Hay un mito que conviene desmontar cuanto antes: Japón no es un destino inaccesible. Ni tan caro como cuentan, ni tan complicado como parece. Es, de hecho, uno de los países más fáciles del mundo para viajar por tu cuenta: los trenes llegan puntuales al segundo, las ciudades son seguras a cualquier hora y hasta el konbini de la esquina resuelve una cena decente por cuatro euros.

Lo que sí necesita Japón es preparación. No porque haya trámites imposibles, sino porque las decisiones que tomas antes de salir —el pase de tren, la conexión, el seguro, las fechas— condicionan el viaje entero. Y algunas, como el JR Pass, ni siquiera se pueden arreglar una vez estás allí.
Esta es la guía que nos habría gustado tener antes de nuestro primer viaje. Todo lo que hay que resolver, en el orden en que conviene resolverlo.
Las agencias venden Japón como un destino que necesita intermediarios. No es verdad. El país tiene una infraestructura turística tan buena que hacerlo por tu cuenta no solo es posible: es más barato, más flexible y bastante más interesante.
Eso sí, hay una diferencia importante con otros destinos asiáticos. En Tailandia o Vietnam puedes aterrizar sin nada resuelto y organizarte sobre la marcha. En Japón, algunas decisiones hay que tomarlas desde casa: el JR Pass se compra antes de salir, los alojamientos en temporada alta vuelan con meses de antelación y el seguro deja de tener sentido cuando ya estás allí.
Si aún estás en fase de decidir qué ver y a dónde ir, nuestra guía de Japón reúne todo lo que hemos publicado sobre el país. Aquí vamos a lo práctico: qué hay que resolver, y en qué orden.
Japón es de esos países donde la estación cambia el viaje por completo. No es lo mismo Kioto en abril, con los cerezos en flor, que en agosto con 35 grados y una humedad que se pega a la piel.

Las dos temporadas estrella son la primavera (finales de marzo a mediados de abril), cuando llega el hanami o floración del cerezo, y el otoño (noviembre), cuando los arces enrojecen y medio país se echa a la calle a mirarlos. Son las más bonitas y también las más caras y concurridas.
El verano es húmedo y pegajoso, con la temporada de lluvias entre junio y julio, aunque tiene la compensación de los festivales. Y el invierno, salvo en el norte, es suave, barato y sorprendentemente agradable: Kioto sin colas tiene su propio encanto.
Hay tres periodos en los que los propios japoneses se van de vacaciones en masa. Todo se llena, los precios se disparan y los trenes van hasta arriba:
Y hay otra cuestión que conviene tener en cuenta antes de elegir fechas: Japón lleva unos años lidiando con una avalancha de visitantes que ha empezado a generar tensiones. Merece la pena leer sobre cómo está afrontando el país el turismo de masas antes de decidir cuándo ir.
La respuesta honesta es: más de los que vas a tener. Pero hay unos mínimos razonables.

La mejor forma de aterrizar la idea es ver rutas reales. Tenemos recopilados varios itinerarios de viaje a Japón, con sus días, sus paradas y lo que costaron.
Por darte tres referencias de distinta escala: una ruta de doce días para ver lo esencial sin agobios, otra de veinte días que ya permite salirse del circuito clásico, y la nuestra de treinta y dos días, que es la que hicimos nosotros y da para recorrer el país de norte a sur sin prisa.
Buenas noticias: si viajas con pasaporte español y vas por turismo menos de 90 días, no necesitas visado. Basta con presentarte en el control de inmigración con el pasaporte en vigor.

Lo que sí conviene es hacer el trámite de Visit Japan Web antes de volar. Es un registro online gratuito donde rellenas los datos de inmigración y aduanas, y te ahorra las colas y los formularios en papel al aterrizar. Te lo contamos con detalle en el artículo del visado de Japón, donde también explicamos qué pasa si te quedas más tiempo o vas por otros motivos.
Aquí conviene detenerse, porque hay un malentendido que sale caro. Japón tiene una sanidad excelente. Lo que no tiene es ningún convenio sanitario con España.

Eso significa que cualquier atención médica la pagas tú, entera. Y los precios japoneses no son los españoles: una visita a urgencias puede irse a varios cientos de euros, una noche de hospital a más de mil, y una repatriación a cifras que no quieres ni imaginar. No hay tarjeta sanitaria europea que te cubra aquí.
Por eso el seguro de viaje para Japón no es un extra opcional: es la única red de seguridad que vas a tener. En ese artículo comparamos coberturas y precios, y explicamos qué debe incluir sí o sí.
Si quieres entender mejor el terreno que pisas, también te contamos cómo funciona la sanidad japonesa para el viajero: cómo son los hospitales, qué hacer en una urgencia y con qué te vas a encontrar.
Parece un detalle menor y no lo es. En Japón, sin conexión vas ciego.

El transporte público japonés es una maravilla de ingeniería y un laberinto para el recién llegado: estaciones con veinte salidas, líneas de compañías distintas que se cruzan, carteles que a veces solo están en japonés. Google Maps y las apps de trenes lo resuelven en segundos. Sin datos, no.
Y el wifi público, al contrario de lo que se piensa, es escaso y engorroso: muchos puntos exigen registro previo con datos japoneses. Lo más cómodo con diferencia es llevar una eSIM para Japón activada desde casa: aterrizas y ya tienes datos, sin buscar tiendas ni cambiar tarjetas físicas.
Desde España hay vuelo directo Madrid-Tokio con Iberia, que ronda las 14 horas. Es la opción más cómoda, aunque rara vez la más barata.
Con escala, las combinaciones habituales pasan por Doha (Qatar), Dubái (Emirates), Estambul (Turkish) o algún hub europeo. Se alarga el trayecto, pero el precio suele bajar bastante. Conviene mirar con antelación: los billetes a Japón se encarecen mucho en primavera y otoño.
Dos apuntes que ahorran tiempo y dinero. El primero: Tokio tiene dos aeropuertos. Haneda queda mucho más cerca del centro; Narita está a una hora larga y el traslado cuesta. Si puedes elegir, elige Haneda.
El segundo: plantéate un vuelo multidestino, entrando por Tokio y saliendo por Osaka (o al revés). Cuesta prácticamente lo mismo y te ahorras deshacer el camino, que en Japón son varias horas de tren.
Esta es probablemente la decisión más importante de todo el viaje, y hay que tomarla antes de salir de casa.

El Japan Rail Pass es un abono para extranjeros que permite viajar de forma ilimitada en la red JR, incluidos casi todos los trenes bala. Solo se puede comprar desde fuera del país, así que si te olvidas, te olvidaste.
Ahora bien: no siempre compensa. Subió mucho de precio hace un par de años y ya no es la ganga que era. La regla práctica es sencilla: si vas a hacer varios trayectos largos (Tokio-Kioto-Hiroshima y vuelta, por ejemplo), sale a cuenta. Si te vas a quedar en Tokio y Kioto sin moverte más, casi seguro que no.
La forma de saberlo es echar cuentas antes: mira lo que cuestan por separado los trayectos que vas a hacer y compáralo. Nosotros hemos desglosado las rutas más habituales, como ir de Tokio a Kioto o de Tokio a Osaka, con todas las opciones y precios.
Sorpresa para muchos: el país de los robots y los váteres inteligentes sigue funcionando con efectivo.

Las grandes ciudades aceptan tarjeta sin problema, pero en templos, restaurantes pequeños, mercados o pueblos te vas a encontrar más de una vez con un cartel de cash only. Lleva siempre yenes encima.
El truco que todo el mundo aprende tarde: los cajeros de los bancos japoneses suelen rechazar tarjetas extranjeras, pero los de los konbini 7-Eleven las aceptan casi todas, funcionan 24 horas y están en cada esquina. Ahí tienes tu banco. Los detalles sobre el yen y los cajeros automáticos los desarrollamos aparte.
La fama de destino carísimo está desactualizada. Japón no es barato, pero tampoco es Suiza.

Comer es sorprendentemente asequible: un bol de ramen decente cuesta entre 6 y 9 euros, y en los konbini se cena por menos. Lo que se dispara es el transporte (los trenes bala son caros) y el alojamiento en temporada alta.
Hemos desglosado los números reales de nuestros viajes en el presupuesto orientativo para viajar a Japón, con lo que cuesta cada partida según el estilo de viaje.
Aquí Japón se pone divertido, porque las opciones no se parecen a las de ningún otro sitio.
El business hotel es el caballo de batalla del viajero por libre: habitaciones minúsculas pero impecables, siempre junto a la estación, y a precios razonables. Es lo que vas a usar la mayoría de las noches.
El ryokan es el alojamiento tradicional, con suelo de tatami, futón y a menudo aguas termales. Es caro, pero merece la pena reservar al menos una noche: es una experiencia en sí misma, no solo un sitio donde dormir. Y en Koyasan puedes hacer algo parecido durmiendo en un templo budista.
Luego están el hotel cápsula (barato, curioso, para una noche) y los hostels, que en Japón son de una limpieza casi quirúrgica.
Un aviso serio: reserva con antelación. En temporada de cerezos o de arces, los alojamientos decentes de Kioto se agotan con meses de margen, y lo que queda está por las nubes.
Si hay una razón para volver a Japón, es esta.

Olvídate de la idea de que todo es sushi. Está el ramen, el okonomiyaki, el katsu, los izakaya donde se cena picoteando y bebiendo, y hasta los konbini, que venden comida preparada de una calidad que aquí ya quisiéramos en muchos restaurantes.
Le hemos dedicado dos guías enteras: una a la comida típica de Japón y otra a qué beber en Japón, del sake al té matcha.
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Solo hasta el 19 de julio.