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La crónica cósmica. ¡Hasta la próxima, Vietnam!

La crónica cósmica. ¡Hasta la próxima, Vietnam!
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HASTA LA PRÓXIMA, VIETNAM. Cuando llegué a este país y titulé la primera crónica “Good Morning Vietnam” recordando la película en la que el genial Robin Williams interpretaba a un locutor de la emisora radiofónica que el ejército norteamericano tenía en Saigón, yo iba de un lado a otro con los ojos desorbitados como un bebé recién nacido, pues tal era el asombro que me provocaba cuanto veía; y ahora, tres meses después, mientras hago el equipaje disponiéndome a partir tras haber visitado algunos de los lugares más emblemáticos y convivido con sus gentes, continúo pasmado, pero también seducido, y sé que regresaré en un futuro no muy lejano.

Tal como hago habitualmente en estos casos, será inevitable que esta última crónica tenga la forma de un sabroso cóctel, que incluirá docenas de ingredientes, con el que pretenderé cándidamente alimentar vuestra aletargada imaginación y llenaros el coco de imágenes. ¿Vamos allá?

Lo de los monzones fue un amago que se quedó en nada a excepción de la norteña Lai Câu, provincia en la que hubo inundaciones y avalanchas que dejaron una treintena de muertos. Empeorando las cosas, a continuación desaparecieron las nubes, y en Mai Châu hizo un calor que me pareció agobiante hasta que vine a Hanoi, donde la temperatura sólo desciende de los 38º de madrugada, y me paso los días bajo la ducha porque, con tan sólo ir hasta la esquina a beber un café, regreso completamente sudado.

Tomé el “local bus” hacia aquí gozando la agradable sensación que me provoca el hecho de poder dirigirme después a mil sitios distintos y no saber todavía cuál sería.

Me sorprende que los vietnamitas silben, porque es algo que los indios y los nepaleses no hacen jamás debido a la superstición popular de que trae mala suerte: ¡Ja!

Comparando asimismo a Vietnam con esos dos países, añadiré que me ha maravillado la perfecta organización y puntualidad de todos los servicios, caso parecido al de la limpieza que he encontrado en cada pensión o casa, que también sería insólita junto al Himalaya.

En Vietnam existe una ley (absurda como tantas otras) por la que las contribuciones urbanas que pagan los inmuebles dependen de su anchura; así que en todos lados, e incluso en medio del campo, se hallan unos edificios exageradamente estrechos, feúchos y alargados parecidos a tubos como las casas de mi pueblo, que fueron construidas en unos terrenos que habían sido inicialmente parcelados para servir de huertos.

Siguiendo con la arquitectura y las curiosidades, al viajar por Vietnam he visto continuamente las iglesias católicas que dejaron tras de sí los franceses, pero también hay algunas ostentosas villas de reciente construcción que siguen el mismo estilo de las iglesias y tienen su imprescindible cúpula.

Antes de venir a Vietnam el amigo valenciano me comentó que, debido a la corta estatura de los vietnamitas, me sentiría como un gigante (ya tengo esa sensación en la India y el Nepal), pero de todos modos no esperaba encontrarme con unos baños públicos que parecen estar destinados a niños pequeños, o unas barandillas que son peligrosas porque sólo me llegan a media pierna.

La mala educación: Igual que en Occidente, he sido testigo muchas veces de cómo los críos que todavía no andan o hablan y van en brazos de papá o mamá, señalan en las tiendas las porquerías que quieren comprar. Es el puto sistema capitalista, ¡Consume! ¡Consume!, de estos países supuestamente comunistas: ¡Por las calles de Hanoi circulan muchos Porche, BMW, Ranger Rover y Mercedes, y ayer incluso me crucé con un Rolls Royce! Me reí (por no llorar) al ver los espectaculares anuncios de unos nuevos y lujosos rascacielos a los que han dado el nombre de “Zen Residence”. ¡¿Ja?!

Aunque, debido a mi senilidad, gandulería y poca memoria, en estos tres meses no he aprendido una sola palabra del idioma vietnamita (aparte del saludo “Xin Chao” que se quedó grabado en mi mente escuchando al amigo valenciano), sí os puedo decir que a Inglaterra la llaman Anh, y a Francia, Phàp; y que la traducción de “Alicia en el País de las Maravillas” es “Alice ó Xú Só Thân Tién”.

Al mencionar en la última crónica que Canadá había legalizado la maría, debería haber añadido que me iré de Vietnam sin haber probado la hierba local a pesar de ser muy renombrada y que los taxistas la venden por la calle o los jóvenes la fuman en los bares: ¡Viejo!

En las cuestiones gastronómicas he aprovechado estos días en Hanoi para comer de nuevo algunos de los deliciosos platos que me hiciese probar el amigo valenciano, como el “chá cá” (de pescado) que te preparan en la mesa, o el “bun cha” (de carne) en un restaurante en el que me recordaban y me emocionaron al preguntarme, “¿Where is your friend?”. ¡Rediós, qué encantadores llegan a ser! Y en cuanto a las sonrisas: ¡Puedes ver sus sonrientes miradas por encima de las mascarillas que usan casi todas las motociclistas!

Las imágenes de Vietnam incluyen siempre e invariablemente a las vendedoras ambulantes de fruta, verdura u otros productos que transportan en dos canastas colgadas en los extremos de una caña de bambú y se cubren la cabeza con los típicos sombreros cónicos de paja.

Las sandalias tailandesas que compré en Kanchanaburi (Tailandia) hace dos años se rompieron literalmente y al mismo tiempo como si tuviesen un chip en el que estuviese marcado un número exacto de kilómetros a recorrer. Lógicamente, ambas habrían andado una distancia idéntica; y si le pongo (como mínimo) una media de cinco kilómetros diarios durante dos años, o sea 730 días, saldrían 3.650 kilómetros, ¿verdad? Umm, no está mal para un viejo reviejo. Durante los paseos, igual que los ratos que paso bebiendo unas cervezas con la mirada perdida en un buen paisaje, mi coco me ametralla con distintas ideas acerca de lo que escribiré en estas crónicas o en la novela de turno (estoy en la página ciento ochenta de “Y, sin embargo, amigos”, en la que los personajes principales son un gato, un chihuahua, un macaco, una ardilla, un cuervo y un hombrecito del Kalahari).

A pesar de que el famoso “Golden Triangle” o “Triángulo del Opio” empezará pronto a llamarse el “Triángulo de la Metanfetamina” porque esa es la droga que actualmente tiene más éxito, las autoridades de Laos celebraron el “Día Contra la Droga” quemando cuarenta kilos de heroína.

Heroína, pero de otro tipo más positivo, es una mujer vietnamita de veintiocho años llamada Nguyen Thi Thu Trangs que fundó la ONG “WildAct” para proteger a los animales salvajes de la explotación y el comercio. También es embajadora de las Naciones Unidas para la “Fauna Salvaje” (Wildlife), y actualmente trabaja sobre todo en la conservación del rinoceronte africano colaborando con “Helping Rhinos”. Su vocación brotó de pequeña al ver animales encadenados (sobre todo monos y osos); posteriormente estudió “Conservación” en las universidades de Liverpool, Cambridge y Kent, y ha participado en diferentes proyectos en Madagascar, Sudáfrica, Kenia, Indonesia y Camboya. Ella coopera asimismo con “TRAFFIC”, subvencionada por la WWF de Alemania, grupo que acaba de acordar con cuarenta compañías alemanas y vietnamitas luchar contra el comercio de animales ya sea en la forma de souvenirs o consumo: ¡Bien!

Efemérides: En estas fechas, pero del año 1801, las tropas británicas vencieron a las francesas en Egipto y tomaron control del Cairo. En 1950 el presidente norteamericano Truman decidió prestar ayuda militar a Francia para que reconquistase Vietnam y dio el que sería el primer paso para inmiscuirse en los asuntos de este país. ¿Sabíais que posteriormente la CIA entregó armas a los vietnamitas con el fin de ayudarles a librarse de la presencia francesa? En junio del año 1966 (¿bajo la presidencia de Johnson?) los aviones norteamericanos bombardearon por primera vez Hanoi.

Las dos caras de la misma moneda: Mientras los miles de granjas de gambas y otros mariscos que hay en el Delta del Mekong polucionan el agua y el aire de una forma horrorosa, las gentes que viven en la provincia de Trà Vinh están plantando manglares en todas sus costas para dedicarse exactamente al mismo negocio, pero de forma natural y ecológica.

MIRA LO QUE PIENSO

  • ¿El detonante de la violencia es la cobardía (que provoca el miedo)? ¿La cobardía es la razón por la que los hombres de ciertas culturas reprimen a las mujeres (debido al miedo que les tienen)?
  • Eran tan cabrones que incluso nos querían prohibir el placer.
  • Me caen gordos los hipócritas que se presentan como “animalistas” pero son carnívoros, o los supuestos ecologistas que usan el coche para ir de compras a la esquina.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba
1 comentario
  1. chivolocol dice

    Para cuando una nueva entrega de: una cerveza con…?
    se está demorando demasiado ;-)
    salu2

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