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La crónica cósmica. Al viajar, voy cambiando el decorado

La crónica cósmica. Al viajar, voy cambiando el decorado
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BUENA, BONITA Y BARATA. Este título se refiere a Kanchanaburi, mi querida ciudad tailandesa, y se me ocurrió mientras contemplaba el precioso río Kwai desde esta cama que me sirve de oficina en la cabaña B-10 de la “Sugar Cane Guest House”. Una de las mayores virtudes de esta población son los precios, pues la comida y la vivienda me cuestan la mitad que en Mae Hong Son, y una cuarta parte que en las turísticas islas que hay al sur del país.

Por primera vez en mi vida que me gustó recibir una negativa. Tan insólito hecho sucedió cuando, al llegar a esta pensión en la que me hacen un buen descuento, le propuse a la directora que me aumentase un poco el precio del alquiler que ha permanecido invariable durante los últimos cuatro años; entonces ella telefoneó a la propietaria y, tras charlar un ratito, me dijo: “Ni, ni, ni, ni”, y que yo seguiría pagando exactamente lo mismo. Umm, mejor imposible.

Si yo escribiese para un periódico sensacionalista, ahora podría afirmar desvergonzadamente: “¡Fui atacado por la espalda y a traición por un peligroso animal salvaje que me hirió dolorosamente!”. Sin embargo, lo que ocurrió realmente fue lo siguiente: salí de paseo al amanecer y, tras cruzar el río por un puente (que no es el mundialmente famoso “Puente sobre el Río Kwai”), anduve un par de kilómetros por una carreterita solitaria hasta llegar frente a una valla de reciente construcción que salté descaradamente.

A partir de ahí me adentré por un sendero que tenía, por un lado, unos cañizares, y por el otro, una laguna cubierta de lotos en flor entre los que picoteaban una veintena de cigüeñas. Me sorprendió ver por el suelo muchas conchas de caracol exageradamente grandes, y deduje que sus inquilinos habrían servido de desayuno a las cigüeñas.

Al ser yo un andarín precavido, presté atención en dónde ponía los pies; pero al poco caí en la tentación de mirar una cigüeña que pasaba volando justo por encima de mí y, ¡Ah!, aplasté y rompí una de esas conchas con el tacón de la sandalia del pie izquierdo, recibiendo como premio un perfecto y doloroso corte vertical en el talón. Título de la película: La Venganza de la Concha. Pensé en Aquiles, y recordé que siempre me había caído gordo el pusilánime de Paris.

Regresé a la pensión cojeando, y alarmé al personal porque la sandalia y el pie se hallaban completamente teñidos de rojo. Debido a tan inoportuna herida, y sabiendo por experiencia lo difícil que es curar las heridas de los pies, durante esta primera semana he permanecido convaleciente sin poder hacer mis paseos habituales por unos lugares que son precisamente una de las razones por las que me gusta Kanchanaburi.

Durante estos días, y como si fuese hecho a propósito, leí que los lamas budistas (¡Y también una gran parte de la población mundial!) tienen mala salud debido a la falta de ejercicio físico.

Tras haber creído que hallaría Kanchanaburi bajo un metro de agua, comprobé aliviado que mis temores habían sido infundados, pues sólo habían sufrido inundaciones otras partes de la provincia. De todos modos, la cercana presa de Vajiralongkorn se halla a tope. La situación está peor un poco más al sur del país, y también al este, donde el cauce del Mekong ha alcanzado el nivel más alto desde hace veinte años, y ha inundado la ciudad de That Phanom.

En Vietnam, las llanuras que hay cerca de la Bahía de Ha Long se encuentran bajo el agua. En ese aspecto, Bangkok es una de las ciudades a las que más podrá afectar en el futuro el calentamiento global porque está edificada a sólo un metro y medio por encima del nivel del mar. Simultáneamente, y como prueba de que el tiempo se ha vuelto loco (“¡¿Que el tiempo se ha vuelto loco?! ¡Vaya una tontería!”), en la provincia de Nakhon Ratchasima no ha caído una sola gota de agua en los últimos dos meses y sufren una sequía que les está jodiendo la cosecha de arroz.

Una de las razones por las que vine a Kanchanaburi era la de extender el visado (el día en que me iba de Mae Hong Son me enteré de que también habría podido hacerlo allí), y cuando fui a la pequeña Oficina de Inmigración tuve la satisfacción de hallarla completamente vacía, mientras que en la de Bangkok habría cientos de personas haciendo cola. Aunque el precio por treinta días me pareció carísimo, ¡50 euros!, se compensaba con el mes gratuito que me concedieron al llegar desde Laos.

Aumentando mi valoración de Kanchanaburi, en este mes de septiembre casi no hay turistas y, además, las temperaturas son menos calurosas que en junio y julio.

ASIA. Malos, mentirosos e idiotas: El ejército de Myanmar, tratando de mejorar su imagen, ha publicado un libro titulado desvergonzadamente Historias Verdaderas que está lleno de falsedades acerca de los rohinyá. En una foto en la que aparece un hombre junto a dos cadáveres, aseguran que éstos eran de unos budistas asesinados por las gentes de esa etnia durante los motines de los años cuarenta, cuando en realidad la foto pertenece a las masacres perpetradas en Bangladesh por el ejército paquistaní en el año 1971.

En otra imagen en la que se ve a una multitud de gente, aseguran que son rohinyá-bengalíes invadiendo Myanmar, aunque eran rohinyá huyendo de ese país.

Alcanzando ya el colmo de la desfachatez, en una tercera foto en la que hay una muchedumbre, dicen que eran asimismo bengalíes cruzando la frontera de Myanmar (Bangladesh: país de Bengala) a pesar de que fue tomada en Ruanda en el año 1996 y eran gentes que huían de las masacres.

En ese cínico libro plagado de mentiras denominan continuamente a los rohinyá como terroristas bengalíes.

En los “Asian Games” que se han estado celebrando estas últimas semanas en Yakarta, China ha ganado 289 medallas, Japón 205, y Corea del Sur 177, mientras la India se tenía que contentar con 69, o sea muchas menos que otros países más pequeños. Al comprobar que esos miserables resultados deportivos del país de mis amores se han ido repitiendo también en cada olimpiada, me pregunto si se deberán a su corrupción crónica, y a que no lo representan los mejores deportistas, sino los que tienen un buen enchufe.

Un tribunal de Camboya ha condenado a un australiano a seis años de cárcel acusándolo de espía por haber filmado con un dron una manifestación en contra del gobierno.

En el año 2017 se perdieron más de quince millones de hectáreas de bosques tropicales; dicho de otra manera, cada minuto de esos doce meses se arrasaron cuarenta campos de fútbol. Unos estudios que se han llevado a cabo recientemente a ese respecto han confirmado que nos hallamos en el punto límite cero y, sin embargo, continuamos por el mismo camino hacia el acantilado porque, en realidad, sigue mandando la misma clase de políticos que hace cuarenta años se mofaban de los ecologistas diciendo que eran unos papanatas.

Según la WWF, la región denominada como “Greater Mekong”, que se halla en Myanmar, Laos, Vietnam, Camboya y Tailandia, y anteriormente fue el sitio de la Tierra con los bosques más densos, ha perdido una tercera parte de sus árboles, y podría disminuir otro tercio antes del 2030, a menos que se tomen las medidas necesarias.

En los últimos veinte años se han descubierto más de dos mil quinientas especies de animales y plantas en esa zona. A parte de ser la residencia de tigres, elefantes y osos, “The Greater Mekong” provee de agua a millones de personas. A ese río en el que se pescan anualmente cuatro millones y medio de toneladas de pescado, lo están jodiendo con las plantaciones de caucho, la tala ilegal, las presas, y la construcción de carreteras.

Al añadirse a estos males el impacto del cambio climático, están provocando la pobreza de la gente local, y la muerte de miles de personas debido a las avalanchas que siguen a la desaparición de los bosques.

MIRA LO QUE PIENSO

  • Por “culpa” de las novelas que escribo, las películas que veo y los libros que leo, vivo constantemente en una ficción de la que, al viajar, voy cambiando el decorado.
  • Insisto: alguien que mata a una persona (¿y a un animal?) es un asesino, que se convierte en un mercenario si lo hace por dinero, en un imbécil si es porque se lo ordenan, y en un loco si se debe a que, según él, se lo ha mandado Dios.
  • Creer en un dios que tenga cuerpo es tan absurdo como creer en un diablo que también lo tenga, y me parecen igual de estúpidos los seguidores de uno u otro.
  • El que no esté un poco loco y no sea un mentiroso, que tire la primera piedra.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba

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