Este verano un amigo en España me transmitió su emoción frente al que será su primer viaje por China. Y me dijo que además de los clásicos, había incluido «las montañas de Avatar«. Así, a bocajarro. Claro, es como se suele llamar al parque nacional de Zhangjiajie. Porque James Cameron rodó allá su epopeya extraterrestre y la ubicación más memorable del filme no fue digital. Sino que se rodó en China.

Mi amigo me dijo que había empaquetado Zhangjiajie en el viaje porque lo había visto en TikTok. Normal, a día de hoy el paisaje natural chino más viral es precisamente aquel donde se rodaron las montañas flotantes de la ficticia Pandora. Lo que el bueno de mi colega desconoce es que, dejando de lado a los influencers, Zhangjiajie es la estrella del turismo de jubilados en Asia. Como Benidorm para el Imserso en España.
China es un festín para los sentidos si te gusta la naturaleza. Porque tienes paisajes imposibles y vistas arrolladoras de película. Tanto, que muchos de ellos han acabado en el cine. Y eso es lo que pasó en Zhangjiajie. A partir del estreno de Avatar, el que era un lugar bellísimo se convirtió en un destino de peregrinaje.

Cuando esto pasa, China se ve en una encrucijada. Por un lado quiere comercializar al máximo el destino y por otro necesita protegerlo a toda costa de los curiosos y recién llegados. Eso crea una utopía en varios de sus lugares más bellos, donde en mitad de la naturaleza aparecen ascensores gigantescos o porteadores.
Sin embargo, suele ser fácil escapar de las marabuntas y descubrir parte de estos iconos a tu aire. Incluso hay ocasiones en las que pueden disfrutarse incluso sobre los raíles de un tour organizado. En Zhangjajie no.

Todo es turismo previsible en las montañas de Avatar. Algunas de las entradas de acceso más caras de todo el país, trayectos obligatorios en bus, prohibición absoluta de salirse de la ruta, ascensores, teleféricos. Menús en inglés en los restaurantes y un tufo a turismo prefabricado que echa para atrás. Eso sí, el lugar es precioso.

Antes de que nadie nos acuse de escribir con vinagre, cabe decir que las montañas del parque nacional de Zhangjiajie son una joya de la naturaleza. De manera impresionante se alzan miles de pilares de arenisca y cuarzo, que cuando hay niebla, crean un paisaje irreal en el que parece que las montañas floten. Como en la película de James Cameron.

El problema de Zhangjiajie es si la extrema comercialización con teleféricos y suelos de cristal no empaña la experiencia. Recuerdo a un curioso que, fascinado con la inmensidad, le preguntó a un guía local. «Oiga, ¿y por ahí podría perderme?». Lo miró contrariado el chino. «¿Perderse? Está terminantemente prohibido visitar las montañas fuera de la ruta turística». Pues eso.
Zhangjiajie es una de las joyas de la corona del turismo previsible chino. Esa forma de viajar, tan característica del país, se basa en que el viajero sabe exactamente qué va a ver y cómo lo va a vivir. Los chinos jóvenes ya pasan olímpicamente de esta forma de turismo, pero aún sigue siendo masivo entre adultos.

Al llegar a la base de las montañas de Avatar te encuentras en la esperpéntica ciudad de Wulingyuan. Un amasijo de tiendas y restaurantes turísticos, con espectáculos diarios y luces de LED a tutiplén a la noche. Una orgía de turistadas que hace felices a muchos, pero que a otros nos echa para atrás.

En Wulingyuan se pierde la magia china de sentirte en un lugar alejado. Hay pizzerías, cafeterías occidentales y menús en inglés en cualquier lado. Pese a estar en Hunan, la región donde se cocina con más guindillas, la comida que te sirven no pica. Si te ven cara de occidental, no ponen picante.
Allí se va no obstante para subir a las montañas de Avatar. Wulingyuan se aloja junto a la entrada al parque nacional. Y desgraciadamente no es tan agradable como otras ciudades turísticas. Es más, si para sacarle todo el jugo a esta zona, quizás sean necesarios tres días en ella.

Mención especial tienen todas las turbias casas de masajes para turistas que hay en Wulingyuan. Ofrecen poca confianza y hay que echarle valor para entrar en ellas. Nuestro compañero Rubén se aventuró una vez y salió escaldado. Fue la única vez que sintió que le intentaron timar en China.
Si uno acaba aturdido con la que se ha montado en el pueblo de Wulingyuan para acoger a esa marabunta de turistas que desea visitar las montañas de Avatar, lo que espera al acceder al parque nacional de Zhangjiajie ya es de otro nivel.

Además de las cafeterías y cadenas de comida rápida, de las tiendas de souvenirs y de las agobiantes personas que ofrecen turbios servicios de guía donde menos te lo esperas, hay que prepararse para el postureo. Como aquello es un lugar donde hay enormes montañas, se venden mapas y sombreros. Pero el superventas es el bastón de trekking.

Así que cuando uno ve que el personal se hace con el bastón para poder caminar por la montaña se espera ciertas complejidad. Pero más bien lo complejo es el cómo hacerse la foto. Porque los trayectos son siempre en autobús, en ascensor o en teleférico. Y cuando se camina son unos pocos metros donde no hace falta bastón, te puedes apoyar en los numerosos turistas.

Todo cobra sentido si se tiene en cuenta que Zhangjiajie ha sido la estrella del turismo de jubilados en China. No solo para el mercado local, sino internacionalmente en Asia. Desde Japón, Corea, Tailandia o Malasia se han vendido siempre muchísimos paquetes a retirados para viajar a las montañas de Avatar.

Recuerdo que una ex profesora tailandesa me dijo en Bangkok que uno de los regalos que recibió al jubilarse fue un tour a Zhangjiajie. Junto a varias decenas de profesores recién retirados embarcó en un avión y la llevaron hasta Wulingyuan en vuelo con escala y paseo en bus.
Es comprensible, ya que pocos lugares naturales en China están tan pautados y atravesados por el sector turístico. Los traslados se realizan en autobuses, los ascensos en ascensores de montaña. Y los trayectos de altura en teleférico. El bastón de trekking es más bien una ayuda para aquellos que son más mayores. Y para los que quieren posar como intrépidos, por supuesto.
Cuando uno ya piensa que no puede haber más sorpresas turísticas, aún le queda la del dinero. Más allá de ver las montañas de Avatar, hay un par de atracciones turísticas por ver. Si las sumas todas, te cuesta todo la friolera de unos cien euros solo en entradas y accesos. Y pese a ello, el mínimo a abonar sobrepasará alegremente los 50.

En parte lo de los costes es porque todo está pensado para que descubras las montañas de Avatar en un tour organizado. Puedes hacerlo solo, claro. Pero sin salirte de los recorridos, que bien explicaditos en los mapas te dicen dónde puedes ir y qué se te permite hacer. ¿Lo primero? Pagar 248 yuanes por acceder a las montañas, unos 32 euros. Vale la entrada para cuatro días.

No obstante, si te quedas con eso no podrás hacer mucho. Montar en los autobuses que te dejarán frente al ascensor o los teleféricos. Y que han de pagarse aparte, claro. El ascensor Bailong, que es lo más escénico, es un elevador de montaña de más de 300 metros. Otros 65 yuanes más.
Cuando llegas arriba, puedes volver a montar otra vez en autobuses justo tras hacerte la foto que se hace todo el mundo. Tendrás a fotógrafos profesionales ordenándolo todo de forma muy marcial. Y en plena montaña las tiendas de souvenirs las encontrarás por todos los lados.

A partir de aquí, puedes ir de bus en bus yendo a ver montañas y más montañas siempre a lo lejos. De patear y hacer senderos, como que no. Es todo contemplativo a buena distancia. ¿Y la bajada? Bueno, esa es otra. Puedes volver al ascensor de Bailong -y pagar otra vez- u optar por el teleférico de Tianzi. Muy bonito sin duda, pero desde la cabina.

Entonces, ¿por qué tres días en Zhangjiajie? Básicamente para ir otro día a Tianmen, una bella apertura de tierra natural con subidas por escaleras, teleféricos y mucho turisteo. Precioso, pero masificado. Y eso requiere otro día de trámites y de pagar más entradas turísticas.
El colofón final lo pone el gran cañón de Zhangjiajie, donde hay uno de los más fastuosos puentes de cristal del mundo. Una experiencia interesante, que fascina al turismo de jubilados. Les venden lo del paso por el aire como lo más impresionante del viaje.
A más de uno le podrá parecer que esta opinión está escrita con mucho vinagre y poca mano izquierda. Al fin y al cabo, Zhangjiajie es lo más viral de la China natural. Y encanta a los extranjeros. El problema, para el que escribe, es que está demasiado pautado y troceado para el consumo masivo.

Desde el mismo pueblo de Wulingyuan que todo se ve demasiado artificial. Eso sin contar que llegar hasta allí no es fácil. Los aeropuertos cercanos son secundarios, y llegar en tren a Zhangjiajie lleva muchas horas.
Es por eso que la mayoría de viajeros que visitan las montañas de Avatar en Zhangjiajie lo hace en viaje organizado. Con sus vuelos estipulados, sus recogidas en buses, los accesos garantizados y las cámaras de fotos preparadas. El sitio es espectacular, sin duda. ¿Pero hay lugares mejores en China? Para algunos sí. Y ante todo mucho más libres.