Cap. 17 – Fin de año en Varanasi

Con Dilek, Jaume y el Ganges de fondo
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La segunda noche en Urvashi guesthouse no fue mejor que la anterior. Mi cuerpo no terminaba de acostumbrarse a aquella tabla incómoda más propia del entrenamiento de un faquir que de una cama y cada día me levantaba más cansada. Suerte que la motivación por seguir descubriendo Varanasi nos hacía olvidar cualquier mal, más aun cuando se trataba del día de Nochevieja y teníamos mucha curiosidad por saber cómo lo celebrarían allí.

Salimos pronto hacia Dasaswamedh ghat donde habíamos quedado en vernos con Dilek y Jaume. Cuando llegamos les encontramos esperando en los peldaños de las escalinatas y nos sentamos junto a ellos. Enseguida nos dimos cuenta de lo que nos había cundido el tiempo a ambas parejas; hacía apenas dos días que nos habíamos despedido y teníamos anécdotas para parar un tren, prueba de lo intensos que son los viajes de mochilero.

Les pedimos que nos acompañasen a hacernos una foto con un sadhu para usarla a modo de postal y felicitar el año a nuestros lectores del blog, así que recorrimos los Ghats como el día anterior. Anduvimos un rato y volvimos a disfrutar del lugar como en la primera visita; ahora con compañía aun había más cosas que comentar. Otra vez la sensación de estar visitando un mundo aparte. Un mundo en el que la normalidad de lo cotidiano convive con el singular ritual de la muerte, la rutina de los nativos con el asombro de los viajeros y sobretodo un lugar lleno de una espiritualidad que en demasiadas ocasiones queda eclipsada por la pillería de quienes se aprovechan de la fama del lugar.

Con Dilek, Jaume y el Ganges de fondo
Con Dilek, Jaume y el Ganges de fondo

Por fin llegamos a las escalinatas más pobladas por shadus de todo el río y Toni y yo nos quedamos mirando. Buscábamos a alguien dispuesto a colaborar con nosotros y que consiguiese transmitir a nuestros seguidores lo mismo que el viaje a nosotros, y no era tarea fácil. Algunos de ellos estaban durmiendo tendidos en el suelo a los cuales no queríamos despertar, otros parecían estar en trance así que preferíamos no estorbar su paz, más que nada por el riesgo de ser ignorados completamente, y otros simplemente se dedicaban a pasear. De repente, en una esquina vimos a un shadu que con una sonrisa y una mirada picarona miraba hacia donde estábamos nosotros. Toni y yo nos volvimos a mirar y dijimos: ¡él es el elegido!

El hombre no se negó a nuestra petición, más bien diría que no hizo ningún gesto así que cabe la posibilidad de que ni nos entendiese. El caso es que nosotros nos sentamos a su lado, él saludo hacia la cámara que sostenía Jaume y nosotros le imitamos. Namasteeeeeeeeeeeee y ¡click! Y el resultado fue este… una foto divertida, que encantó a la gente y que sino por su cara por las nuestras, transmitió felicidad.

La foto para vosotros
La foto para vosotros

Hechos los deberes nos fuimos a almorzar, los cuatro teníamos el estómago vacío y si queríamos aprovechar el día necesitábamos energía, así que tras nuestra propuesta la pareja accedió y fuimos todos a Mona Lisa café, ¡¡¡cómo no!!! Cuando llegamos tuve que entrar al baño urgentemente, el cual no había visto antes. Entonces descubrí “la parte de atrás” desde la que en algunas ocasiones algún gatito o perrito había asomado la cabeza al comedor antes de ser espantado por los propietarios del bar. Se trataba de un patio interior muy viejo, con un cuarto de baño polvoriento, una puerta que no cerraba, una luz que no se encendía, un lavabo inexistente y una cocina… que prefería no ver. Si algún recuerdo útil me llevé de India en el corto periodo que estuvimos fue inmunidad. En su favor diré que la comida del lugar es deliciosa y que a pesar de todo volvimos a ir a comer más días, pues estaban todos más o menos en las mismas condiciones. Hicimos un almuerzo-comida por las horas que eran, y aproveché para probar el Lassy que había pedido Dilek, una bebida típica de India, refrescante y hecha con yogur; otros seguían prefiriendo chai…

Máxima concentración con el chai...
Máxima concentración con el chai…

Terminamos de comer y empezamos el paseo, nuestra misión para esa tarde era encontrar algún sitio donde fuesen a hacer alguna cena o fiesta de fin de año pues no estábamos al corriente de lo que allí se hacía, así que nos dedicamos a caminar y cuando veíamos un bar, preguntábamos. En Ganga Mahal nos habían entregado una invitación de un bar de Bengali Tola en el que se anunciaba una cena amenizada con música y donde se podía beber cerveza. Decidimos entrar a ver si nos convencía así que un cazaclientes que había en la puerta nos acompañó al primer piso del local para que lo viésemos. Allí arriba no había nada, solo un salón grande enmoquetado y sin muebles, sin más. El problema no era tener que comer en el suelo ni que hubiese polvo para llenar un saco, sino el sitio en general. Nos pareció tan cutre y triste que ninguno de los cuatro dudó un instante, allí no nos apetecía cenar.

Búsqueda de un restaurante en Ganga Mahal
Búsqueda de un restaurante en Ganga Mahal

Continuamos paseando por los Ghats hasta que llegamos a Manikarnika otra vez, pero ahora en vez de quedarnos viendo el ritual pasamos de largo y nos metimos por las callejuelas de atrás. Entonces tuvimos que dejar de ir juntos para ir en fila pues alguna de las calles tan solo media poco más de un metro de ancho y alguna incluso pocos metros de largo. Aquello era un laberinto donde perderse era la cosa más fácil del mundo y encontrarte vacas casi enterradas entre bolsas de basura también. Suerte que son sagradas, miedo me da pensar sino en que sitios las podríamos haber encontrado.

Esos callejones!!!
Esos callejones!!!

Nos pusimos a seguir unas flechas que indicaban el camino hacia Shanti gh, pues una pareja de mallorquines que nos habíamos cruzado en el tren nos comentó que había fiesta esa noche, así que nada más llegar a la puerta de la guesthouse y al leer que en la terraza había un bar quisimos subir. Íbamos directos a las escaleras cuando un hombre salió de recepción y nos interceptó preguntando si estábamos allí alojados. Preferimos no mentir, al menos no mucho por aquello que dicen del karma, así que dijimos que teníamos allí unos amigos. Entonces el hombre preguntó que como se llamaban nuestros amigos, a lo que Toni respondió: “I don’t know”. Debimos darle pena al hombre, o quizás solo preguntaba por curiosidad por que no le sonaban nuestras caras, pero nos dejó pasar y subimos a la terraza. Llegamos arriba y nos asomamos por la barandilla a observar los alrededores.

Vistas de Varanasi desde las alturas
Vistas de Varanasi desde las alturas

El edificio era de los más altos de Varanasi y desde allí podía verse casi toda la ciudad: el humo de las cremaciones, las cometas que hacía volar todo el mundo, la vida en las terrazas y sobretodo monos. Pandillas de macacos dondequiera que mirásemos, unos dedicados a lo suyo, la desparasitación, y otros buscándose la vida de cualquier manera, incluso robando. Tanto es así que los dueños de los locales tenían que estar alerta las 24 horas del día, pues los avispados primates aprovechan cualquier descuido para alimentarse de la comida de los demás. Recuerdo una vez estando nosotros sentados en un portal, un macaco esperaba atento escondido en el marco de la puerta de un bar a que el camarero se metiera hacia dentro, entonces dio un salto, cogió la fruta que había encima de una mesa y salió corriendo. Al dueño, armado con un palo enorme no le dio tiempo de hacer nada, el macaco salió vencedor y yo no pude evitar sonreír ante el triunfo del animalillo. Esta vez los macacos subían hasta el último piso del edificio para conseguir algo, aunque fuese un mísero cacahuete, pero se trataba de madres cargadas con las crías que no eran tan ágiles y no consiguieron nada, solo enfadar a los camareros.

Una de las monas con un bebé en brazos
Una de las monas con un bebé en brazos

Nos sentamos en una de las mesas mientras un grupo se dedicaba a inflar globos, pedimos cocacolas y mientras esperábamos los refrescos nos relajamos disfrutando de la belleza de Benarés desde las alturas. Enseguida nos sacaron las cocacolas que tenían guardadas seguramente en el baúl de los recuerdos, porque una de ellas tenía el cuello de la botella alrededor de la chapa completamente oxidado. Nos miramos las caras como decidiendo a quien le iba a tocar el premio, pero fuimos cabales y preferimos que nadie bebiese de ahí, pues nadie sabíamos donde quedaba el hospital más cercano. Uno de los camareros nos preguntó si íbamos a ir a cenar esa noche, entonces nos contó cual era el plan, que según entendimos era una barra libre y bufet libre. Nos extrañó un poco y le dijimos que no lo sabíamos aun, que ya los decidiríamos.

Terminado el refresco bajamos de allí y nos volvimos a meter en las callejuelas laberínticas, y sin saber muy bien hacía donde dirigíamos nuestro rumbo nos dejamos llevar por la corriente de gente que a esas horas invadía las calles. En una de las calles vimos un montón de policías armados con metralletas y nos preguntamos que pasaría allí. Posteriormente nos enteramos de que hacía unos días había habido un atentado en un templo por enfrentamientos religiosos.

Foto "robada" de los militares
Foto «robada» de los militares desde la cintura

Cuando nos saciamos de tanto paseo nos fuimos cada uno a su guesthouse y quedamos en que viniesen ellos a Urvashi y ya decidiríamos esa noche, donde viésemos algo abierto con ambiente entraríamos. De camino pasamos por una tienda de telas y ropa que ya habíamos visitado el día anterior, y Vijay, el joven y simpático propietario salió a saludarnos. Le dije que quería comprarme alguna camisa para esa noche, así que empezó a sacar bolsas con prendas de algodón de todos los colores. Esta me va corta, la otra me aprieta, la otra es muy larga, la otra es muy grande. Sin perder ni un segundo la sonrisa en la boca Vijay me sacó decenas de prendas hasta que por fin encontré una verde que me convenció. Con un poco de prisa salimos de la tienda rumbo a la gh para ponernos guapos, y ante la insistencia de Vijay en que nos tomásemos un té con él le prometimos que pasaríamos el día siguiente, volveríamos para despedirnos y nos tomaríamos el chai.

En la tienda de Vijay comprando la ropa de nochevieja
En la tienda de Vijay comprando la ropa de nochevieja

Estuvimos poco rato en la habitación pues había poca ropa mínimamente arreglada para una noche de fiesta, así que no había mucho que elegir. Unos pendientes nuevos por aquí, una pañuelo en el cuello, ropa a estrenar y ya estábamos listos.

Y si me pongo el pañuelo por aquí...?
Y si me pongo el pañuelo por aquí…?

Como aún era pronto salimos a tomar una cerveza y nos metimos en un bar que nos había llamado antes la atención, donde le pedimos la cerveza que nos sirvieron dentro de una taza para camuflarla. Ahí estábamos, esperando que fuese la hora de la cena de Nochevieja como dos niños bebiéndose un vaso de leche, solo nos faltaban unas galletas.

No, no es leche, es cerveza...
No, no es leche, es cerveza…

Debían de ser las nueve cuando salimos del bar, entonces nos dimos cuenta de que en ninguno había ambiente especial, es más, diría que estaban cerrando ya todo. En la calle empezaba a no verse ni un alma así que cuando la pareja llegó a Urvashi gh decidimos quedarnos allí a cenar. Para nuestra sorpresa éramos los únicos que estábamos cenando allí esa noche a esas horas, así que renunciamos a una gran fiesta y decidimos que sería nuestra propia fiesta. Pedimos unas cerveza que nos volvieron a sacar en tazas aunque no hubiese nadie más en el local, y cada vez que queríamos rellenarla salía el camarero con la botella camuflada con un trapo.

Esa noche no miramos pelo y pedimos lo que nos apeteció. Y con la comilona y entre risas nos dimos cuenta que eran casi las 12. El hombre enchufó la tele cinco minutos antes de medianoche y en la pantalla apareció una pareja de jóvenes guapos que se disponía a hacer la cuenta atrás. 3,2,1, 0 y feliz año nuevo. No se escuchó ni un grito, ni música, ni se vio a gente borracha por la calle, ni matasuegras ni antifaces esperpentos. Ni siquiera nosotros saltamos contagiados de tanto sosiego y nos limitamos a felicitarnos el año. Al menos el propietario nos deseó un feliz año nuevo y nos explicó que allí la gente celebra el año nuevo en su casa y con su familia, nada que ver a lo que nosotros estamos acostumbrados.

Nuestra nochevieja con Dilek y Jaume!!!
Nuestra nochevieja con Dilek y Jaume!!!

Después de un largo rato muy agradable se hizo ya tarde y en vista de que en la zona que habíamos elegido no era la óptima para una fiesta de fin de año quedamos en irnos todos a dormir. Así que después darnos unos abrazos nos despedimos de nuestros nuevos amigos y nos deseamos suerte: al día siguiente nuestros viajes seguirían rumbos distintos.

2 Comentarios
  1. Facundo dice

    Gracias por los post, ya llevo leídos un par y me encanta la forma q tienen de contar todo, en poco más de una semana vamos a estar mi pareja y yo tocando tierras indias, y leyendo sus post consigo viajar desde ahora para ir entrando en ambiente. Los felicito por el blog y les deseo un feliz 2018!

    Saludos desde bcn

    1. Toni dice

      Nos alegra que «te llevemos» a India antes de que viajes tú, seguro que lo pasarás genial. (Por cierto, he corregido tu errata) ;-)

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