Únicamente en Shangri-La podía alojarse el monasterio tibetano más grande y accesible toda China. Porque Songzanlin se encuentra en uno de los destinos más mágicos de China, cuyo nombre procede de una fantasía literaria.
Pero con la particularidad de que, aún siendo un destino de cultura tibetana, geográficamente se encuentra fuera de la región especial del Tíbet. Y eso hace que pueda explorarse sin necesidad de guías ni de permisos complejos.

Para quienes deseen aprender del budismo tibetano, cuyas raíces son más filosóficas si bien tradicionales, el monasterio de Songzanlin (también conocido como Ganden Sumtseling) es un lugar mágico que aglutina templos, belleza e historia en lo alto de unas montañas privilegiadas a casi 3.400 metros de altura.
Songzanlin se alza en las afueras de Shangri-La y es el mayor monasterio budista tibetano de toda la provincia de Yunnan. Además de ser el más accesible a las puertas del Tíbet. Si bien en tamaño son mayores los centros religiosos de Sershul en Sichuan y Labrang en Gansu, Songzanlin está considerado al que se llega más fácil al estar muy cerca de la bien comunicada Shangri-La.

Este enorme monasterio es un complejo cargado de templos que se alza majestuoso a las afueras de la mágica ciudad de Shangri-La. Su característica principal es la arquitectura escalonada de muros blancos y techos dorados. Eso le valió el apodo de pequeño Potala, en honor al palacio del Tíbet.

Al ser considerablemente grande, visitarlo suele llevar más de dos horas desde que compras una entrada que cuesta menos de 12 euros. Pese a requerir un pago por visitarlo, no es un lugar meramente turístico. Si bien todo el mundo está invitado, es común que muchas de las personas que estén allí sean creyentes realizando oraciones. En silencio.

Es por eso que el respeto es importantísimo. Aunque es posible recorrer todo el complejo. Subir despacio las escaleras debido a la altura es primordial, y es posible acceder a todas las salas. En ellas hay imágenes de Buda, lámparas de mantequilla de yak, pinturas rituales y monjes en estudio o plegaria. También hay cervezas como ofrendas, lo que tiene cierta gracia.
Aquí la etiqueta importa y muchísimo. No vale vestir de cualquier manera, y se espera sobriedad. Evitar colores chillones y estampados vistosos es necesario, y ante todo cubrir piernas y hombros. Lo estridente está en los murales, pero se espera decoro por parte del visitante.

Hablar bajito es primordial, y hasta las fotos están restringidas. No es que no puedan hacerse, y uno se encuentra a muchos chinos postureando, pero es solo en exteriores. Dentro de las salas de oración está prohibido usar cámaras.

La visita a los templos ha de hacerse en el sentido de las ruedas de oración. Eso es que los templos son cuadrados con un gran Buda en el centro y se deben recorrer de manera giratoria en el sentido de las agujas del reloj. Hacerlo al revés puede ser una falta de respeto.
Algo muy importante. Songzanlin en Shangri-La pertenece a la tradición del budismo tibetano, conocida por su énfasis en la disciplina monástica, el estudio filosófico y el debate. Es similar a la del sureste asiático, fuertemente popularizada por Tailandia. Pero es ante todo en lo artístico.

El budismo tibetano igualmente da mayor importancia a la filosofía y a los grandes maestros. Es una corriente de colores más intensos, con mucho incienso y mantequilla. Los templos están desprovistos de las imágenes doradas tan características del theravada del sureste asiático.
Aun así, tienen ciertas similitudes. Y a quienes conocen los templos de Tailandia, les puede interesar mucho descubrir el budismo tibetano de Songzanlin, en Shangri-La. Con sus mantras, ruedas de oración o sus rituales tántricos.
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