Cap. 09 – Cambio de planes en dirección a Agra

Antes de que empezasen otra vez los sonoros martillazos de las obras nos levantamos de la cama, porque si algo habíamos decidido claramente para ese día era que íbamos a marcharnos del hotel. Y no precisamente por el ruidoso despertar, pues tan solo llegaba a molestar a los menos madrugadores, sino porque el precio no se ajustaba a nuestro bolsillo. Cogimos nuestras escasas pertenencias y calle arriba calle abajo nos dirigimos a uno de los hostales que habíamos visto el día anterior visitando Udaipur: Shiva guesthouse, mucho más sencilla y barata quizás por tenerla que compartir con la cantidad de mosquitos que se colaban por la ventana.

Nuestra futura guesthouse en Udaipur
Nuestra futura guesthouse en Udaipur

Hambrientos y algo somnolientos aun, decidimos desayunar en el Lotus café que se encontraba en una calle cercana. El que tuviese una comida exquisita eclipsaba el hecho de que en realidad era un restaurante casi exclusivamente para extranjeros, aunque a esas horas no había nadie y el joven camarero nos dedicó toda su atención. Cuando nos escuchó hablar preguntó si éramos españoles y puso música latina, seguramente pensando que así nos sentiríamos como en casa.

Desayunando en el Lotus Café de Udaipur
Desayunando en el Lotus Café de Udaipur

Mientras desayunábamos hablábamos sobre el futuro inmediato del viaje, se acercaba Nochebuena y cabía la posibilidad de tener que pasarla en un autobús puesto que en Udaipur no teníamos pensado quedarnos más que otra noche. Indecisos como estábamos pensamos que salir a pasear nos vendría bien y quizás nos resolvería dudas, así que fuimos en busca de la oficina de correos para enviar todas las postales que teníamos ya escritas.

De camino vimos decenas de tiendas de ropa y telas que fueron nuestra perdición, y mientras nos entreteníamos con los pañuelos de un escaparate salió el dueño a camelarnos para que comprásemos de todo. Aprovechamos para preguntarle donde se llegaba a la oficina, y como quería asegurarse que volviéramos le dijo a un señor que había allí que nos acompañara. El buen hombre, obediente, nos hizo un gesto para que le siguiéramos y nos guió hasta el lugar. Iba delante de nosotros girando la cabeza y moviendo los brazos para indicar el camino, de lo más pintoresco teniendo en cuenta que vimos de todo, incluso unos graciosos burritos que iban solos por la calle cargados de escombros de una obra…

Los trabajadores burros con su carga
Los trabajadores burros con su carga

Después de unos 10 minutos de paseo llegamos a la puerta de la mini-oficina de correos. El señor nos señaló hacia dentro y se esperó pacientemente allí fuera. Cuando tuvimos todas las postales mandadas (con un vídeo de prueba por si no llegaban a su destino) volvimos sobre nuestros pasos hasta la tienda donde nos esperaba el dueño y donde terminamos comprando un par de pañuelos por las molestias. Pero la compra grande no llegó hasta que no vimos una tienda con decenas de telas colgadas que me hipnotizaron de tal manera que no pude evitar entrar y buscar como una loca toda clase de telas para nuestra casa.

No sabíamos cual elegir!!
No sabíamos cual elegir!!

Todo me parecía precioso, decorado con elefantes y demás motivos indios y colores hermosos. Y lo que en un principio era la búsqueda de una tela bonita terminó siendo la compra de fundas de cojines, pantalones, camisetas y pulseras. El dueño de esta tienda quedó tan contento (aunque nos hubiese mostrado toda la tienda entera) que me regaló un llavero y no tuvo ningún reparo en enseñarme a vestir un sari.

Uno de los saris que me probé
Uno de los saris que me probé

Y después de un par de horas paseando aun no habíamos decidido nada sobre el tema de la nochebuena… Solo se nos ocurrió entrar a una agencia donde vendían billetes de autobuses a ver qué horarios y destinos nos ofrecían. Entramos a la oficina y vimos que en ese momento no había nadie. Como no teníamos nada urgente que hacer decidimos sentarnos a esperar en un par de sillas viejas improvisadas en la entrada. Ya vendrá alguien…

Por las calles de Udaipur en busca de la agencia
Por las calles de Udaipur en busca de la agencia

Cuando el señor que llevaba la agencia hubo terminado con sus tan necesarios quehaceres que le impedían atender al personal salió, y sin mucho entusiasmo nos miró con un gesto de interrogación a ver qué era lo que necesitábamos. Dentro de nuestra indecisión al menos teníamos claro que el siguiente destino era Agra así que nos mostró los horarios de los siguientes autobuses que saldrían en esa dirección. Aunque en un principio habíamos optado por salir el día siguiente, viendo que el trayecto duraba más de 12 horas y que el sleeper bus solo salía por la tarde optamos por partir esa misma tarde, pues cenar el día de nochebuena en Agra y cerca del Taj Mahal nos parecía más atractivo que arriba de un autobús. Aunque el hombre nos dijo que no sabía con certeza si llegaría el autobús hasta Udaipur por no recuerdo qué problemas, igualmente compramos los billetes.

No teníamos tiempo que perder, en un par de horas debíamos salir hacia la estación de autobuses, así que nos pusimos manos a la obra a organizar las mochilas y ducharnos. El cambio de planes hizo que tuviésemos que explicar al dueño de la guesthouse en la que estábamos que no nos íbamos a quedar a dormir, pero que nos hiciese un precio más reducido por dejar que estuviésemos allí hasta nuestra salida. Aunque la reducción fue mínima, al final no nos hizo pagar toda la noche, así que terminamos de recoger todo y salimos en busca de un rickshaw que nos llevara a la estación de autobuses.

Parada de rickshaws
Parada de rickshaws

Fue ardua la tarea de encontrar uno que nos permitiese llegar allí por pocas rupias, porque se habían puesto en plan chulesco y todos nos querían cobrar demasiado. Al verte con las mochilas ya saben que tienes la necesidad de coger uno, y con eso se aprovechan, pero nuestra dura firmeza surtió efecto y pagamos lo que queríamos por el trayecto. Una vez allí nos dejó en un sitio donde esperaban un montón de viajeros con las mochilas desparramadas por el suelo, así que tiré la mía al suelo y me senté encima.

Esperando el bus con destino a Agra
Esperando el bus con destino a Agra

Justo enfrente de donde me había sentado un grupo de niñas de edades distintas jugaban y cuidaban de otros niños más pequeños. La cámara de Toni les llamó tanto la atención como a mí sus prendas maltrechas y se acercaron a él para que les hiciese fotos. Cuando se cansaron de posar mi cámara de video captó aun más su atención y salieron disparadas hacia mí. Mientras ella se miraban por el visor me di cuenta de que llevaban más suciedad de la que parecía y a algunas de ellas se les habían formado incluso auténticas rastas en el pelo.

Las graciosas (y pobres) niñas
Las graciosas (y pobres) niñas

De repente un hombre dio unas palmadas para llamar la atención y al grito de “Agraaaa” señaló en la dirección que había que ir. En aquel momento nos dimos cuenta de que de todo el montón de gente que había allí solo Toni y yo íbamos a coger ese autobús. Entonces una de las niñas, la más mayor de todas ellas, se dirigió a mi extendiéndome su mano y me dió un puñado de florecillas amarillas a modo de ramo. Era un regalo. La sorpresa fue que a cambio de eso no me pidió nada, tan solo hizo un guiño de despedida. El gesto hizo que se me encogiese el corazón…

Aun había otra sorpresa más ese día, y es que cuando vi aparecer el destartalado autobús entendí porque el hombre dijo que a lo mejor no llegaba esa tarde… cabía la posibilidad de que se desmontase por el camino sin llegar a su destino. Desde fuera, en la distancia, ya se podía preveer el estado del autobús, pero por dentro aun era peor. Polvo, suciedad y desorden combinados le daban un aspecto interior literalmente roñoso. Higiene y confort eran dos cosas que brillaban por su ausencia y a juzgar por el aspecto general, escobas o bayetas no habían hecho acto de presencia nunca allí dentro.

Aspecto del interior del sleeper bus
Aspecto del interior del sleeper bus

Suspire y pensé: “bueno, es lo que hay…” así que buscamos nuestro habitáculo y empezamos a meter los trastos. Era muy parecido al último sleeper bus que habíamos cogido la última vez, pero evidentemente mucho menos apetecible. Di una palmada al colchón para comprobar lo que me temía y de ahí salió una nube de polvo en dirección a la cara de Toni, que me riñó mientras se ahogaba.

Nos metimos allí dentro pensando ya en la ducha desinfectante que nos íbamos a dar el día siguiente y cuando recordamos que íbamos en dirección a Agra nuestra expresión recobró una sonrisa y pensamos que al menos el destino iba a ser impresionante. Valía la pena.

Vista general de nuestro habitáculo
Vista general de nuestro habitáculo

Un par de horas más tarde la mugre ya era invisible ante nuestros ojos y nos entreteníamos igual que en otros viajes, y tras un par de paradas para comer algo y estirar las piernas se hizo de noche y cerramos los ojos. El Taj Majal cada vez estaba más cerca.

200 200 Carme
2 comentarios
  • hola! voy a la india a final del verano y miedo me dan las telas… creo que quiero muchas! pero me da «miedo» el peso y el espacio en la mochila, abultan mucho? pesan? es mejor llevar la mochila medio vacía? estaremos unos 12 días y aquí estoy, empapando vuestro viaje para organizar el nuestro. me encanta!!

    • Pues todo dependerá de las telas que compres. Llena tu mochila de telas que tengas por casa y mira a ver qué peso tienes; ahí tienes la respuesta ;-)

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