Cap. 05 – Los campos de exterminio de Choeung Ek y el palacio real

Diario de viaje a Camboya capítulo 5
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Por si no habíamos tenido suficiente dosis de drama con nuestra visita al s-21, la sesión»histórico-macabra» continuaba y ahora  le tocaba el turno a los campos de exterminio de Choeung Ek, en las afueras de Phnom Penh. “Killing fields?” los conductores de tuk-tuk se pasaban el día preguntando a los turistas buscando a alguien que quisiera ir a verlos,  a una media hora del instituto Tuol Sleng.

Cráneos en Choeung Ek
Cráneos en Choeung Ek

De camino pudimos comprobar como a medida que nos íbamos alejando del centro de la ciudad iba aumentando el grado de miseria y las necesidades se hacían cada vez más evidentes. Las casas se mostraban más deterioradas si cabe y el hacinamiento de la gente aumentaba. Cada vez se veía a más personas por la calle y más niños merodeando vestidos con harapos. Hacía mucho calor y el sol radiante nos acompañó durante toda la visita.

El sitio, a diferencia de lo que creímos en un primer momento no era nada escabroso, todo lo contrario a su historia. Lo que hoy en día es un enorme jardín  fue durante el régimen de los jemeres rojos uno de los mayores campos de exterminio de Camboya al que iban a parar, entre otros, casi todos los presos del s-21 para ser asesinados. Se pueden ver excavaciones en la zona donde se localizaban las fosas comunes y un monumento recuerda a todas las victimas del genocidio, el Choeung Ek: una columna de cristal en cuyo interior se conservan unos 8000 cráneos sin identificar con signos de violencia y ropa de la gente aniquilada allí.

Monumento en memoria de los asesinados
Monumento en memoria de los asesinados

Dimos la vuelta al campo acompañados por el sentimiento de compasión que nos invadió ante tal escenario y perseguidos por los niños que desde detrás de la valla que nos separaba pedían a gritos que les hiciésemos fotos para luego pedir un dólar por posar. En algunas pequeñas carpas improvisadas se leían rótulos explicativos donde se detallaba el número de esqueletos-cráneos-o-lo-que-quedara-dentro que se habían hallado en las fosas comunes y algunos montones hechos con pequeños huesecillos.

Dos turistas con los niños a la caza de un dolar
Dos turistas con los niños a la caza de un dolar

Para rematar la visita vimos el museo que hay en la salida con fotografías, uniformes y datos sobre el campo de exterminio.

Traje típico de los jemeres rojos expuesto en el museo
Traje típico de los jemeres rojos expuesto en el museo

Evidentemente pasamos de la oferta del conductor de ir a practicar puntería a los campos de tiro donde suelen ir algunos turistas, sitio al que no le debería dedicar más de tres líneas en mi diario y en el que pagando puedes usar un arma, despojos del arsenal que sobró después de tanta guerra. Según se dice aunque no se atreva a afirmar nadie se han visto vacas o patos a los que apuntar. Aunque Camboya sea un país en el que debido a su extrema pobreza existan actividades como esta para conseguir dinero, ni nos excitaba la idea de empuñar un arma ni nos apetecía ver como mataban animales por diversión, para eso no hace falta ir tan lejos… y hastiados de tanto salvajismo en una sola mañana volvimos a la guesthouse.

El tiempo, que nos había estado respetando toda la mañana ya no pudo contenerse más y de camino nos volvió a pillar el chaparrón. Con la cantidad de tuk-tuks que habíamos cogido el año anterior y ésta era la primera vez que teníamos que bajar la cortina de uno para no mojarnos. Una cortina, si se me permite decirlo, un poco horterilla con una ventana con forma de corazón, uno de tantos diseños que nos quedaban por ver.

Permanecimos en la terraza de la guesthouse el rato que estuvo lloviendo, entretenidos con las fotografías de varias zonas de Camboya que  había en la pared y hojeando las decenas de guías en varios idiomas de Vietnam, Laos, Tailandia, Birmania… Cuando la tromba nos dio una tregua, el conductor fiel que aun seguía en la puerta nos llevó al paseo fluvial para ver que nos deparaban el Palacio Real y la pagoda de plata.

En el palacio real
En el palacio real

La verdad, después de las intensas visitas de la mañana estos sitios no nos transmitieron nada. Tuvimos que pagar seis dólares para ver las diferentes construcciones del palacio y la famosísima pagoda de plata que tiene la única peculiaridad de tener el suelo cubierto de 5000 baldosas de plata, de las cuales solo se puede ver una esquinita porque están cubiertas con una alfombra para que no las pise nadie. No dejó de ser una visita típica y un poco aburrida que no supe disfrutar y de la cual lo único emocionante que vi fue un mono que me enseñó todos los dientes mientras le intentábamos hacer una  foto.

El mono cabrón
El mono cabrón

Nos bastó una hora para saciarnos del lugar, así que rumbo al paseo fluvial salimos en busca de los bares para terminar al final en el mismo restaurante tailandés del día anterior, no tanto porque nos gustara mucho como por pereza de buscar otra cosa, pero con las piernas molidas y con mucho apetito. Por el camino pudimos observar el movimiento que hay en el paseo, con gente paseando, vendiendo toda clase de comida callejera o pescando en el Mekong.

Pesca en el Mekong
Pesca en el Mekong

Después de reponer energías volvimos a la guesthouse a comprar un billete de autobús para el día siguiente a Kompong Cham, así que mientras esperábamos a que la mujer nos lo confirmase nos sentamos en el sofá a jugar una partidita de ajedrez,aunque  bueno, no salí muy bien parada…

Jake Mate con respuesta automática
Jake Mate con respuesta automática

Tuvimos que esperar bastante y yo muerta de sueño me quedé dormida antes de que la señora trajese los billetes. Teníamos que descansar, empezaba el viaje por la Camboya más profunda.

2 Comentarios
  1. carme dice

    jajajaja, si pobrecito… pero que mala leche tenía!!

  2. pirata dice

    Pobre monito, llamarle cabrón, te tenía miedo y se defendía.
    Por cierto que preciosidad de palacio real.
    Estas cosas hacen que uno se haga republicano.
    Aunque hay cada politicucho por ahi, que le las trae.

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