tienes más información en Buscando osos por Somiedo, cómo verlos de forma responsable.

Son muchas las especies que pueden observarse en Somiedo además del oso pardo: durante mi última visita al parque recientemente pude disfrutar de la berrea. La berrea comienza a mediados de Septiembre aproximadamente (con las primeras lluvias del otoño), y consiste en la época de celo de los ciervos europeos (Cervus elaphus), un espectáculo en el que se puede escuchar a los machos realizando sus espectaculares bramidos, especialmente al anochecer y atardecer.

Aunque ver a los animales es más complicado y requiere en muchas ocasiones de acampar o madrugar mucho, es relativamente fácil si nos alejamos de los núcleos de población. Un lugar sencillo donde escuchar a estos animales es el mirador de Aguino, entre el pueblo del mismo nombre y Pola de Somiedo.

Pero si subimos a los altos pastizales de montaña como los lagos de Saliencia, encontraremos un animal también emblemático pero un tanto distinto. Desafiando a la gravedad, los rebecos son otro de los animales que son relativamente fáciles de ver en el parque natural de Somiedo.

Un viaje para el recuerdo

Viajar a Somiedo es un viaje para el recuerdo, y uno de esos lugares donde los que nos hemos distanciado temporalmente de nuestra tierra nos reencontramos con la naturaleza. Recorrer alguna de sus rutas por bosques, pastizales de montaña o lagos alpinos es una delicia.

Para aquellos que disponen de poco tiempo, probablemente es mejor que planifiquen un poco, que no se pierdan pueblos como La Peral, que seleccionen alguna de sus brañas más míticas como la de Mumián, y que recorran la ruta de los lagos de Saliencia o contraten un avistamiento de fauna osera.

Somiedo
Somiedo

Y sin duda, es un gran lugar para disfrutar de la gastronomía asturiana, por lo que no conviene perder la oportunidad de comer en uno de los muchos restaurantes que hay por la zona. En mi caso, recomiendo «La casona de Lolo» en Caunedo, donde hay un bonito museo etnográfico, aunque son muchos los lugares donde poder disfrutar de la gastronomía del norte de España.

Pero sin duda, para aquellos que nos gusta perdernos un poco por parajes naturales, Somiedo es agradecido. Recorrer las carreteras en busca de pueblos perdidos en la montaña, seguir cualquiera de las rutas señaladas casi al azar o pararse a tomar unas sidras en cualquier bar que nos encontremos es una gozada.

Contexto salvaje, de Eugenio Fernández
CONTEXTO SALVAJE, de Eugenio Fernández