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Etapa 22. La Gi – Cat Tien. Ruta en moto por Vietnam

El "artilugio rudimentario" para elevar la rueda de la moto
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Dos meses dan para mucho cuando uno está viajando, pero si te encuentras por Vietnam moviéndote en moto, las probabilidades de que se tuerza algo alguno de lo sesenta y cinco días son infinitas, y si el día anterior fue el peor de toda la ruta, éste no estuvo exento de algún que otro quebradero de cabeza.

Salimos temprano de La Gi teniendo en cuenta que Cat Tien estaba a casi 150km de donde nos encontrábamos y lo hicimos algo temerosos tras la rocambolesca etapa anterior.

Km0 antes de empezar la jornada
Km0 antes de empezar la jornada

Todavía no las teníamos todas en que Km0 estuviese al 100% otra vez, pero en unos minutos recuperamos la confianza en la moto pues nos dimos cuenta de que ese día ya no hacía ni el más mínimo “ruido extraño”. Como el día anterior teníamos dos opciones, la primera era volver a intentar cruzar esa zona despoblada en la que tuvimos el problema con la moto y la segunda era ir por una carretera más transitada y dar un rodeo para llegar hasta nuestro siguiente destino.

Lo más razonable hubiese sido escoger el camino más largo, sobretodo porque no sabíamos hasta qué punto podíamos confiar en la reparación de la moto, pero un muy confiado Toni, rebosante de buenos presentimientos y optimismo, sugirió que debíamos de volver a intentar ir por el mismo sitio. Así que, haciendo más caso a su instinto que al mío, acepté y volvimos a ir por allí.

En ruta por la misma carretera
En ruta por la misma carretera

Antes que nada quisimos comprar unas cervezas que regalamos a los hombres que nos intentaron ayudar el día anterior, que seguían trabajando en aquella caseta de madera y que no pudieron evitar sonreír al vernos pasar por allí de nuevo, aunque esta vez con la moto en perfecto funcionamiento. Lástima no tener ni idea de dónde encontrar a los auténticos héroes de la jornada, los que nos arrastraron hasta el concesionario, a ellos les hubiésemos invitado a comer si hiciese falta…

Uno de los chicos que nos ayudaron
Uno de los chicos que nos ayudaron

Recorrimos aquella carretera de subidas y bajadas, volvió a desaparecer todo rastro de vida y de repento lo hizo el asfalto también, convirtiéndose en un camino de piedras demasiado afiladas para nuestro gusto y para unas ruedas que tenían que soportar demasiado peso.

La carretera de tierra y piedras
La carretera de tierra y piedras

Afortunadamente conseguimos atravesar aquella zona sin incidentes y cuando la presencia humana volvió a hacer acto de presencia paramos en un pequeño local a tomarnos un zumo de caña de azúcar. Estábamos a mitad de camino y contentos de ver que la moto había respondido.

¡¡Bien!! hemos llegado al asfalto sin problemas
¡¡Bien!! hemos llegado al asfalto sin problemas

La segunda parte de la etapa empezó mucho más tranquila por una carretera algo transitada y bien asfaltada, sin embargo, por algún extraño motivo, la rueda trasera de la moto se pinchó justo cuando las condiciones parecían perfectas para la circulación. Otra vez nos tocaba empujar la moto, pero ahora con una rueda que tardó pocos minutos en desinflarse completamente dejando la llanta desprotegida y una moto prácticamente inmanejable, que temblaba continuamente y se desviaba.

¡Rueda pinchada!
¡Rueda pinchada!

Por suerte, la tónica de aquel lugar era la misma que la de cualquier otra zona de Vietnam, un mecánico a cada kilómetro, y no tuvimos que andar mucho bajo el sol abrasador. Un par de señores, (o tres, la verdad es que en mi cabeza no consigo distinguir cada momento en el que paramos a ver un mecánico) se dispusieron a arreglar la moto.

Yo, en cuanto me percaté de la existencia de unas cuantas hamacas colgadas decidí observar la escena tumbada y permitiendo que mis glúteos recuperasen la circulación sanguínea.

Descansando en una de las hamacas
Descansando en una de las hamacas

Desde allí pude ver como los señores, sin pedirnos siquiera que quitáramos las mochilas de la moto ni preocuparse por el peso, habían cogido ésta y la habían puesto en alto sobre unas maderas para poder quitar la cámara de aire del neumático de la rueda, arreglar el pinchazo y volverlo a poner.

El "artilugio rudimentario" para elevar la rueda de la moto
El “artilugio rudimentario” para elevar la rueda de la moto

La verdad es que no tardaron mucho en repararla, o eso me pareció a mí desde mi hamaca, dónde hacía rato que había dejado de prestar atención a Toni y los mecánicos y bebía mi café mientras jugaba con un gatito. Sabía que quedaba poco y también que todo se solucionaría, como siempre.

El señor introduciendo la cámara de aire en el neumático
El señor introduciendo la cámara de aire en el neumático

Cuando todo estuvo a punto subimos a la moto y recorrimos los pocos kilómetros que nos quedaban hasta llegar a Cat Tien, donde lo mejor del día nos estaba esperando, el hostal. Su precioso jardín, la acogedora caseta y el agradable personal hicieron que nos olvidáramos enseguida de las dos últimas y largas jornadas que habíamos tardado en llegar allí. Además, como la temperatura era perfecta, podías ser que incluso alargáramos allí la estancia algún día más. De momento el día siguiente iríamos a visitar el parque nacional y buscar a los cantarines gibones.

Nuestro hotel en Cat Tien
Nuestro hotel en Cat Tien

Datos prácticos:

  • La duración de la jornada fue de 6 horas para recorrer 146 kilómetros.
  • Nos alojamos en Cat Tien Forest Call Lodge por 20$ la habitación doble.

Nuestra ruta en wikiloc:

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