Explorando el Delta del Mekong, última parada de la ruta

Nos conocimos en la frontera entre Tailandia y Laos cuando entre Toni y yo no sumábamos ni tres meses de viaje con las mochilas en la espalda. Navegando por sus entrañas varios días, en una travesía que nos llevó desde Huai Xai a Luang Prabang, le fuimos cogiendo cariño. En Pakse, tras dos largas jornadas de crucero, le diríamos hasta luego. Un año más tarde, después de haberle echado mucho de menos, nos volvimos a ver en Siem Reap para pasar unos días juntos en Kompong Cham y Kratie, entre arrozales. Y ahora, tras más de cinco años desde que nos vimos por primera vez, nos reencontrábamos con él en su parte final.

Navegando por el Mekong (¡en mi primer viaje de mochilera!)
Navegando por el Mekong (¡en mi primer viaje de mochilera!)

Delta del Mekong

Alrededor de 4600 kilómetros recorre el río Mekong desde su nacimiento, en el Tibet, hasta su desembocadura en el mar de China meridional. En su camino por China, Myanmar, Tailandia, Laos, Camboya y Vietnam, cambia de nombre, riega los pueblos que atraviesa e inunda los paisajes, regalando vistas maravillosas de principio a fin. En la última parte de su recorrido, el río se ramifica y se extiende por todo el sur de Vietnam formando lo que se conoce como el Delta del Mekong. Sus últimos kilómetros son toda una explosión de vida.

Típica imagen en el Delta del Mekong
Típica imagen en el Delta del Mekong

En la última etapa de la ruta en moto, habíamos llegado a Ben Tre porque habíamos decidido que exploraríamos la zona desde allí, una localidad a 70 km de Ho Chi Minh a la que no suelen llegar las tan populares excursiones. Teníamos cuatro días por delante para conocer el delta del Mekong, cuatro jornadas en las que recorreríamos sus caminos de tierra y navegaríamos por sus aguas, descansaríamos, beberíamos zumo de caña de azúcar, comeríamos mucho arroz y dejaríamos pasar el tiempo colgados en alguna hamaca. Era un buen plan para rematar el viaje y despedirnos del país; estábamos a punto de decirle adiós a Vietnam después de dos meses.

¿Con que nos sorprendería el delta del Mekong?
¿Con que nos sorprendería el delta del Mekong?
Recorriendo sus caminos
Recorriendo sus caminos

El primer día en la zona del delta decidimos que contrataríamos una excursión. Después de tanto tiempo por Vietnam teniendo que apañárnoslas solos nos apetecía relajarnos y que alguien nos guiase todo el día, así que aparcamos la moto, guardamos las llaves y esperamos a que nos vinieran a recoger al alojamiento. Teníamos un poco de miedo de encontrarnos un circo en medio del río. Sabíamos por experiencia con otras excursiones que un bonito paseo en barca podía terminar convirtiéndose en un continuo ofrecimiento de cosas para comprar, visitas a demasiadas tiendas y muy pocas cosas interesantes que ver. Pero a decir verdad aquello no fue ni de lejos como lo que yo había leído por internet, ni como el paseo en barca que hicimos por el Lago Inle, más parecido a una visita a un centro comercial que a un tour turístico.

El hecho de haber llegado hasta Ben Tre nos ahorró una experiencia demasiado ajetreada o artificial y la verdad es que no nos cruzamos con ningún otro grupo de turistas. Pese a que el trato no llegó a ser demasiado cercano, fue correcto y en ningún momento nos sentimos parte de una manada, pues nuestro grupo era reducido: una pareja de franceses y nosotros.

La excursión por el delta del Mekong empezó en una barcaza a motor a la que accedimos desde un pequeño puerto alejado del pueblo y al que nos llevaron en furgoneta. En ella recorrimos el primer tramo, una zona del río en la que su anchura era tal que se tenía la sensación de estar en un gran lago marrón . En esta zona se podían ver barriadas de casas de madera pegadas al agua. El vehículo iba a una velocidad moderada y poco a poco se fue metiendo por canales más estrechos hasta que llegó un momento en el que era imposible continuar y tuvimos que cambiar a una barca más estrecha. Esta parte fue mucho más relajada, una mujer nos llevó remando y sin el molesto ruido del motor podíamos escuchar todos los sonidos del río: pájaros, niños gritando, los remos golpeando el agua… Y a ambos lados infinidad de palmeras que no dejaban ver más allá.

Toni bastante relajado
Toni bastante relajado
Y más relajados todavía en la pequeña barquita
Y más relajados todavía en la pequeña barquita
Gente pescando
Gente pescando
¡Cuánta palmera!
¡Cuánta palmera!
Gente trabajando
Gente trabajando

Y tras un rato de paseo volvimos al lugar en el que se encontraba la embarcación más grande, devolvimos los sombreros nón lá a la mujer de los remos que no había dicho ni mu desde el principio y seguimos navegando.

La señora se fue por donde vino
La señora se fue por donde vino

De repente la espesa vegetación dio paso a un claro en el que había un pequeño pueblo y sobre nuestras cabezas apareció un puente al que había que subir trepando para entrar en la población. Allí dimos un paseo andando y el guía nos fue explicando cosas acerca de lo que nos íbamos encontrando: qué era esa fruta, para qué usaban esa planta… lo típico. Era un pueblo pequeño de cuyo nombre soy incapaz de acordarme, y la mayoría de la gente estaba a esas horas trabajando. Cuando llegamos a los campos de arroz de sus afueras nos encontramos con un grupo de hombres que almorzaba.

Trepando por el puente
Trepando por el puente
Paseando por los arrozales del delta del Mekong y sintiéndonos como en casa
Paseando por los arrozales del delta del Mekong y sintiéndonos como en casa
Papayas
Papayas
¡Tiempo de descanso!
¡Tiempo de descanso!

Cuando volvimos a subir a la barca, nos dirigimos directo a una de las pequeñas islas de la zona, Dragon island. Allí vivía el barquero en una diminuta población en compañía de su familia y cuando llegamos a su casa y su mujer y su madre nos recibieron, vimos que teníamos preparada la comida. Había varios platos en los que elegir, nada demasiado elaborado, todo hervido o frito, pero siempre exquisito. La mujer más mayor, que no hablaba nada de inglés, representando su papel de abuela sufridora se acercaba a la mesa y con gestos preguntaba si nos gustaba o si queríamos algo más. Era una mujer muy agradable, y sin dejar de sonreír nos miraba como comíamos. Los niños también se asomaban por la puerta tímidamente y nos observaban.

La comida está preparada
La comida está preparada

Con el estómago lleno dimos el último paseo en barca que fue agradable hasta que se convirtió en una aburrida visita a una piscifactoría en medio del río. Desde las plataformas pudimos comprobar el hacinamiento de los peces y pese a la insistencia del propietario, a nadie la pareció divertido darles de comer mientras se movían fervorosamente y agitaban el agua tanto que nos salpicaba.

La piscifactoría
La piscifactoría

Terminada la travesía por el delta del Mekong, la barca grande nos llevó de vuelta al pequeño puerto, nos despedimos del guía y de los franceses que volvían a Saigón y la furgoneta nos llevó de nuestro hasta nuestro alojamiento en Ben Tre.

Final de la excursión
Final de la excursión

La segunda escapada la hicimos con la moto y a nuestro aire. Con la ayuda del google maps para no terminar en Camboya, salimos de Ben Tre y empezamos a pasear a un ritmo pausado, metiéndonos por senderos cada vez más estrechos que nos descubrieron poblaciones cada vez más pequeñas. La gente con la que nos cruzábamos parecía vivir en total armonía con el Mekong. En él se transportaban, nadaban, pescaban, lavaban y se lavaban. En él vivían y de él vivían. Mientras tanto, nosotros no parábamos de cruzar puentes, alguno anchos y otros en los que apenas cabía una moto, y pasábamos de una villa a otra. Saboreábamos esos momentos siendo conscientes de la suerte que teníamos de ver la parte del delta del Mekong no adulterada por la industria turística. En aquellos sitios nadie nos veía como a un dólar con patas ni nos intentaban vender nada. La gente hacía su vida, unos nos ignoraban y otros nos saludaban.

Hoy toca explorar el delta por nuestra cuenta
Hoy toca explorar el delta del Mekong por nuestra cuenta
Uno de los cientos de puentes
Uno de los cientos de puentes
Más delta
Más delta del Mekong

El resto del tiempo en Ben Tre lo pasamos holgazaneando, comprando en los puestos callejeros, comiéndonos la veintena de piñas que nos vendieron por algo mas de veinte mil dongs y cogiendo energía para nuestra siguiente aventura, que era en otro país y no tenía nada que ver con motos. Por suerte nuestro alojamiento invitaba a relajarse. Lo siguiente ya sería volver a Ho Chi Minh, dejar preparada la moto para que la recogiesen sus futuros propietarios y decir adiós a Vietnam…

Piñas baratísimas en el mercado del pueblo
Piñas baratísimas en el mercado del pueblo

Datos prácticos:

  • Dónde dormir: Chalet Suisse Guest House, por 450.000 dongs la habitación doble con baño
  • Dónde contratar la excursión: nosotros lo hicimos en el alojamiento, los propietario fueron los encargados de ponernos en contacto con la gente que organizaba la excursión y no fue necesario ir a ninguna oficina. Nos cobraron 1500000 dongs en total, con todos los transportes y la comida incluida.
'VISADO
Recuerda que te hará falta el visado de Vietnam para viajar por este país
TRAMITAR VISADO VIETNAM
close-image