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La crónica cósmica. Tras trepar sus nueve plantas

HOY ES SÁBADO Y ESTO ES… – En el año 1969 se proyectó en los cines una película que se titulaba “Si hoy es martes, esto es Bélgica”. En ella, un grupo de turistas recorrían Europa a toda velocidad en un autocar, haciendo cortas paradas en diferentes países.

Durante esta última semana pensé en ella porque, junto con los amigos valencianos y dos paisanos suyos, estuvimos viajando en autocar a un ritmo que para mí, acostumbrado a permanecer largas temporadas en cada lugar, resultó insólito.

En Laos estuvimos dos días en Vang Vieng y dos en la capital, Vientiane; después de cruzar la frontera tailandesa en Nong Khai, descansamos un día en Udon Thani, luego nos quedamos dos días en Khon Kaen y uno en Phimai, antes de venir a Bangkok, adonde llegamos ayer.

Valga mencionar que mientras realizábamos esta maratón sobre ruedas y yo me rascaba la barriga contemplando los paisajes a través de las ventanillas de los autocares, el amigo valenciano no dejaba de currar tecleando en su ordenador ya fuese planeando el recorrido, escogiendo los hoteles en que nos alojaríamos y reservando las pertinentes habitaciones. ¡Qué placer siento al viajar sin tener que preocuparme de nada!

A pesar de que, como ya mencioné con anterioridad, tras haber viajado durante cuarenta años, ya no deseo visitar sitios nuevos y me contentaría con regresar a los que me sedujeron, sigue gustándome ir en autocar o en tren, con la vista perdida en el infinito y la mente vagando a su gusto.

En Udon Thani, ciudad por la que había pasado años atrás, nos hospedamos en el lujoso hotel Pannarai, en cuyos ascensores constaba que se impondría una multa de dos mil bahts a quien introdujera la apestosa fruta denominada “durian”.

En la ciudad universitaria de Khon Kaen nos alojamos en la plácida pensión Mai Thai Guest House: casita ajardinada propiedad de un inglés y una tailandesa, ubicada en un barrio tradicional a las afueras de la población, por la que correteaban mil ardillas.

Allí visitamos el templo Phra Mahathat Kaen Nakhon en el que, tras trepar sus nueve plantas, tenías unas espectaculares vistas de la ciudad y del lago Bueng Kaen Nakhon.

Que nos quedásemos sólo un día en Phimai, la última de esas rápidas visitas, me supo a poco, porque es una ciudad encantadora y, a pesar de haber estado en ella con anterioridad, hubiese podido permanecer varios días, y hasta una buena temporada, paseando por sus callejuelas ajardinas, circunvalando el romántico lago al atardecer o visitado el inmenso árbol baniano (ficus benghalensis).

De todos modos, la mayor atracción turística de Phimai son las ruinas del templo Khmer hindú Prasat Phimai Thai del Siglo XI, donde sudamos la gota gorda porque hacía un calor apabullante.

PASO A PASO – Lanzarote, Canarias, Primavera de 1988. Continúa de la crónica anterior. Entre los que charlaban bajo el sol junto a la piscina del hotel en que me hospedaba, había uno de esos hombres que han nacido para sufrir y gozaba de sus penas porque encontraba sentido a la vida a través de ellas. Era el típico personaje que se habría aburrido si lograra ser feliz. La fórmula infalible que seguía era la de mover sus fichas, en el juego de la vida, con la plena determinación de perder constantemente.

Se llamaba Raúl, era natural de Zaragoza y no llegaría a la treintena. A temprana edad, cuando otros universitarios fumaban porros y se metían alguna anfetamina, él había pasado directamente de la cerveza a la heroína, logrando convertirse en la piltrafa que repitió curso tres veces antes de abandonar los estudios.

Hastiado de correr por las calles de la capital aragonesa mendigando unos polvos, que además de estar adulterados eran demasiado caros, tuvo una genial idea: “Iré a Tailandia, dónde está el mejor caballo (heroína) y regresaré cargado para una temporada”.

Sableando a tías y hermanas, vendiendo la colección de discos de un amigo que estaba de vacaciones, Raúl juntó la pasta suficiente para viajar a Bangkok acompañado de una novia tonta, que tenía el mismo vicio. En Tailandia se colocaron como locos hasta perder cualquier sentido de la realidad.

Llegado el día del regreso, aunque él cruzó sin problemas las aduanas con una docena de bolsitas de heroína adheridas al cuerpo, cuando se alejaba sonriendo hacia la zona de embarque oyó el altercado que a sus espaldas estaba organizando su novia: los policías tailandeses, alertados por su evidente nerviosismo, decidieron registrarla a fondo.

Curiosamente, ella no iba cargada como Raúl, pues sólo llevaba unos gramos bajo las bragas para seguir colocándose durante el viaje, pero se descontroló totalmente cuando los guardas le pidieron que pasara a una estancia cerrada en la que la esperaban dos mujeres policía.

Raúl, evitando volverse, continuó su camino rezando las oraciones adecuadas al dios de los yonquis. Pero, el tal dios, de existir, poco se apiadó de él, porque su novia, en cuanto le bajaron las bragas y le apretaron un poco las tuercas, cantó.

Poco después, mientras Raúl disfrutaba de su última cerveza en libertad, llegó un grupo de uniformados escoltando a la chica y, al ver que ella levantaba el brazo, la mano y el dedo índice, y señalaba a quien había vendido a cambio de su libertad, se le cayó el vaso de la mano.

Raúl pasó los siguientes tres años en una cárcel tailandesa hasta que su acomodada familia logró sacarle pagando una buena pasta a unos jueces corruptos.

La última noche entre rejas se le acercó un amigo inglés que, por un momento, le sacó del mundo de los sueños: “Yo también me voy, adiós”. Por la mañana le encontraron muerto con la jeringuilla todavía pegada al brazo.

Presionado por todos lados, cuando Raúl aterrizó en España aceptó meterse en un centro de desintoxicación, y varios meses más tarde salía a la calle totalmente limpio. Su padre, habiéndose informado erróneamente de que en Lanzarote no había heroína, le consiguió un empleo en esta isla, que incluía un sueldo de cuatrocientas mil pesetas, y le mandó para Canarias.

Como sería de suponer, nuestro perdedor no iba a dejar que las cosas siguiesen por el buen camino limitándose a tomar el sol y bebiendo ron amarillo, y a las pocas semanas caía en las redes de una mujer de mucho cuidado, basta, vulgar y más puta que las gallinas, que tenía el marido en la cárcel y se metía heroína en cantidad.

Hasta entonces Raúl no se había enganchado de nuevo y su sueldo servía exclusivamente para pagar los vicios de esta novia. “Estoy hecho polvo» me contó el tonto enamorado. «Estoy desesperado y me dejaría cortar los brazos por no perderla”. “¿Pero no ves que ella solamente ama al jaco (heroína)?”, le advertí inútilmente.

Unos días más tarde, Raúl sufrió otra de sus experiencias favoritas de perdedor nato: estaba comprando heroína para su amante cuando la policía se le echó encima, deteniéndole a él y al “camello”. El muy papanatas pasó una semana entre rejas antes de poder demostrar que no se dedicaba al comercio de polvos.

Siempre encantado con ser un desdichado y un perdedor nato, nos contó: “Soltaron antes al “camello” que a mí”. ¡Ja! Continuará.

MIRA LO QUE PIENSO

  • Laos es uno de esos lugares en los que mis noches han estado pobladas de sueños divertidos e interesantes. En Phimai aparecieron en ellos mis tres difuntos amigos Enriquito, Pezzi y Pikú.
  • Antonio Machín, cantante negro y cubano, quizás fuera el primero en reprobar el racismo con la canción “Angelitos Negros”, en la que entona: “Pintor que sigues el rumbo de tantos pintores viejos, aunque la virgen sea blanca píntame angelitos negros, que también se van al cielo todos los negritos buenos”.
  • ¿Por qué casi todo el mundo conoce el significado de la palabra misoginia, pero desconoce el de androfobia?
  • ¿Hubo siempre más injusticia que justicia?

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba
1400 933 Nando Baba

Nando Baba

Escritor y viajero. No te pierdas las crónicas cósmicas de Nando Baba.

Artículos por : Nando Baba
1 comentario
  • Estas tan lejos pero tan cerca .
    Siempre estas tan actualizado en los temas de tu patria (ja ja ja )
    Un gran saludo desde tierra santa (España) .
    País actualmente en una guerra de sexos y en la que los universitarios solo estudian para aprobar exámenes ,
    pero no aprenden a ser personas ni el valor de la empatía .
    A veces desde mi banco de madera , en los ratos que descanso entres brico y bricolaje también observo a los pajarillos ,
    y me doy cuenta que de que somos muy parecidos al resto de los animales pero con el problema de tener mayor » inteligencia «.

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