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Cap. 14 – Bienvenidos al paraíso en 4000 islas

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A escasos días del final de nuestro viaje teníamos pensado terminarlo en plan relax y a lo hippie total: en las 4000 islasSi Phan Don”. Partimos en coche de Pakse hacia las 8 de la mañana junto a otras 7 personas que iban al mismo sitio, dos de ellos eran un par de jóvenes alemanes con los que nos habíamos cruzado el día anterior subiendo por la ruinas de Champasak y con los que volveríamos a coincidir en la guesthouse.

Letrero de lo más realista
Letrero de lo más realista

El trayecto duro apenas dos horas y fue muy tranquilo: el conductor no era cualquiera de la calle como en otras ocasiones, sino alguien a quien habíamos contratado el día anterior. Aun así el último tramo del camino antes de llegar al Mekong para volver a cruzarlo fue toda una odisea, ya que estaba lleno de barro y de agujeros por las lluvias de los últimos días.

Al llegar al pueblo desde donde parten las barquitas hacia las islas nos estaba esperando Mr. Phao’s para llevarnos directamente a su guesthouse.

Carme en la barca camino de la guesthouse
Carme en la barca camino de la guesthouse

Las 4000 islas es un archipiélago de islotes e islas que aparecen cuando el Mekong se ensancha a punto de abandonar Laos y adentrarse en Camboya. De todas ellas 3 son más grandes, habitables y con guesthouse que se puedan visitar: Don Det, Don Khon y Don Khong. Elegimos Don Det e hicimos bien, ya que es una isla muy tranquila, cosa que íbamos buscando.

Vistas de las cabañas
Vistas de las cabañas

Todas las cabañas, al mismo lado del río, tenían hamacas en la entrada donde la gente pasaba horas y horas. Al lado de la nuestra se encontraba una familia con 2 hijos que leían en la terracita. Eso sí, lujos los mínimos, ya que por no tener no tenían ni papel de baño; el agua de la ducha procedía directamente del Mekong y la única luz que nos iluminaba un poco era una bombilla mal colgada que a las nueve de la noche ya estaba apagada.

Carme asomada a la parte trasera de la cabaña
Carme asomada a la parte trasera de la cabaña

Descargamos los pocos bártulos que llevábamos porque lo habíamos dejado casi todo en Pakse y nos fuimos a dar una vuelta: de un extremo a otro de la isla había escasos 15 minutos andando.

Cocotero en el camino
Cocotero en el camino

El paisaje no variaba mucho con respecto al resto de Laos, aunque allí la gente vive más tranquila porque la mayoría de los viajeros que van a visitarla buscan lo mismo: unos días de tranquilidad. El norte de la isla es más ajetreado, hay mas movimiento y es donde se encuentran la mayoría de restaurantes, pero aun así sigue dando la impresión que allí no pasan las horas. Vimos los restos de lo que fue una red de ferrocarril construido por los franceses para transportar cargas, actualmente en desuso desde la Segunda Guerra Mundial. Una suerte, ya que el ruido del tren en estas islas tan sosegadas rompería la serenidad del lugar.

Típico restaurante junto al río Mekong
Típico restaurante junto al río Mekong

Paramos a hacernos una cerveza en un restaurante en el que la dueña estaba tan aburrida que estaba tumbada en una hamaca durmiendo. Hasta que no estuvimos a su lado no escucho nuestros pasos. Se levantó y nos tomó nota; mientras esperábamos vi que había una gata con sus gatitos y a unos 4 pasos de ellos también un mono pequeño atado a una cuerda con cara de pena y de querer morirse. Cada vez que pasaba su dueño empezaba a correr intentando esconderse hasta que la cuerda no daba más de sí y se daba tirones. No se para que lo tendrían allí…

Uno de los gatitos
Uno de los gatitos

De vuelta a la cabaña vimos una especie de “punto de información” en el que había programadas excursiones en barco o excursiones para ver delfines; y a un chico sentado tocando la guitarra que poco le duró en sus manos cuando Toni se la vió para demostrarle que sabía tocar “Estrella polar”.

Toni mareando con la guitarra
Toni mareando con la guitarra

La comida la hicimos en la misma guesthouse; fue cuando volvimos a ver a los alemanes  y estuvimos un rato charlando con ellos. Había también otra pareja jugando a las paletas que de vez en cuando se tiraban a nadar un rato haciéndome recordar a la doctora cuando nos decía que ni se nos ocurriese meter la mano en el agua del río si no queríamos volver a casa con recuerdo del Mekong incluido.

La tarde fue pura holgazanería: de hamaca en hamaca viendo lo que hacía la gente, haciendo fotos, grabando vídeos  y aburriéndonos hasta el punto que decidimos levantarnos de la hamaca para ir a cenar por hacer algo.

Que bien se estaba en la hamaca...
Que bien se estaba en la hamaca…

Cenamos en otro sitio para terminar volviendo otra vez a la guesthouse de Mr. Phao’s a probar el “happy pankake”, un pankake simple pero con un poco de happy añadido: marihuana. Lo curioso es que casi todos los platos los podías pedir happy, ya que simplemente era cuestión de añadir un poquito del ingrediente, que curiosamente solo sacaban por la noche.

Y más curioso todavía fue el “amigo” de Toni, un señor que parecía tomar “happy pankake” a diario, puesto que caundo pasaba a su lado siempre se reía. Al final Toni no pudo resistir la tentación de hacerse una foto con él.

Toni con su amigo
Toni con su amigo

Y volviendo al hilo, nada más terminar de cenar después del día “agotador” caímos en redondo en la cama…

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