Cap. 08 – Travesía por el río Mekong, toda una experiencia

La siguiente parada que teníamos prevista era Luang Prabang, y para llegar allí decidimos hacerlo por el método más tradicional, descendiendo por el Mekong. Leímos que había varias formas de hacerlo, con los barquitos pequeños que llegan en un día o los otros más lentos que hacen parada en Pak Beng. Elegimos la segunda opción porque no teníamos prisa y porque además los rápidos tienen fama de ser más peligrosos y de volcar, cosa que no me hubiese importado si el Mekong tuviese aguas cristalinas, que no es el caso…

Barcos en Huay Xai
Barcos en Huay Xai

Así que fuimos al puerto a las 8 de la mañana a comprar el billete, pero como el barco no salía hasta las 10:30 nos sentamos a almorzar en un restaurante al lado del río. Tuvimos que esperar bastante rato, así que luego compramos comida para el viaje y Toni aprovechó para hacer unas cuantas fotos al puerto.

Actividad "portuaria"
Actividad «portuaria»

A las 10 empezamos a ver a más gente llegar y el lugar se llenó en un rato. Al restaurante que estábamos nosotros vino un grupo de jóvenes que iban con un guía. Cuando empecé a verles las caras, los gorros y las  botellas de whisky pensé “que no vengan en nuestro barco q son muchas horas”… pero no tuve suerte. Embarcamos puntuales, pero fuimos los únicos, porque estuvimos 1 hora entera dentro del barco esperando. Como llegamos los primeros nos pusimos en la primera fila y empezamos a ver llegar a la gente y como hacían la montaña de las maletas cada vez más grande y nos tapó por completo la visibilidad del barco por delante.

Carme con cara de pocos amigos...
Carme con cara de pocos amigos…

Cuando ya creíamos que ya no subía más gente llegó el grupo del restaurante…! A las 11:30 salimos rumbo a Pak Beng. Pensaba que el barco iba lleno, pero nada en comparación a como estaría en unas horas.

Carme, Toni y ... compañía
Carme, Toni y … compañía

El paseo era agradable. La primera hora teníamos sitio en frente para estirar las piernas incluso para poder tumbarnos, íbamos mirando barquitos a un lado y otro, y según mirabas a un lado u otro veías Tailandia o Laos. Pero al rato empezamos a ver gente a la orilla que levantaba el brazo haciendo señales y paramos donde estaban. Era gente que iba a subir al barco, que supongo que le vieron pinta de petrolero por lo menos, ya que yo al ver todo lo que llevaban encima hubiese apostado que nos hundíamos si lo subían. Pero no fue así y empezaron a subir sacos, cajas, bolsas, comida…

Vistas de la parte delantera del barco... con más equipaje
Vistas de la parte delantera del barco… con más equipaje

Cuando ya parecía que era imposible meter nada mas, unos niños hicieron señas y al acercarnos subieron cargados de bebida y comida para vendérnosla a los pasajeros como si estuviésemos en el cine. Como pudieron entraron, nos sin ir tropezando con todo y tener que casi rescatar a una niña de quedar enterrada debajo de unos sacos de arroz, e intentaron timar a la gente vendiendo las bebida a casi el triple de su precio en las tiendas. La pobre mujer que iba delante de todo con sus dos hijos iba ya camuflada, y los niños que no paraban de martirizar a la pobre madre. Cada vez tenían más cosas con las que entretenerse y entretenernos a nosotros. Porque el viajecito no se hizo corto. 7 horas estuvimos seguro sin descanso, no paró en ningún pueblo ni para comer y a última hora ya estaban todos por ahí tirados o durmiendo encima de la montaña de mochilas o borrachos… Pusimos nombre a todos, jugamos con el niño, grabamos vídeos, hicimos fotos, comimos, bebimos, hablamos, dormimos…me dolía todo pero al final llegamos.

La pobre madre con sus "diablillos"
La pobre madre con sus «diablillos»

Pak Beng es una parada frecuente de barcos llenos de turistas que bajan por el Mekong hacia Luang Prabang, así que allí ya se han puesto al día en cuestión de turismo y nada más bajar del barco tienes a todo el mundo encima con carteles de restaurantes y guesthouses. Estábamos avisados por la Lonely Planet así que para no dejarnos engatusar leímos primero un poco para elegir el lugar donde descargar y dormir e ir directos sin tener que hacer caso a nadie. Fuimos a Boumee Guest House por el simple motivo que tenían las duchas individuales, ya que por las descripciones eran todas muy parecidas y de precio similar. Nos duchamos y salimos a dar una vuelta y a buscar algún sitio para cenar.

Pak Beng es turístico, se nota desde que bajas del barca y cuando vas paseando por su calle principal. Los dueños de los restaurantes te paraban por las calles para ofrecerte sus mejores ofertas, así que dimos una vuelta y al final elegimos uno. Todos los restaurantes eran parecidos, con terrazas de madera que asomaban a la calle, alumbrados con velas y con música. En el nuestro sonaban los Beatles que mas tarde dieron paso a Bob Marley. Y ahí estábamos los dos ensimismados viendo la gente subir y bajar y viendo pasar cada dos por tres la gente del barco, que ya conocíamos de memoria. Aunque el sitio no era ni el más bonito ni tampoco el mas limpio, reconozco que tenía un ambiente especial y romántico y estuvimos bastante rato. Mas tarde dimos otra vuelta y volvimos a la guesthouse. (Ver video de la llegada a Pak Beng y en el restaurante)

Restaurant in Pak Beng
Restaurante en Pak Beng

Esa noche tuvimos una visita, y menos mal que siempre dejábamos la puerta del baño cerrada. A medianoche me levanté para ir al baño y cuando encendí la luz y di un paso hacia el espejo di un salto que casi me mato. Había un bicharraco de esos que el otro día recogían en Vieng Phouka, una “mosca” del tamaño del puño que merodeaba alrededor de la taza del water.

“Toniiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!!!!!!!  N’hi ha un bitxo en el wateeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerrrrrrrrr”
“Això no pasa res”

Con lo sobado que estaba y vistas las ganas que tenía de levantarse hice lo que pude. Cuando se quedó parada me acerqué poco a poco (como si no tuviese unos ojos que parecían botones…) y cuando terminé salí como una bala del baño y cerré la puerta. A la mañana siguiente no había ni rastro de la amiga y… mejor.