La crónica cósmica. Apareció en escena la epidemia del coronavirus

La crónica cósmica. Apareció en escena la epidemia del coronavirus
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (5 votos, media: 4,00 de 5)
Cargando…

Estoy planteándome la posibilidad de cambiar el título de estas crónicas y llamarlas simplemente “las crónicas de Sauraha”, pues poco a poco ya empieza a parecer que vaya a pasar el resto de mi vida aquí, junto al Parque Nacional de Chitwán en el Nepal.

Empecé a presagiarlo en diciembre cuando llegué de Malasia y sentí una alegría especial que superaba a la de otras ocasiones (os recuerdo que he estado viniendo a este gran jardín durante los últimos diez años). Aparte del confort que podría denominar de hogareño, y también de la buena relación que mantengo con mis amigos locales (al Señor Tolstoi ya se le puede considerar como tal), tuve la impresión de que mi cuerpo me suplicase, “Por favor, papanatas, ¿podrías dejar de correr de un lado a otro y descansar una temporada en el mismo sitio?”.

Posteriormente, con el rápido transcurso de las semanas, esos deseos se multiplicaron en vez de disminuir y decidí que extendería un mes más el visado nepalés (de tres meses). Pero entonces, ¡Boom!, apareció en escena la epidemia del coronavirus y, con ella, la reacción histérica mundial que está provocando el cierre de fronteras, la cancelación de algunos vuelos y, en fin, muchos inconvenientes para viajar. Al pensar en la posibilidad de que a todo ello se le añadiera el riesgo de terminar pasando una cuarentena apelotonado con otra gente, ya fuese en una población, un hotel o un hospital, lo tuve claro, y me dije: “Solicitaré los tres meses de visado que me quedan del 2020 y me quedaré en Sauraha hasta que se aclare un poco todo este asunto viral”. Mejor sitio, imposible: aire puro, poca gente, cuatro turistas y ni una sola mascarilla que me recuerde lo que está sucediendo en el mundo.

Solamente hay de por medio una incertidumbre (Nepal es el país de la incertidumbre): ayer el gobierno nepalés acordó que, debido a la epidemia del coronavirus, a partir del 7 de marzo (fecha en que se publicará esta crónica) dejarán de concederse automáticamente visados al llegar al país y los turistas tendrán que solicitarlos con anterioridad en las pocas embajadas que existen: según me han dicho, los españoles tendrán que solicitar el visado en la Embajada del Nepal de París.

Igual que hacen frecuentemente los gobiernos tercermundistas (el de la India es especialista en ello), supongo que tomaron esa decisión sin plantearse las consecuencias, como los líos que tendrán quienes no sepan nada de ese cambio, y ya no digamos si una agencia de viajes se presenta en el aeropuerto de origen con un grupo de cincuenta pasajeros y, al solicitar las tarjetas de embarque, les dicen que ni, ni, ni, ni. Se podría considerar el caos que van a organizar como efecto colateral de la enfermedad.

NOTICIAS DE ÚLTIMA HORA: Ahora el gobierno del Nepal ha comunicado que esas disposiciones acerca de los visados afectarán solamente a los ciudadanos chinos, coreanos y japoneses.

La incertidumbre personal que mencionaba se debe a que mi visado caduca justo el día antes (6 de marzo). En mi paranoia me pregunto si ese nuevo decreto gubernamental me afectará de alguna manera. Lo sabré mañana cuando me presenté en la Oficina de Inmigración de Pokhara (me queda más cerca que Katmandú: cinco horas de trayecto en vez de siete, y sin que haya normalmente colas para solucionar el papeleo).

Los riesgos en ese largo día, aparte de la peligrosa carretera, que de todos modos tiene unos paisajes maravillosos y si todo va bien estaré de vuelta al anochecer, es que compartiré el espacio y el oxígeno con otras personas, primero en un minibús y luego en la populosa ciudad de Pokhara, que visité por primera vez en el año 1981 cuando era solamente un pueblo. Será parecido al riesgo que corría durante mis rápidas y cortas estancias en Delhi en la época en que los terroristas detonaban alguna que otra bomba: corre, corre, no pares, y regresa cuanto antes al Paraíso. En la próxima crónica tendréis más noticias al respecto.

VÍCTIMAS

Las viudas de Bangladesh cuyos maridos murieron al ser atacados por un tigre, sufren una doble pena porque, aparte de la pérdida familiar y los problemas económicos que ésta les ocasione, padecen el ostracismo general de la población, pues creen que ellas traen mala suerte y las culpan de esas desgraciadas defunciones. También puede que se las acuse de brujas o de estar embrujadas.

Richa es una mujer nepalesa que fue vendida por su padrastro cuando todavía era una niña. Tras varios años de permanecer esclavizada, fue rescatada por una organización caritativa que le dio estudios, educación y una profesión: guía turística. Su vida pegó un nuevo giro cuando, al regresar con un grupo de turistas desde la India, la policía halló “sustancias ilegales” en su equipaje y fue condenada a permanecer varios años entre rejas. Tal como sucederá a cualquier animal faltado de libertad, incluidos los seres humanos, Richa se desquició. Al ser liberada estuvo viviendo en las calles de Katmandú hasta que fue rescatada por la ONG “Koshisa”. Actualmente es embajadora de esa organización caritativa y se especializa en ayudar a los indigentes de la India y el Nepal que sufren trastornos mentales.

LA TABERNA GALÁCTICA

Encontré al Señor Tolstoi junto a la barra y, como sería de esperar, en cuanto nos hubimos tomado un par de tragos me contó una historia interesante: “La madre superiora de un orfanato ruso, alquilaba niños y niñas a unos tipos viciosos que llamaban a sus puertas de noche. Pero no creas que esta barbaridad forme parte solamente del pasado, porque cuando se denunció recientemente a esa alcahueta religiosa y la notica apareció en la prensa consiguiendo que la destituyesen, su substituta continuó inmediatamente con tan rentable negocio. Por cierto, ¿sabías que en Rusia producen un sucedáneo de la leche usando aceite de palma?”.

Ahora se juntó con nosotros un joven que resultó ser paisano mío y nos contó la siguiente anécdota: “Un día, en Barcelona, vi que un gitano rondaba mi negocio y salí a preguntarle qué hacía allí. Me replicó de mala manera que no era de mi incumbencia y me mandó a paseo. Le dije que se largara y me amenazó con un palo que llevaba. Cuando le solté una última advertencia, trató de golpearme. Entonces, sin tiempo para pensar, reaccioné usando mis conocimientos de Jūjutsu y yudo. Pero tuve la mala suerte de que, al tumbarlo, se golpeó el cogote contra el bordillo y terminó en el hospital con un trauma craneal. Fui juzgado por intento de homicidio y me condenaron a cinco años. Afortunadamente mi abogado recurrió la sentencia y me la rebajaron a dos años, que no tuve que cumplir por ser mi primer delito. De pronto mi país había dejado de gustarme y decidí probar suerte en Asia. Llegué al Nepal después de echarle un vistazo al Sudeste Asiático. Me enamoré de una mujer de la etnia tharu y me casé con ella. Y allí sigo”.

El eficiente camarero dejó por unos momentos de servir copas y, dándonos una muestra de su amplia cultura, le explicó al Señor Tolstoi: “La primera operación de trasplante ocular con la que un ciego recuperó la vista la realizó un oftalmólogo ruso siguiendo las indicaciones de un libro hindú de medicina escrito miles de años antes”.
A mis espaldas escuché como un italiano, borrachito y cuarentón, le explicaba riendo a un compatriota: “Se lo debo todo a mi mujer, porque, de no haber sido por ella, no me habría largado de casa y continuaría aburriéndome a su lado en vez de ser un feliz trotamundos. ¡Ja!”.

El otro italiano demostró ser bastante distinto al contar casi con devoción: “Conocí a mi media naranja en un concierto de Peter Gabriel. Nos enamoramos y estuvimos saliendo juntos una temporada, hasta que le propuse matrimonio. Entonces ella dudó y, observando mi reacción con cara compungida, me confesó que, según le habían diagnosticado los médicos, era prácticamente estéril. Siguiendo los consejos de mi desmadrado sentido del humor, aparenté ponerme muy serio y permanecí unos momentos en silencio como si estuviese reflexionando. Luego le alegré el día diciéndole que jamás había deseado ser padre y que, si ella no podía ser madre, nos ahorraríamos un pastón en condones. ¡Ja, a los tres meses se quedó preñada y parió un par de precisas mellizas que nos alegraron la vida!”.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Send this to a friend