Con el auge del turismo a Myanmar durante la última década, el trekking desde Kalaw al lago Inle, que se realiza desde hace años y se anuncia en las guías, se ha convertido en una actividad muy popular. Explorar el paisaje cambiante y conocer las comunidades Shan, Palaung, Pa-O o Intha a lo largo del recorrido en excursiones de uno a varios días es algo que todo viajero que llega a Birmania se plantea realizar. Hoy en día hay incluso quien por miedo a que sea algo “demasiado turístico” directamente lo descarta de su itinerario.
Trekking en Myanmar
Hacerlo o no hacerlo era algo que yo no me había cuestionado pues Toni, que ya había estado 7 años atrás y lo había disfrutado muchísimo, lo recomendaba tanto que estaba dispuesto a repetirlo conmigo. Desde que empecé a trazar el itinerario por Myanmar, marqué Kalaw como punto de inicio de nuestro trekking, y esta vez lo hicimos juntos.
Sin embargo las casualidades de la vida quisieron que yo, la noche antes de empezar la ruta, leyese un artículo en el que se incluía esta actividad en una larga lista de “turistadas que todo el mundo había hecho alguna vez”. Que ahora lo realizaba más gente ya lo sabía, pero ¿sería cierto aquello? ¿habría tanta gente allí hasta el punto que aquello pareciese una romería? Aquella noche empecé a temer lo peor y a pensar que quizás hubiese sido mejor hacer una excursión en Hsipaw e ignorar ésta, pero la verdad es que ya lo habíamos contratado y la única opción era descubrirlo por nosotros mismos. Toni podría comparar la diferencia con años atrás.
¿Dónde contratar el tour?
Seguramente habréis oído hablar de la agencia de Sam, un hombre de más de 70 años y mucha experiencia como guía en la zona y que ahora tiene su propio negocio. Aquí fue donde nosotros contratamos la excursión porque Toni no recordaba la casa del guía que se ofreció a llevarlo a él años atrás. Sam os explicará delante de un mapa de toda la zona pintado en la pared, y de manera entusiasta, todas las rutas que se pueden hacer y los poblados que se pueden visitar. Se puede elegir entre excursiones de una noche a varias y también por dónde se quiere ir.
Precio y qué incluye
40.000 kyats por persona en un grupo de 6 personas y en temporada alta. Cuanto menor sea el tamaño del grupo más caro resulta, y la época del año también influye en el precio. Incluye la comida y bebida de los tres días, alojamiento, guía y cocinero.
¿Qué llevar en la mochila?
Sobretodo recuerda no llevar la mochila grande del viaje, pues cuando llevas muchas horas de caminata el peso parece que se multiplica por diez y te puede arruinar el paseo. Las agencias pueden llevar tus pertenencias en coche hasta Inle y dejarlas en el hostal que tu les pidas, y de normal no suele haber ninguna problema y las mochilas llegan sanas y salvas.
En una mochila pequeña de pocos litros mete un par de mudas limpias y lo imprescindible como cepillos de dientes o una pastilla de jabón, el protector solar y las gafas de sol para evitar salir escaldado de las horas de mucho sol. Y un poncho que te proteja de la lluvia; nosotros salimos muy felices sin él y tuvimos que terminar comprando un par tras terminar empapados el primer día. La lluvia en Birmania cala, damos fe.
Nuestra experiencia
A continuación os contaremos de manera muy breve pero con muchas fotos lo que fue nuestro trekking de Kalaw al lago Inle.
La mañana que empezamos la ruta nos reunimos con el resto de compañeros y los dos guías en la misma agencia de Sam. El tamaño del grupo era algo que ya habíamos hablado y puesto que influía en el precio y no nos importaba ir con más gente (de hecho fue un punto a favor) decidimos ir acompañados. Talya y Adam, una pareja de israelíes, ya estaban allí cuando llegamos y uno minutos más tarde llegaron David, catalán, y Chloë, una joven francesa.
Cuando los dos guías Namta y Tuti estuvieron preparados, salieron a la calle donde les esperábamos y se presentaron. Enseguida nos pusimos en marcha en dirección a la carretera y a paso firme fuimos dejando atrás Kalaw. Aquellos primeros cinco minutos que tardamos en abandonar el pueblo fueron los únicos en los que coincidimos con un par de grupos, sin embargo ya no les volvimos a ver hasta la hora de comer cuando paramos en un mirador con unas preciosas vistas, el famoso View Point.
Pese a que había llovido un poco aquella mañana y hacía un poco de fresco, no tardamos mucho en andar en manga corta. El primer tramo de la ruta no era espectacular ni difícil, simplemente nos dedicábamos a seguir el camino, pero las dos o tres primeras horas de ruta nos sirvieron para irnos conociendo y estuvimos muy entretenidos charlando.
Por la tarde se puso un poco más emocionante el viaje cuando, justo al llegar a la vía del tren que teníamos que seguir durante un tramo, estalló una enorme tormenta. Toni y yo, demasiado optimistas, habíamos decidido emprender el viaje sin chubasquero alguno, así que ante tal diluvio no teníamos nada con lo que protegernos. Uno de lo guías, al que parece que le di bastante pena, decidió prestarme un poncho que llevaba de más, pero el pobre Toni tuvo que aguantar el chaparrón, nunca mejor dicho. Fueron tan solo unos 15 minutos de lluvia, 20 quizá, andando con la cabeza agachada y siguiendo las vías, pero fueron suficientes para terminar empapados de arriba a abajo.
Suerte que cuando llegamos a la estación de tren pudimos parar a tomar algo mientras nos secábamos.
Y cuando estuvimos recuperados hicimos el último tramo hasta el poblado.
Debían ser las cinco de la tarde mas o menos cuando llegamos al poblado en el que íbamos a dormir, pero la verdad es que no tengo ni idea. Lo único cierto es que todavía tuvimos suficientes minutos de luz para poder lavarnos con el agua del pozo que había justo enfrente de la casa en la que nos íbamos a alojar.
Aquello era una casa de madera con una planta baja llena de gallinas y gallos y una primera planta con un par de habitaciones separadas. El baño estaba a unos metros de la casa, justo al lado de la caseta de los cerdos, que siempre que nos acercábamos se asomaban como si estuviesen en un balcón y nos dedicaban un par de berridos. A la familia propietaria la vimos poco, pues aparte de dejarnos dormir en su casa la interacción con ellos no fue más allá de la simple cordialidad…
Tras una exquisita cena en una de las habitaciones que nos habían reservado a los huéspedes, nos acostamos pronto en los colchones del suelo. A pesar de lo duros e incómodos que eran estaba cansada y podría haber dormido del tirón si no hubiese sido por los escandalosos gallos que no dejaron de cantar en toda la noche.
El tramo del día siguiente fue un poco más duro y terminó complicándose bastante por culpa de la lluvia. Por la mañana, tras un copioso desayuno en la casa en la que nos alojábamos, dedicamos un par de horas a subir a una montaña sin abandonar nunca los arrozales.
Desde allí arriba gozamos de muy buenas vistas. Pero no nos entretuvimos demasiado puesto que a esas horas el sol empezaba a calentar demasiado.
Tardamos un par de horas más en llegar hasta el lugar en el que comeríamos, un restaurante en una zona en la que había mercado. Entonces se puso a llover de forma dramática convirtiendo el camino que nos quedaba por recorrer en un auténtico río de agua y barro casi intransitable.
A partir de ese momento el paseo se convirtió en una gincana en la que había que atravesar zonas empantanadas, saltar ríos y charcos, y sobretodo evitar resbalarse y caer encima del fango, pues el camino de tierra era ahora tan resbaladizo como una pista de patinaje.
A pesar de todos nuestros esfuerzos por no caer en ninguna de todas las trampas terminamos metiendo el pie en el agua o cayendo de culo alguna vez, y cuando finalmente llegamos a nuestro siguiente destino teníamos las piernas de color marrón y los pies tan arrugados como pasas. Estábamos agotados, como si hubiésemos hecho una maratón, y todo aquello nos pasaría factura el día siguiente .
Como el día anterior, llegamos con los minutos de sol suficientes para lavarnos un poco, lo que pudimos con aquellos cubos de agua que tenían que ir rellenándonos cuando se vaciaban. Algunos también tuvieron que quitarse de encima alguna que otra sanguijuela…
Aquella tarde nos habían llevado a una zona menos rural, algo que parecía una especie de campamento para los turistas. Eran un montón de casas tradicionales juntas y en las más cercanas escuchamos a otros grupos de gente que hacía trekking. Sin embargo en aquellas casas vivían familias, y ante nuestra petición, los guías pidieron al matrimonio que subiesen a conocernos mientras cenábamos, queríamos al menos presentarnos ante los dueños de la casa. El marido, mucho más mayor que su mujer y completamente ciego cruzó sus piernas encima de la silla dejándonos a todos pasmados ante tal flexibilidad y sonreía mientras escuchaba al guía que le iba traduciendo. La mujer era algo más extrovertida.
El tramo del tercer día fue mucho más corto y sencillo, pero para nuestras molidas piernas duró toda una eternidad.
Tras subir una empinada cuesta llegamos a una carretera en la que empezamos a ver muchos más grupos de gente haciendo el trekking ¿Dónde se había metido toda esa gente los días anteriores? ¿Cómo habían conseguido los guías hacer que no nos hubiésemos visto entre nosotros? Aquello me resultó extraño, aunque quizás venían todos de una misma ruta alternativa… El caso es que una hora más tarde, abandonamos la carretera y todos aquellos volvieron a desaparecer y nosotros nos metimos por un camino de tierra tan roja que me acordé de Madagascar.
Andábamos por un pequeño camino paralelo a la carretera hasta que finalmente nos metimos de lleno en el campo. A lo lejos veíamos el lago, estampa que nos motivó y dio fuerzas a nuestras molidas piernas que suplicaban llegar.
Y a la hora de la comida estábamos allí. Una rica sopa de noodles y un breve descanso a la sombra de los inmensos árboles que teníamos alrededor fueron la despedida de aquella caminata. Después subimos a la barca que nos llevó a cruzar el lago llegar hasta Nyaung Shwe, la ciudad desde la que el día siguiente empezaríamos a descubrir la zona de Inle.
¿Recomendamos el trekking?
Nuestra experiencia haciendo el trekking, a pesar de las agujetas, fue grata. Coincidir con otros viajeros no fue en ningún momento un punto en contra sino que lo hizo más enriquecedor. Se trata de un trekking que puede realizar casi todo el mundo sin necesidad de tener un alto nivel físico. Si te has propuesto no ver a ningún otro turista probablemente este no sea tu destino, quizás mucho mejor ir Vieng Phouka, en el norte de Laos si es que sigue todavía como cuando fuimos nosotros, pero si la gente no te condiciona la caminata de Kalaw al lago Inle tiene mucho que ofrecerte. Disfrutaras de los paisajes, estarás unos días disfrutando de la naturaleza y tendrás la oportunidad de conocer mejor la forma de vida de la gente de los poblados.
Crees que se puede hacer con niños de 11 y 13 años? Sería muy duro para ellos? Estamos pensando ir en julio de 2020