Hay un dicho que muchos conocedores de China repitieron durante años. La naturaleza más bella de China está en la región de Yunnan. Y si bien hay mucho de subjetivo en ello, la afirmación tiene su lógica. La variedad natural de lagos y bosques, además de gargantas profundas y arrozales, hace que un viaje por Yunnan ofrezca mucha variedad y diversidad en poco territorio.

Cierto es que Yunnan no cuenta con la salvaje enormidad de Xinjiang ni las montañas de Sichuan. Pero sí se considera a Yunnan la región más completa al combinar naturaleza sobresaliente y diversidad cultural. No en vano, forma parte de China en lo político y geográfico. Pero culturalmente es un puente con el sureste asiático. Y eso sin contar el mayor de sus beneficios al querer diversidad en un viaje: lo bien conectada que está.
Ya hemos dicho que la diversidad de Yunnan la convierte en un destino que muestra una riqueza de paisajes, pero lo principal es que las líneas de alta velocidad ferroviaria han logrado que esta parte de China sea más accesible que nunca. Al menos a través de sus cuatro principales destinos.

Para quienes busquen una ruta sencilla y muy satisfactoria para hacer en China, sin complicaciones de traslados, Yunnan es ideal. Si bien a nivel estético no es el país más característico del imperio chino. Ya que en su pasado aquí poblaban otros reinos.
Tras la incorporación de Yunnan a China, las montañas de la región hicieron imposible acabar con su personalidad propia. Tan lejos de Pekín y tan cerca del sureste de Asia, los grupos étnicos florecieron. Los rasgos tibetanos son muy característicos en esta parte del país.

Aun así, la China moderna está presente en todas partes. Y eso convierte a Yunnan en una región sencilla para viajar. Aunque la arquitectura y la comida sean tan diferentes. O los templos recuerden más al Tíbet.
Hace muy pocas décadas, Yunnan era una región inaccesible. La onírica ciudad de Shangri-La, por ejemplo, estaba plenamente aislada entre montañas. A día de hoy, en cambio, es fácil moverte por las más populares rutas de la región gracias a la alta velocidad. Aunque, bueno, los trenes rápidos de China aquí son más lentos al atravesar montañas.

Igualmente, aterrizar en Kunming es muy sencillo y económico. Tanto si el lugar de origen es otra ciudad china o desde el extranjero. Es más, las conexiones entre la capital de Yunnan y ciudades como Bangkok, Kuala Lumpur, Tokio o Seúl son frecuentes y de las más baratas de la región.
Eso hace posible que una semana sea un tiempo razonable para viajar en ruta por Yunnan. Lo ideal sería dos semanas, claro. Pero al menos con siete días es posible recorrer las principales ciudades y lugares naturales.

Esa es precisamente nuestra ruta. Un viaje por Yunnan que nos lleve de Kunming hasta la sagrada Shangri-La, pasando por lo más memorable en Dali y Lijiang.
Lo más fácil para empezar un viaje en Yunnan es aterrizar en su capital. También es posible llegar por tierra fácilmente desde el norte de Vietnam o en tren desde otros lugares de China. Por las importantes alturas de las ciudades de Yunnan es importante igualmente que el primer destino sea Kunming.
Kunming es la ciudad enorme de Yunnan, aunque con reservas. Su tamaño es comedido en comparación con otras capitales, y ante todo es una urbe excepcionalmente cómoda. Tiene un buen aeropuerto que conecta con la ciudad por un euro en metro, y luego es amable por carretera y ferrocarril.

La capital de Yunnan no es sin duda la más monumental, por decirlo de alguna manera. Pero sirve para llegar a la región y adaptarse a la traicionera altitud de Yunnan. Sus 1.700 metros por encima del nivel del mar no se notan mucho. Pero hacen que nos acostumbremos a la altura

Además, Kunming exhibe con orgullo esa manera de ser tan agradable de las gentes de Yunnan. En un solo día puede recorrerse el lago Dianchi, un lugar natural bellísimo, y conocer los alrededores de su universidad. Su gastronomía es magistral, y además los precios son comedidos.

Si bien Kunming es una ciudad para quedarse una temporada, en una ruta por Yunnan es ante todo la puerta de entrada. Es muy amable y verde. Además de cómoda. Una parada inicial antes de llegar a las montañas. Un día o dos está bien si la idea es quedarse entre una semana y diez días en la región.
En tren es posible llegar a Dali en tan solo dos horas. Y a partir de ahí todo cambia. Tras una media hora por carretera desde la estación se llega a la ciudad ancestral de Dali, encajada entre el bellísimo y enorme lago Erhai y las montañas de Cangshan.

Al pasear por Dali es evidente que su historia fue la de una capital de un reino. Es antigua y preciosa, con casas tradicionales y bellos callejones. Ahora mismo está bastante vendida al turismo y al postureo, pero de noche o a la mañana sigue siendo excelsa.

Lo mejor de Dali, no obstante, aparece al abandonar la ciudad. Junto al lago Erhai aparecen pueblecitos de una belleza excepcional, viejas ciudades como Xizhou, y aldeas como Fengyang Gucheng. Justo al lado de la ciudad antigua está su mayor monumento, las tres pagodas.

En dos días puede descubrirse la mayor parte de las bondades de Dali. En un día apretado también puede lograrse, y en tres es posible ir relajado. Quienes se atrevan a ir en moto eléctrica china tienen una oportunidad única de descubrir sus alrededores libremente. Aunque en Didi, el Uber chino, también es posible.

Un dato importante. Dali es la primera ciudad en la que la altura empieza a ser notoria. Está a más de 2.000 metros, y lo que en Kunming era llevadero aquí aún lo es, pero se nota. Lo más duro, eso sí, aún está por llegar.
La belleza absoluta aguarda en Lijiang. Aunque también el turismo masivo. Se puede llegar en tren desde Dali a tan solo dos horas en un viaje amable por las montañas. Aquí ya se alcanzan los 2.400 metros de altura y en cada tienda venden botellas de oxígeno. Es muy común necesitar hacerse con una.

Si bien Lijiang es quizás la ciudad más espectacular de la ruta, también es la más invadida por el turismo local. El casco histórico es Patrimonio de la Humanidad y una auténtica belleza, con canales y puentes de piedra.

Aun así, abundan las discotecas, las tiendas de souvenirs, y los turistas haciéndose fotos vestidos con trajes tradicionales. Hay más estudios de fotografía para turistas en Lijiang que bares en Antón Martín. Y el silencio es imposible encontrarlo. La música de los bares es atronadora.

Y sin embargo Lijiang es sumamente preciosa. Si se madruga es posible verla deshabitada y, bueno, disfrutar de su turisteo puede ser divertido. Los bares también tienen su parte interesante.

Como ocurre en Dali, lo más impresionante está fuera de Lijiang. Están las aldeas de Baisha y Shuhe, mucho menos transitadas y auténticas. Pero ante todo es posible visitar la montaña nevada del Dragón de Jade, una de las postales más conocidas de Yunnan.

Eso sí, en la cordillera del Dragón de Jade ya se superan los más de 4.000 metros de altura. Quienes prefieran obviar dichas altitudes y prefieran caminar a través de la montaña podrán hacerlo en la garganta del Salto del Tigre, el otro gran accidente geográfico de Lijiang.
A tan solo una hora en tren bala desde Lijiang aparece el destino más onírico y diferente de la zona. Shangri-La es algo del pasado. Una ciudad cuyo nombre rememora una obra de ficción por las similitudes de esta ciudad que es la puerta sencilla al Tíbet.

Aquí ya la imagen de la ciudad es diferente. Las ciudades hacen gala del animal de la zona, el yak. Aparecen banderas del Tíbet. Los trajes son tradicionales. Los tés se sirven con leche de yak. Y la arquitectura es tradicional y centrada en las ruedas de la oración del budismo tibetano.

Eso sí, aquí ya se superan los más de 3.000 metros de altitud en pleno centro de la ciudad. No suele ser un problema si ya se han pasado tres o cuatro días en Dali y Lijiang. Y aun así es recomendable tomarse el primer día con calma. Los esfuerzos nada más llegar no son apropiados, y beber agua es necesario.

Por eso al menos dos días son necesarios para disfrutar de Shangri-La. Empezando, cómo no, por su zona antigua. La conocida como Dukezong, donde hay algo de turismo, pero muchísimo menos. Se siente como un casco histórico muy tibetano y religioso.

Fuera de la ciudad, para nosotros es imprescindible descubrir el monasterio Songzanlin, a unos 20 minutos por carretera. Es el monasterio tibetano más importante de Yunnan y quizás el más accesible de esta rama del budismo en China. No tiene la dimensión de los grandes monasterios del Tíbet, pero su ubicación y sus edificios blancos y dorados son muy impresionantes. Y es fácil llegar a él.

Cuando uno ya se ha hecho a la altura, Shangri-La ofrece algunos de los más elegantes paisajes de la región. El más conocido es el parque nacional de Potatso, que cuenta con lagos, bosques y praderas de altura. Aunque ya solo por visitar Shangri-La merece la pena llegar hasta aquí.
Es en Shangri-La donde uno puede acabar la más habitual ruta por Yunnan de una semana. Aun así, es casi necesario regresar a Kunming, debido a las malas conexiones de la ciudad de cultura tibetana. Por suerte, hay un tren directo con pocas paradas que tarda algo más de cuatro horas en llegar a Kunming.
Te dejamos el mapa con los lugares destacados de la ruta por Yunnan. Haz click en él para verlo en Google maps.