Bodas zombi y ‘amor’ en el más allá en la tierra de Hello Kitty

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Taiwán es uno de esos países asiáticos en los que difícilmente se padecen calamidades. Con unos niveles de delincuencia ínfimos y unas ciudades donde el tráfico es tan irrealmente cívico como en un capítulo de Barrio Sésamo, a veces a uno solo le queda temer una indigestión al llenarse la panza con tanta picante sopa roja malá y las míticas empanadas xiaolongbao. Y aunque se obre la desgracia, la sanidad en el país es de las mejores del mundo. Tanto, que a veces los médicos están más preocupados en practicar su inglés que en tratarte. «¿Me va a curar o vamos a hacer intercambio de idiomas?», tuve que preguntar una vez.

Estos días están de elecciones en Taipéi y, mientras en el cercano archipiélago de las Filipinas la propaganda política del pasado año mostraba a tipos duros con machetes y pistolas, en la previamente conocida como isla de Formosa los candidatos aparecen ornamentados con coronas de juguete. Y, en lugar de prometer seguridad -para qué-, algunos candidatos intentan camelarse al electorado prometiendo festivales de música electrónica gratis todos los viernes si salen electos.

elecciones Taiwán
Dos carteles de las elecciones presidenciales en Taiwán la próxima semana. A la izquierda, el prometedor de ‘raves’, y a la derecha uno de los favoritos.

Es tan chirriante el asunto de la escasez de infortunios en el más acá que, a veces, han de buscar refugio en la diosa fortuna o en el lejano más allá. Porque Taiwán es heredero del ocultismo chino y, en un país donde muy pocas veces ocurre desgracia alguna, al final lo fácil es refugiarse en lo que no se puede ver ni palpar.

Es por eso que la mayor advertencia que me dieron el mes pasado durante mi enésima visita a Taipéi no fue que tuviera cuidado al moverme por el país o que pusiera ojo avizor en según qué callejones. La advertencia más curiosa fue que mirara al suelo con cautela. Y sin avaricia. «Si te topas con un sobre rojo que lleva dinero, ¡ni se te ocurra cogerlo!».

Menuda advertencia, ¿en qué país del mundo cualquier paseante se encuentra unos billetes en la calle y los deja ahí como si nada? Pues en Taiwán. No es extraño que pueda uno ver uno de estos relucientes sobres más conocidos como angpao, que sirven para ofrecer dinero como regalo. Los que son tan habituales en el año nuevo chino.

angpao sobre rojo china

Recoger del suelo uno de estos sobres rojos es como aceptar casarse con un cadáver. O con el fantasma del difunto, mejor dicho. Es la vuelta de tuerca taiwanesa a las bodas entre muertos, un clásico milenario de la cultura china. Es más, los hijos del imperio más grande del planeta ya casaban a los espíritus de sus seres queridos desaparecidos antes de que religiones como el budismo o el catolicismo aparecieran.

Normalmente, dicho ofrecimiento callejero en sobre rojo se deja en algún lugar visible de la calle como reclamo de unos padres de unos padres que han perdido a su hija. El trato es el siguiente: cualquiera que acepte dicho montante ha de cumplir con la condición de casarse con la muchacha muerta.

Uno podría pensar que el asunto se queda en agua de borrajas si agarra la plata y sale por patas. Pero es algo más complejo, ya que la familia del difunto lo que quiere es cargarle el muerto al primero que por allá pase y están esperando ver que uno se hace con el sobre para aparecer allá y montar la boda exprés.

Tratar de salir del embrollo sin pasar por el altar es difícil, ya que este tejemaneje se toma muy en serio en Taiwán. Y luego está el detalle de que casarse con un difunto obliga a ser fiel y no ponerle los cuernos al más allá. Precisamente, en un país en el que la infidelidad es delito, por lo que meterse en cama ajena si tienes al difunto esperando en la otra vida es romper la ley y puedes acabar sentenciado.

Elecciones Taiwán
A la izquierda, la actual presidenta de Taiwán que quiere ser reelecta. A la derecha, puro Taipéi.

Este asunto de las bodas entre muertos es muy común en Taiwán, pero en el resto de China no se quedan cortos. Los hijos de Mao, en el continente, suelen practicar rituales de boda entre dos muertos de manera mucho más macabra. Hay casos en los que se llega a matar a personas con problemas mentales para vender los cuerpos en bodas fantasma.

En Taiwán todo es más de estar por casa. Como el tema de las elecciones, donde si uno ha de creer en política puede quedarse con la imagen superior. Junto a la actual presidenta -minino en mano-, al lado tenemos un cartel del segundo partido, cuyo candidato viste de licra y se enfrenta a lo que a mí me parece un pulpo, pero que es otro ser. «Exterminemos la maldad de los dinosaurios para que podamos vivir en justicia», reza el cartel. Apasionante.

Al final, todo se trata de creer en algo. Sea lo que sea. Como si es en Hello Kitty. Conozco a un gran tipo que un día se tatuó un gatito de la marca japonesa justo en la entrepierna y, en lugar de que el dibujo en su piel defenestrase sus rifirrafes entre sábanas, sus amantes acabaron por plagiar la gesta y se tatuaron el mismo logo junto a sus partes bajas. Hoy en día, más de uno en Asia esconde un Hello Kitty en sus pantalones a ver si le da el mismo resultado.

Muertos vivientes y chamanes ‘amorosos’ en Tailandia

coche Hello Kitty
Un taxista de Bangkok ha decorado su taxi -por dentro y por fuera- con motivos de Hello Kitty.

Tailandia son palabras mayores. En casi todo. Y también en el Reino de Siam lo de Hello Kitty es capaz de mover pasiones. Por ejemplo, hay una gigantesca cafetería pomposa de la marca nipona donde los fieles van a hacerse fotos y tomar el té. De color rosa, claro.

En Bangkok y en otras ciudades de Siam se cree en casi todo. De la fusión de la religión con el ocultismo y otros misticismos ya hablamos en su momento. Pero lo que más mueve todo en el país son las supersticiones y las ideas de los chamanes. También en lo de casarse con los muertos o jugar con el más allá.

Ahí está el caso de las muchachas y muchachos que reciben el año nuevo saliendo de ataúdes, como si renacieran de vidas pasadas en una versión trasnochada de cualquier película barata de zombis. Pero también hay asuntos nupciales con el mundo espectral en suelo tailandés.

Muñeca macabra Tailandia
El canal de Phra Khanong es uno de los distritos más ocultistas de Bangkok. Esta imagen es normal en el barrio.

Las leyendas de fantasmas y espíritus más famosas de Tailandia ocurren en Phra Khanong, y de eso tiene la culpa la leyenda de Mae Nak, una mujer recién casada y embarazada en el siglo XIX que murió mientras su marido estaba en la guerra. El fantasma de la dama, dicen, persiguió a su cónyuge y mató a mucha gente por el camino.

Y es que el amor interrumpido por la llamada de la fría dama o las nupcias con los fantasmas son otro de los grandes clásicos del folklore tailandés. En el mismo distrito de Phra Khanong, junto al canal, este año pasado apareció el vestido de boda de una joven. Y, al mismo tiempo, todo rastro humano se esfumó.

traje de novia tailandia

Ese mismo lugar es precisamente donde se dice que paseaba el fantasma de Mae Nak hace casi dos siglos. Pero el caso es que el pasado año una mujer murió el día antes de su boda. Y el marido desapareció. Es por ello que algunas de las gentes del lugar estiman que su fantasma está en el canal, buscando a su marido o a otro candidato.

Las gentes del canal de Phra Khanong han optado por lo sencillo en su cultura: colgar su vestido de boda en un árbol en ofrenda hacia su fantasma. Con ello esperan apaciguar su alma. Eso sí, por la zona donde murió la novia no pasea ni un gato, mucho menos aún si es negro.

Algunos también quieren poner un maniquí de hombre vestido de novio, pero eso son los más cercanos a la cultura china. Al fin y al cabo, los asiáticos gustan tanto del espiritismo como de querer ser más listos que el más allá. Por eso, los chinos queman casas de plástico, coches de papel y dinero falso en el momento de mandar a alguien al otro lado, ya sea al incinerarlo o enterrarlo. Así esperan engañar al mundo de los fantasmas y que al ofrendar objetos falsos el que esté a cargo de entregarlos en el otro lado no se dé cuenta y los canjee por sus homónimos de verdad. Pero yo apostaría a que los espectros no se fían cuando les envían algo made in China.

A contrapelo, por Luis Garrido-Julve
A contrapelo, por Luis Garrido-Julve
1 comentario
  1. Nando Baba dice

    Sin que pretenda engordar un poco más tu ego, te confesaré que siempre espero ilusionado la publicación quincenal de «A CONTRAPELO»: ¡Gustazo, oiga!

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