El cerrojazo de Tailandia en su gran ‘victoria’ contra el Covid19

Cuando durante todos estos años me preguntaban si yo vivo en Tailandia, me gustaba puntualizar que más bien estoy en Asia. Vale, mi casa está en Bangkok, pero pocas veces pasaba más de un mes sin viajar a cualquier país vecino. Ahora mismo, pandemia mediante, el meollo tiene otro rollo.

Fe de ello da que durante el último mes he tenido que vérmelas muy peludas con los agentes de Inmigración en Tailandia. Llevaba cuatro años que me escapaba del escollo burocrático con un visado anual que me otorgaban en el consulado de una ciudad secundaria laosiana, el cual me permitía olvidarme por un año de enfrentarme a los uniformados. Por una docena de meses podía entrar y salir cuantas veces quisiera del país, y eso hacía, viajaba mucho por toda Asia.

Pero el nuevo orden mundial ha puesto todo patas arriba y no me quedó otra que sudar sangre y vomitar papeleo en el acongojante edificio de inmigración en Bangkok. Tras muchas visitas y sufrir el mal humor de los de uniforme y su prepotencia, logré la extensión anual para residir en el país.

—En información le indicarán la zona para poder solicitar la multientrada —me informó el oficial que me entregó mi pasaporte sellado tras muchos días invertidos en burocracia.
—Esto… ¿aún puede hacerse en el aeropuerto a unas malas cuando vaya a salir del país?
—Sí, pero se pierde tiempo y es arriesgado, lo mejor es hacerlo hoy; cuesta 3.800 bahts adicionales.
—Pues con el espacio aéreo de Bangkok cerrado y las fronteras a cal y canto mejor me ahorro los cien euros.
—Usted verá.

Hasta este 2020, lo normal para mí era que volara fuera de Tailandia al menos diez veces al año. Ahora mismo, en cambio, tengo un visado que perdería si abandonase el país. Vamos, que por ahorrarme unos pocos billetes me encierro en las fronteras siamesas.

Obviamente, no es que no quiera moverme por ahí. Pero es que lo de viajar por Asia pinta muy mal. Para quienes no quieran seguir leyendo y solo quieran saber si podrán venir por aquí, la nota concisa es que será (casi) imposible entrar en el continente oriental este año. Y no apostaría yo demasiado porque se pueda el que viene.

La ‘victoria’ siamesa frente al Covid19

Algunos dicen que es una cuestión cultural. Otros que los asiáticos son más miedosos y que además acatan las leyes sin cuestionarlas. También hay quienes apuntan a motivos genéticos y hasta están los que avisan que la suerte está de su lado. Y quizás sea una mezcla de todos estos factores. Pero lo cierto es que -al menos de cara a la galería- Tailandia ha contenido al coronavirus.

calle Bangkok
Imagen de una madrugada en el barrio de On Nut, en Bangkok.

Por supuesto, lo de que países más serios como Taiwán sigan contabilizando contagios regularmente pese a las medidas previsoras contra el coronavirus y Tailandia afirme rotundamente que no hay Covid19 en su territorio -cuando dejó entrar vuelos desde Wuhan hasta el último momento y a nivel internacional fue «el último que cierre»- suena a chamusquina. La broma habitual de muchos siameses estos días es que en Tailandia no hay coronavirus como en Pattaya no hay prostitución.

Y sin embargo insisto en que los dramas médicos de una crisis sanitaria no se dan en Tailandia. ¿Se propaga el virus y se ocultan los contagios? Ni idea. Pero lo evidente es que nadie padece los síntomas que han hecho mella en Occidente. Si no fuera por la falta de turistas diríamos que todo sigue igual por acá.

El metro de Bangkok va hasta los topes, los restaurantes están llenos y las discotecas vuelven a funcionar a todo gas. Los hoteles en algunas zonas de playa se han llenado de turistas locales y barrios como Khaosan en Bangkok, antes mecas mochileras, se han reconvertido en lugares de ocio para adolescentes siameses.

Barrio chino Bangkok
El barrio chino de Bangkok es ahora un lugar de peregrinación para adolescentes y jóvenes siameses.

¿Y qué pasa con la pandemia? Pues cada día se habla de ello como si únicamente fuera una amenaza exterior. Lo oficial es que Tailandia lleva casi tres meses sin un solo contagio local, aunque hay que puntualizar que ya no se hacen tests de Covid19 a menos que un paciente esté en un estado crítico. Conozco a un tipo en Samut Prakan que fue al hospital con todos los síntomas del coronavirus y, sin hacerle pruebas de ningún tipo, le diagnosticaron tuberculosis y le dijeron que tenía que confinarse en su casa. Qué curioso.

Sin embargo, lo evidente está ahí. Los hospitales están incluso más desocupados que hace un año -por la falta de viajeros- y el gentío no parece enfermar. La mentalidad de la calle, por supuesto, también ha mutado. Cuando yo me contagié pasé a convertirme en un apestado, pero a día de hoy mi mejor arma para entablar conversación con un cualquiera es hablarle de mi experiencia con el coronavirus. Como me ocurrió hace una semana con una vendedora de seguros.

—Entonces, ¿eres uno de ellos?
—Sí, y además de los primeros —relato a cualquiera que se entera de mi infección por Covid19—, soy uno de los tres mil.
—¡Cuéntamelo todo! ¿Sabes? Yo creo que todos lo hemos pasado pero que nadie ha tenido síntomas.
—Bueno, de mi entorno nadie enfermó, pero algunos amigos perdieron el gusto y el olfato.
—Has tenido mucha suerte, menos mal que te ha ocurrido esto en mi país, en España lo habrías pasado fatal, ¡Tienes mucha suerte por estar en Tailandia!

El Gobierno dictatorial del país, que justificó el golpe de Estado de hace seis años con unas elecciones amañadas, ha sacado buena tajada de todo este embrollo. Con la economía maltrecha y las calles llenas de bravos estudiantes que se juegan el pellejo al manifestarse casi a diario contra los militares que controlan el país, los de verde han podido vender esto de la lucha contra el Covid como su gran éxito.

Por supuesto, para vender esta victoria fue necesario adornarlo con banderas e hitos patrióticos. El ministro de Salud no dudó en acusar a los occidentales de traer el virus y dijo que los de ojos redondos no nos duchamos. Y desde que el país pudo sacar pecho por estar libre de la pandemia, el Gobierno ha confeccionado encuestas en las que se dice que los tailandeses no quieren que entren los extranjeros en su territorio, ya que en la mentalidad de las mayorías ha calado que esto del contagio es cosa de occidentales.

La receta patriótica y el orgullo nacional

Podría ser peor, en Vietnam se ha extendido el mito de que los chinos y los caucásicos desarrollamos el virus dentro de nosotros aunque no nos contagiemos. Si bien eso no quita que en Tailandia, donde la información está también muy sesgada, se vean aberraciones en esto del tratamiento del contagio. Un caso mediático es el de las tres maratones más importantes del país: sus organizadores decidieron prohibir la admisión a los extranjeros con la excusa del virus.

Bangkok barrio chino
Las mascarillas, sin necesidad de obligatoriedades, son de uso común en Tailandia.

En este menester, algunos dicen que es una cuestión de racismo encubierto. Que no gustan de nosotros pero no quieren decírnoslo. Yo, en cambio, no creo que por ahí vayan los tiros. En mi opinión es tan solo un caso extremo de desinformación.

Prohibir la entrada a los extranjeros a una competición masiva con la excusa del Covid19 es totalmente irracional desde el punto de vista clínico, ya que hace más de cuatro meses que no accede un solo turista al país. Los extranjeros que por aquí andamos llevamos un tercio de año sin abandonar las fronteras siamesas.

Las zonas turísticas se han tenido que reconvertir al público local.

Las unicas personas que han podido entrar al país son los repatriados, todos mediante durísimas condiciones y dos semanas de extrema cuarentena y tests. Y la mayoría de ellos son tailandeses, solo unos cuantos extranjeros con lazos familiares o laborales han logrado la aprobación.

Sin embargo, insisto en el claro caso de desinformación. Cuando a los organizadores de dichos eventos deportivos les llovieron las críticas, dijeron plantearse revisar caso a caso a los extranjeros que quisieran apuntarse a la carrera para saber si llevaban más de dos semanas en el país. Como si no se hubieran leído las noticias y no estuvieran enterados de que los que estamos en Tailandia llevamos meses por aquí. ¿Fue una excusa estúpida? Sin duda. ¿Querían esconder un racismo latente? No lo creo, seguramente en la mayoría de casos sea que no leen las noticias serias, y de esas aquí hay pocas. Porque en la calle me encuentro el mismo nivel de desinformación.

—Encantado de conocerte, Luis —se presentó un treintañero que bebía copas con tres amigos en un bar de playa en Samui el pasado fin de semana—, me alegro que puedas estar en Tailandia, seguro que ha sido muy difícil que entraras, con este rollo del Covid.
—En realidad, no. La última vez que crucé frontera fue en febrero.
—¿Cómo? ¿No has tenido que hacer la cuarentena forzosa?
—Llevo casi una década viviendo por estos lares —nuevamente un desconocido al ver a un foráneo pensó que yo acababa de entrar al país—, como todos los extranjeros, si no hay vuelos regulares ni visados.
—¡Qué bueno! Ven aquí —se levantó de su silla, vaso en mano, y tras brindar conmigo me dio un abrazo para luego hacerme un hueco en su mesa—, me encanta viajar a Europa, ¿eres italiano?
—Del otro lado del Mediterráneo, de Barcelona.
—Oh, me encanta España y sobre todo Barcelona —bajó el tono de voz y se llevó el dedo índice a una de las fosas nasales y con la otra simuló aspirar hondo—, allí he pasado blancas noches que no acababan nunca.
—Me alegro que no sea el fútbol lo único que se recuerde de mi ciudad.

Unas cuantas cervezas más, mi nuevo y vicioso colega me confesó que se había pensado que los occidentales que veía en la isla de Samui eran turistas recién llegados. «Yo no os señalo como hacen otros, es una pena que muchos se crean que el virus es culpa vuestra«, me comentó tras reiterar que el pecado nace de los medios tailandeses y del Gobierno. Pero me insistió en que, pese a las noticias, aún son muchos los desinformados que creen que somos los de fuera los que llevamos el virus.

Quizás sea verdad que es un tema de información errónea. Ahí está el caso del popular diario siamés Thairath, que cuando se permitió la entrada de centenar y medio de profesores filipinos llamó al archipiélago vecino «Covidland», en un titular gigantesco. Y es que la mejor manera de vender periódicos estos días es aludir al patriotismo y a la gran potra que es poder vivir en Tailandia, sobre todo en estos días.

La pugna por los cero contagios

«¡Tailandia vencera!». Mediante ese grito de guerra, el general golpista y primer ministro Prayuth Chan-ocha anunció la lucha contra el coronavirus, a finales de marzo. Para un militar enormemente condecorado pero que jamás pasó por conflicto armado alguno, lo de plantarse frente a su pueblo y marcarse un Winston Churchill como si estuviera en la Segunda Guerra Mundial le levantaba algo más vanal que su férrea moral.

Policía Tailandia foto
La pose lo es todo, y la policía se centra más en fotografiar la ‘nueva normalidad’ que en aplicar cambio alguno.

Pero el asunto es que, de cara a la galería, el golpista lo logró. Sea cuestión de suerte o por hazaña de la ciudadanía, Tailandia está libre de contagios evidentes. Los que mandan quisieron aplastar al enemigo y lograr la casi fantasía de tener cero infecciones y así ha sido. El virus aquí ha sido, oficialmente, erradicado. Y si alguien da positivo se excusan en que meses atrás estuvo en el extranjero y el patógeno seguía por su organismo, pero que no tiene nada que ver con el país, libre de bicho. ¿Es todo tan bonito como dicen y parece?

La principal consecuencia es que, ahora, la mayoría de siameses no quiere que regrese el turismo ni que las fronteras se abran. Tailandia significa en su idioma «la tierra de la libertad», y ahora el pueblo piensa que son la nación libre de Covid. Y por eso la autarquía en este sentido es real, así que va a ser difícil, muy difícil, que se permita la entrada a los extranjeros.

lamborghini Bangkok
En el Sureste es fácil ver a un deportivo impagable para la mayoría de la población en un barrio obrero. ¿El motivo? Esa tienda de fideos es muy popular.

Por el camino la economía tailandesa se ha hundido. Mucha gente piensa que el conocido como Reino de Siam vive mayoritariamente del turismo, pero ese dato es ciertamente incorrecto. El comercio internacional, productos como el arroz o el azúcar y la manufactura mueven más el país, pero todos ellos son sectores que tienen que ver con el resto del mundo. Un mundo que no se ha librado del coronavirus.

El turismo, por otro lado, tampoco es moco de pavo. Su actividad significa algo más de un 15% del PIB del país, aunque dicha cifra es también incorrecta al no tener en cuenta los servicios que no pagan impuestos, los cuales son muchísimos en un país conocido por ser un destino donde dar rienda suelta a las bajas pasiones.

Por todo ello -junto a la dependencia de China y sus inversiones-, se considera que Tailandia es uno de los países más afectados por la crisis del Covid19. Aun así, el paro no ha crecido en exceso y está por debajo de los dos millones de personas, si bien la población ha empobrecido notablemente, sobre todo aquellos relacionados con lo que venga de fuera o se vaya para allá.

Pattaya Covid19
Pattaya siempre fue un destino principal en Tailandia. Ahora está en horas muy bajas.

La gente no se muere de hambre -algo que se temió en abril-, pero millones de personas han visto cómo sus salarios se han recortado a la mitad o mucho menos. Los trabajadores aceptan empleos que no se hubieran planteado jamás, y si abre un nuevo hotel las colas de millares de personas para entregar el currículum son abrumadoras. La economía en el segundo trimestre cayó más de un 12%.

Pero, hay que reiterarlo, los sectores más hundidos son aquellos relacionados con el turismo. La hotelería, los restaurantes en el centro, el comercio y hasta los 7 Eleven ubicados en zonas de viajeros están con el agua al cuello o han cerrado ya la persiana. El Gobierno trata de sufragar gastos turísticos a los tailandeses para ayudar a la economía, pero todo se queda en agua de borrajas y solo unos cuantos locales sobreviven holgadamente.

¿Cuándo se podrá viajar a Tailandia?

«Esto está muerto, no hay ni un solo extranjero y nos vamos a arruinar«. Esas son las palabras de uno de los patrones del sector turístico en la isla de Koh Samui. Una estampa que se repite en muchos de los lugares del país.

El sector de la noche está gravemente afectado. En la imagen, la zona de Nana inundada tras una lluvia.

Para algunos, esto de la escasez de turismo es más que una bendición. Estos días en las playas del golfo de Tailandia comí langostas por nueve dólares y me alojé en un hotel muy majo de la zona más céntrica por diez euros. Tomé cervezas en un Beach Bar de la más paradisíaca playa de la isla por un pavo y medio, y además estaba prácticamente solo, cuando en circunstancias normales aquello hubiera estado lleno de chinos. Y hasta pude darme el gustazo de alojarme en una villa de gran lujo con piscinas privadas y bañeras gigantes por menos de cien euros.

Pero la realidad es desoladora del lado de los que tienen negocios o trabajan en el turismo. La zona de Chaweng, antes un hervidero de actividad y diversión, ahora mismo solo está habitada por algunos perros callejeros. Todos los negocios están cerrados, desde las agencias de viaje hasta las tiendas de tatuaje. También los restaurantes o los locales de alquiler de motos. Y los pocos Family Mart que aún no han bajado la persiana cierran a la noche, pasando olímpicamente del servicio de 24 horas. Hasta los cajeros automáticos han sido desconectados y a la noche hay tramos sin farolas en la más extrema oscuridad.

Chaweng, el popular barrio turístico de Samui, es ahora un desierto de locales cerrados.

Ni siquiera con dicho panorama en tantos destinos principales se plantea Tailandia abrir al turismo. Bueno, en realidad afirman que sí lo harán, pero se limitan a anunciar medidas cuando menos kafkianas para el regreso de los viajeros. Cuarentenas carísimas, pulseras con GPS para rastrear a los recién llegados, zonas delimitadas y certificados imposibles.

A día de hoy, para entrar en Tailandia es necesario tener familia en el país o un puesto de trabajo de responsabilidad. Y aun así, el precio a pagar puede llegar a ser de hasta 10.000 dólares, ya que los vuelos son de repatriación, se requieren certificados muy caros y ante todo una cuarentena obligatoria en hoteles designados a precios inasumibles. El más barato cuesta mil euros, pero normalmente los que están disponibles son los que cuestan el triple.

Las aerolíneas, que a mí particularmente me deben bastante dinero en vuelos cancelados, están haciendo su agosto vendiendo billetes a países como los del Sureste, ya que muchos viajeros con ansia por venir a Asia ven que hay vuelos y piensan que podrán embarcar. En realidad, se quedan en tierra.

A día de hoy, la fecha que maneja la Autoridad de Turismo de Tailandia para volver a recibir turistas es octubre. Pero en julio decían que sería septiembre. Y en junio esperaban que se lograra en agosto. ¿Y si yo he de apostar? Pues creo que este año lo daría por perdido.

Se habla de opciones como montar en Koh Samui o en Phuket villas de cuarentena, en las que los turistas lleguen protegidos a Tailandia y sean trasladados a dichos alojamientos, donde no estarían en contacto con nadie por dos semanas. Los vuelos serían chárter y con todo organizado. ¿Se hará esto realidad? Difícil será.

Además, como Tailandia saca pecho por ser un país sin infecciones por coronavirus, la intención es que aquí solo se acepte a turistas que vengan de ciudades que lleven más de un mes sin contagios. Eso deja a prácticamente todo Occidente fuera de juego.

No sorprenden dichas medidas, lo que quieren es atraer a los turistas chinos, que tanto dinero dejaban en el sector. Los siguientes son el resto de naciones asiáticas. Y es por ello que seguramente tardaremos en ver que Tailandia se abra al mundo, y más que nada al occidental.

indigente bangkok
La pandemia ha traído un aumento de gente en las calles.

No obstante, todo esto son conjeturas. En realidad, todo puede cambiar en cuestión de semanas. Ahora mismo, a Tailandia le está costando mantener la mentira de que no hay Covid19 en el país. Además de no hacer pruebas, cuando alguien vuela de Siam a otro país y al aterrizar le detectan el virus. se inventan mil excusas. Estos días, además, a nacionales repatriados que llevaban hasta dos meses en Tailandia se les ha detectado el Covid19 en pruebas para volver a salir del país. Se han inventado las autoridades excusas como que tienen restos de una supuesta infección que se dio en el extranjero meses atrás.

Desgraciadamente, nadie tiene la respuesta. ¿Hace bien Tailandia en ocultar los contagios ya que el virus parece no ser muy destructivo en esta parte del mundo? ¿Es mejor mantener las fronteras cerradas y funcionar en autarquía que permitir la entrada de extranjeros y sufrir contagios? Yo no lo sé, y me imagino que los que aquí mandan tampoco.

Pero lo que parece claro es que lo de viajar por Asia, de momento, será complicado. Porque si bien llegar a Tailandia es imposible sin familia o empleo, a Vietnam ni con esas se puede. En Japón solo dejan entrar a sus nacionales, como si el virus fuera selectivo. Filipinas está hundida en un caos pandémico empeorado por una endeble economía y la galopante corrupción. De India mejor ni hablamos, y quizás el país más laxo es Camboya.

Esperemos que el mundo cambie y que las mentes más brillantes del planeta den con una solución, sea la que sea. Porque echamos de menos -y mucho- la vieja normalidad.

A contrapelo, por Luis Garrido-Julve
A contrapelo, por Luis Garrido-Julve