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Cap. 14 – Subida al Poon Hill y llegada a Nayapul. Final del trekking

Frente a los Annapurnas
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Etapa 15 Trekking circuito del Annapurna. De Ghorepani a Pokhara

Todavía era de noche cuando salimos de Ghorepani en dirección al Poon Hill. Eran las cinco de la mañana y delante del hostal una hilera de personas que subían de alojamientos situados en la parte baja del pueblo iluminaba el camino con sus linternas frontales. Aquella escena me recordó a la madrugada en la que partimos en dirección al Thorong La y que ahora parecía tan lejana. En ese momento empecé a ser consciente de lo cerca que estaba el final del trekking.

Pagando los tickets para subir al Poon Hill
Pagando los tickets para subir al Poon Hill

Nos metimos en la fila y empezamos a subir con el resto de personas. Todo el mundo caminaba en un inquietante silencio interrumpido solamemte y de vez en cuando por la fuerte respiración de alguien que se fatigaba. A los pocos minutos hicimos una breve pausa para comprar los tickets y enseguida reanudamos la procesión. Arriba, arriba, arriba, zig-zag, zig-zag. El ritmo era muy lento casi más por el ayuno que por la falta de luz o la dificultad del recorrido, que no era excesivamente largo pero terminó haciéndose más pesado de lo que me hubiese gustado.

La subida amaneciendo
La subida amaneciendo

Una gran explanada nos indicó que habíamos alcanzado la meta y mientras llegaban los últimos empezó a amanecer. Con los primeros rayos de sol comenzamos a intuir la silueta de la gran cordillera que se alzaba ante nosotros dejándonos sin aliento cuando finalmente se dejó ver del todo. El Annapurna I, Annapurna South, Annapurna II, Dhaulagiri, Nilgiris y el Machhapuchhre (Fish Tail) eran algunas de las montañas que se podían contemplar desde aquel mirador lleno de privilegiados que en esos momentos podíamos disfrutarlas. Contemplando aquella estampa a una le venían a la mente historias de escaladas con finales trágicos, imágenes de la dura vida en el Himalaya y de monstruos que habitan en la imaginación. Aquellas montañas estaban llenas de historia y leyendas y parecía que con tan solo alargar el brazo uno podría acariciarlas.

Toni en la señal del Poon Hill
Toni en la señal del Poon Hill
Frente a los Annapurnas
Frente a los Annapurnas
El impresionante Dhaulagiri
El impresionante Dhaulagiri
Annapurna I, South y II, y a la derecha el "Fish Tail"
Annapurna I, South y II, y a la derecha el “Fish Tail”

Cuando el sol fue suficiente para ver las caras de la gente nos dimos cuenta de que de las decenas de personas que había allí arriba en ese momento ya no conocíamos a nadie. Entonces nos percatamos de que nos habíamos metido de lleno en el terreno de los trekkings cortos y que aquel día iríamos todo el camino acompañados. La mayoría de esas personas llegaban allí desde Pokhara en una caminata de no más de 4 días y una vez alcanzado el Poon Hill volvían al punto inicial.

Con Yam decieindo si nos bajábamos
Con Yam decidiendo si nos bajábamos

Cuando nos hartamos de hacer fotos, que no fueron pocas, volvimos a descender los algo más de 300 metros que nos separaban del hotel y fuimos directos a desayunar. La caminata matutina nos había abierto muchísimo el apetito.

Cara-pan
Cara-pan

No nos entretuvimos demasiado y cuando terminamos cogimos las mochilas y empezamos a andar, pues nos quedaba una larga jornada hasta llegar a Nayapul, teníamos que descender nada más y nada menos que 1788 metros.

Empieza la bajada
Empieza la bajada

Igual que el día anterior, los escalones volvían a a ser los protagonistas, y si antes los aborrecí por tenerlos que subir, ahora los odiaba por tenerlos que bajar. No había dos escalones en todo el recorrido que fuesen del mismo tamaño: uno grande seguía a uno pequeño y uno ancho a uno estrecho por no hablar de los peldaños rotos y los prácticamente destrozados. La mirada tenía que estar clavada en el suelo pendiente de donde se posaría el pie al dar el siguiente paso y los tobillos y las rodillas se resentían al ritmo que descendíamos. Estar constantemente concentrado en el camino era algo que me agotaba. Sin embargo parecía que habíamos cambiado ya totalmente el escenario. Recuerdo que por primera vez en muchos días se respiraba un ambiente primaveral; la temperatura, la vegetación y la cantidad de gente que andaba en procesión arriba y abajo así lo hacían parecer.

¿Os había hablado de los escalones?
¿Os había hablado de los escalones?
Más escalones...
Más escalones…
Menos mal que las vistas eran muy buenas
Menos mal que las vistas eran muy buenas

Andábamos todo el rato por la ladera de la montaña con su espectacular vista y casi apreciando cada metro que descendíamos pues siempre teníamos algún punto de referencia por debajo de nosotros.

Casi a las 11, cuando atravesábamos el pequeño pueblo de Ulleri decidimos parar un poco a hacerno un té, para en pocos minutos reemprender y seguir la marcha: abajo, abajo, abajo… Aquello era interminable.

Lugar donde paramos a hacernos un té
Lugar donde paramos a hacernos un té

Una hora más tarde llegábamos a Hille, donde decidimos parar a comer en un puesto con el comedor con vistas al valle. Era la última comida del trekking y nos comimos el último dal bath del recorrido, no podía ser de otra forma.

Nuestro restaurante para comer
Nuestro restaurante para comer
Vistas desde nuestro restaurante
Vistas desde nuestro restaurante

Las dos horas y pico siguientes fueron la parte más sencilla. La parte más empinada del trayecto ya la habíamos pasado, y a pesar de la persistente e intensa lluvia y lo transitado que estaba pudimos disfrutar de aquel camino entre pueblecitos que nos llevó hasta la meta.

El último puente colgante del trekking que cruzaría
El último puente colgante del trekking que cruzaría

Nayapul apareció ante nosotros tras pasar el último chek point hacia las tres del mediodía y el encuentro con la ciudad nos produjo una mezcla de emociones. La sensación general era agridulce pues la nostalgia de los dias de trekking que fue inmediata se contraponía a la alegría y casi alivio de haber terminado el reto.

Nayapul ,nuestra meta
Nayapul ,nuestra meta

Un sin fin de sentimientos nos recorrieron durante la casi hora y media que estuvimos dentro del taxi hasta que llegamos a Pokhara. Se acabaron el frío, los madrugones y las agujetas, pero nos despedíamos tambien del continuo descubrimiento de nuevos paisajes, gentes y a nosotros mismos. Porque si algo descubrí durante los 15 días del trekking es que mis límites estaban mucho más lejos de lo que yo pensaba antes de empezar el trekking, así que lo que había perdido en kilos lo había ganado en confianza. Me llevaba una mochila entera de recuerdos que conseguí ir llenando quitando miedos y dudas. Y sobretodo nos llevábamos la satisfacción de haber podido compartir aquello con un porteador de excepción y mejor persona. Qué hubiese sido de mí sin Yam… No podíamos despedirnos de él sin darle su más que merecida propina e invitarlo a cenar en un bonito restaurante que encontramos en la calle más ajetreada de Pokhara.

Yam y Toni en el restaurante de Pokhara
Yam y Toni en el restaurante de Pokhara

Y así fue como la nostálgica despedida del trekking de los Annapurnas fue amortiguada por una Pokhara que nos dio una buenísima primera impresión. Aquella ciudad nos ayudaria a sobrellevar la pena, seguro…

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