Cap. 18 – Principio del final y suplicio en la sleeper class

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El día de año nuevo y por tercera vez consecutiva volví a despertar con la espalda destrozada por culpa de aquella maldita cama, suerte que era la última noche que iba a pasar allí porque mi cuerpo no aguantaba más esa tortura. O al menos eso creía yo que en esos momentos no recordaba que la siguiente era otra fría y larga velada en sleeper class del tren…

El último día en Varanasi fue simplemente para disfrutar del lugar, sin tener ya ninguna obligación ni prisa por ver nada nos dedicamos a pasear y dejarnos llevar pues el tren en dirección a Delhi no salía hasta la noche, así que salimos a mirar lo que podría valer un sittar pues Toni estaba enamorado de su sonido y estaba dispuesto a cargar uno entre los miles de trastos que llevábamos acumulados en la mochila. Tuvimos suerte y en la misma calle Ganga Mahal encontramos una tienda de instrumentos musicales y un propietario muy simpático.

Muy amable el señor nos saludo y nos hizo un gesto para que pasáramos y lo primero que hicimos fue preguntarle si las réplicas pequeñas que se venden suenan igual, como nos había dicho el primer día el propietario de otra tienda. Evidentemente no podía sonar igual pues las pequeñas eran una imitación literalmente barata que únicamente podía usarse como decoración y su sonido era igual que el de una guitarra de juguete. Para convencernos, el hombre nos invitó a sentarnos en el suelo y cogió uno de buena calidad e hizo una demostración. El sittar es un instrumento de cuerda típico de india cuyas notas metalizadas resuenan durante un tiempo más largo y escuchar al señor tocarlo, aunque solo fuesen cinco minutos, fue realmente emocionante. Hubiésemos comprado el instrumento y unas clases incluidas para aprender a tocar, pero las 10000 rupias que valía nos convencieron de que no era una buena idea, quizás en la próxima visita al país.

Toni en la tienda de sittars de Varanasi
Toni en la tienda de sittars de Varanasi

Seguimos paseando hasta que llegamos a los ghats, así que pudimos despedirnos del lugar tranquilamente. Viendo la vida a orillas del Ganges por última vez supe que no iba a olvidar esas escenas durante mucho tiempo. Me senté en uno de los peldaños y cerré los ojos intentado fijar todo en mi memoria, era mediodía y el sol calentaba mi cara. Si hubiese estado diez minutos así me hubiese dormido sin que lo pudieran impedir ni la cabra que husmeaba mis zapatillas, ni las vacas que pasaban a escasos metros de mí. Estaba encantada de haber conocido el lugar, aunque me llevé la espinita de no haber subido en una barca para surcar el Ganges.

Mis últimas vistas a los ghats del Ganges
Mis últimas vistas a los ghats del Ganges

Por la tarde tampoco teníamos planeado hacer nada en concreto así que como le habíamos prometido a Vijay fuimos a su tienda a tomar un chai. Cuando llegamos lo encontramos sentado en la moqueta y, cómo no, sonriendo. Se mostró agradecido por la visita y salió corriendo a por un par de tazas de té. Nos sentamos los tres en el portal y estuvimos un rato charlando. A pesar de su edad, el chico nos estuvo contando que ya llevaba unos cuantos años al cargo de la tienda y ahora empezaba a abrirse al mundo de internet para expandir el negocio, algo que aunque para nosotros suene normal para alguien como él era algo extraordinario. No nos extrañó nada pues el chico apenas había salido un par de veces de Varanasi y se había pasado la mayor parte de la vida currando, de la tienda a casa y de casa a la tienda, cerrando el negocio unos pocos días al año. Era imposible no mostrar simpatía por el chaval, algo que hacía que me supiera mal estar allí sin comprarle nada, así que como tantas otras veces, terminé comprando.

La hora del chai con Vijay
La hora del chai con Vijay

La tarde iba transcurriendo y no teníamos ganas de tener que correr a última hora hacia la estación pues el tráfico de rickshaws en la ciudad era máximo a cualquier hora. Fuimos a recoger nuestras mochilas a la guesthouse y salimos rumbo a Varanasi Cantonment. Media hora antes de que partiese el tren en dirección a la capital ya estábamos esperando en el andén, así que después de comprar algunos víveres para la noche subimos a buscar nuestras camas.

La estación de tren de Varanasi
La estación de tren de Varanasi

Cuando llegamos al vagón correspondiente empezaron a venirme a la cabeza malos recuerdos de la última experiencia en sleeper class: viento, frío, cucarachas, incomodidad… intenté quitármelas de la cabeza convenciéndome de que aquella noche no iba a ser tan fría, que ahora llevábamos una manta, que dormiríamos bien… Nos metimos en el hueco donde estaban nuestras literas y mientras comíamos las papas que habíamos comprado en la estación conocimos a nuestros vecinos. En las literas de arriba había una pareja de japoneses que nos sorprendieron hablando español, y enfrente una chica australiana que viajaba con un chico indio. En el tren de Orchha conocí a una chica que estudiaba enfermería y esta estudiaba veterinaria, casualidades de la vida. En la litera de abajo Toni compartiría la planta baja con otro japonés que nos pareció muy simpático.

Toni y su compañero japonés
Toni y su compañero japonés

La temida hora de acostarse se iba acercando y yo que le tenía pánico intentaba alargarla charlando con Toni, hasta que se cansó y me dijo “yo me voy a montar mi cama que tengo sueño”, así que no me quedó más remedio que montar la mía y acostarme. Ilusa saqué la manta que me acababa de comprar pensando que me iba a salvar de pasar frío, así que me la eché por encima y después de ver pasar una cucaracha a un palmo de mi cara que parecía que venía a darme las buenas noches cerré los ojos e intenté dormir.

La ventana de la cama de enfrente tenía un boquete enorme por el que, aunque la velocidad del tren aun no era excesiva, se colaba demasiado viento que venía directamente a mi nuca, empezando el proceso de petrificación de mi cuerpo. Intenté poner la mochila entre la ventana y mi cabeza de algún modo que interrumpiese el molesto flujo de aire que de momento parecía que disminuía. Volví a cerrar los ojos y conseguí dormir.

De repente sentí como el tren aceleraba y el viento entraba cada vez más y más rápido y ni la mochila ni la manta podían evitar que me estuviese congelando. Miré el reloj y me di cuenta de que solo había dormido media hora, me quedaba toda la noche por delante. Me acurruqué, cerré los ojos con fuerza y repetí dentro de mi cabeza mil veces “duérmete, duérmete, duérmete…”. Pero era imposible, cada vez tenía más frío y estaba más incómoda, y aun así cerraba los ojos y volvía a intentarlo, lo único que no quería era despertar a Toni pues parecía que él sí que había conseguido conciliar el sueño. Pero fue imposible. Puedo asegurar que no lo hice hasta que no estuve agotada, pero mi cuerpo necesitaba calor y Toni era lo más parecido a una estufa que había por allí, así que tuve que volver a hacerlo: “¡¡¡¡¡Toni…!!!!!” No tuve que decir nada más, Toni sabía lo que quería así que salió de su cama y subió junto a mí. Y estando los dos embutidos como sardinas en una lata consiguió transmitirme algo de calidez, el problema ahora era que no teníamos casi espacio ni para respirar y estábamos incómodos, y la mochila que habíamos puesto de almohada estaba muy dura, y yo no dejaba de mover las piernas y Toni se enfadaba porque ahora ni dormía yo ni dormía él. Así que volvía a bajar a la cama de abajo para poder moverse, hasta que yo le volvía a llamar, y volvía a subir, y nos volvíamos a cansar, y volvía a bajar… Aaaaaaaaaaahhhhhhhhhh

Y así es como pasamos la última y nefasta noche en un tren en la India mientras de vez en cuando miraba a la pareja de enfrente con sus sacos de dormir y pensaba “que listos son estos japoneses…”

10 Comentarios
  1. Tamara dice

    entonces tendre que hacer lo mismo que Carme decir le a mi acompañante que se duerma con migo , porque yo siempre tengo frio…..

    no me queda nada…….. a la hecho pecho…….

    1. carme dice

      Pues tendrá que ser un acompañante con muuucha paciencia!!!! jejejejej ánimo, que a lo mejor solo hace frío en la época que fuimos nosotros!!!!

  2. Manuela dice

    Toniiii, no te enfades, con el frío que hace y los bichos y la pobre sin poder dormir. Carme, te apoyo, que los tíos no tienen mucha paciencia con esas cosas! ;)

    1. carme dice

      jajajajaja, pobret! si tuvo mas paciencia de la que hubiese tenido yo! pero al final se le acababa…! me faltó poner la mosquitera eh?

  3. Jesus dice

    Hola,

    la verdad es que lo vuestro con los trenes es mala suerte…. Nosotros viajamos bastantes veces en Sleeper y la verdad es que muchísimo mas barato, y como tienen las ventanillas abiertas, la gente tira toda la basura por ellas y se esta mucho mejor que en las ACs,donde el el ambiente si que es realmente gélido, al menos esa es la sensación que nos dio a nosotros.

    Bichos al final hay en casi todos los lados, es cuestión de convivir con ellos, llegar cansado a la litera y cerrar los ojos… y si no puedes dormir, unas macros a los animalitos :)

    1. carme dice

      Hola Jesús,
      lo del ambiente es verdad, a pesar de todo yo recomiendo a todo el mundo que haga al menos un trayecto en sleeper class, eso si, si en diciembre que se lleven el saco de dormir o una manta bien gorda. A mi es que el frío me mata. Lo de las cucarachas lo voy superando, ya ves que ahora las veo a un palmo y se me pone la piel de gallina mientras que antes tenía que salir corriendo!!!! Terapia de choque para la fobia a las cucarahas!!!
      Saludos!!!!!

  4. Babyboom dice

    Está claro que en un tren de la India no duermes ni de coña o bien por el frío, por las cucarachas o los ratones, da igual si es invierno o verano porque en verano que estuvimos nosotros ponían el aire acondicionado a toda leche y te quedabas como un cubito de hielo, jejejeje. Mi guerra fue contra las cucarachas que las había a miles, jejejeje. Buena entrada!!! ;-)

    1. carme dice

      Al menos en sleeper class no pudimos descansar, porque en otro trayecto que hicimos en 3a dormimos de lo más a gusto. Como experiencia vale pero yo no repito, y si lo hago será con un saco de dormir y hermético para asegurarme que no vengan cucarachas a saludarme!!!

      Saludos!

      1. Manuela Rivera dice

        Yo viaje de amristsar a haridwar en sleeper Class y dormí toda la noche, el frío si me incómodo un poco pero con una manta y un par de medias lo solucione, mi problema fue el baño, que después de un trayecto de 10 horas más 1 de retraso era necesario y cuando lo mire daba asco, entonces ni modo.

        1. pellicercarme dice

          Lo que hubiese dado en esos momentos por una buena manta…

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