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Cap. 20 – Visita a la ONG Naya Nagar, final de trayecto

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Amaneció en Delhi el último día de nuestro viaje y el sol, que no brillaba ni calentaba especialmente, parecía que auguraba un día triste de despedida. Nada hacía sospechar que nos esperaba una larga e intensa jornada de descubrimientos.

Tras desperezarnos durante casi media hora en la cama y sin atrevernos a abandonarla después de mucho tiempo sin probar un colchón tan cómodo nos levantamos. Fuera en el comedor ya se oía a Carlos que se preparaba para ir como cada día hasta Gurgaon, donde se encontraba la ONG. Guillermo hacía ya un rato que se había ido. Tras la advertencia de Carlos de que llegar hasta la escuela de la ONG nos iba a llevar un buen rato desayunamos fuerte y cogimos todas las ganas que teníamos reservadas para rematar el viaje. Sin duda ese día había que aprovecharlo.

A la salida de casa de Carlos y Guillermo
A la salida de casa de Carlos y Guillermo

Gurgaon es una ciudad satélite de Delhi a la que se puede llegar en metro, pero la distancia entre el piso de nuestros anfitriones hasta la boca de metro más cercana era suficientemente grande como para tener que coger primero un rickshaw. Carlos llevaba ya bastante tiempo como para no dejarse engañar por los conductores, con los que cada mañana tenía que pelear para que le hiciesen un precio real, y no de turista, advirtiéndoles con frases como “no soy turista” o “yo vivo aquí” y exigiendo el “indian price”. Al final lo consiguió y subimos a uno.

Llegamos al metro de Delhi que resultó ser de lo más peculiar. Daba la sensación de que a medida que descendíamos los peldaños de las escaleras de acceso nos adentrábamos en una zona occidentalizada, pero eso si, sin perder nunca su esencia. Después de pagar el billete y de que nos diesen en vez de un ticket una ficha de plástico como las de la feria, tuvimos que entrar por colas separadas (hombres y mujeres) pues nos cacheaban a la entrada. Una vez dentro sus normas tampoco dejaron de sorprendernos, con prohibiciones tan absurdas como no escupir o no sentarse en el techo del tren. Me pregunté si aquella última era realmente necesaria y traté de imaginar al metro llegando a la parada con un montón de gente arriba. Eso si, las normas las hacían cumplir y eran muy estrictos, un segundo tardó una mujer que vigilaba en venir corriendo al grito de “¡¡¡no está permitido!!! cuando Toni me hizo un foto.

Que viene el metro! (y luego la mujer riñéndonos...)
Que viene el metro! (y luego la mujer riñéndonos…)

Cuando llegó el tren nos dimos cuenta de otra norma que aun no habíamos descubierto: uno de los vagones era de uso exclusivo para las mujeres, ellas podían entrar en cualquiera pero los hombres tenían prohibida su entrada en el femenino. Entramos los tres juntos en el primero que pillamos pues no sentí la necesidad de refugiarme y me adentré en el peligroso mundo de la testosterona india…

Salí ilesa de aquello y bastantes paradas de metro idénticas después llegamos a la nuestra. Salimos de allí sin perder ni un minuto pues aun había que hacer más cambios de vehículos: coger un par de rickshaws más. Una hora larguísima para llegar a Gurgaon, sin duda el esfuerzo diario de Carlos y Guillermo para llegar a la escuela era digno de admirar.

Nada más abandonar la avenida en la que nos había dejado el rickshaw nos adentramos en una calle cuyo suelo lleno de socavones nos dio la bienvenida al barrio, habíamos llegado a Gurgaon. Cruzamos como pudimos aquel tramo atentos por no meter el pie donde no debíamos o caer en las profundidades de algún agujero, que para más inri estaban llenos de agua fruto de la lluvia de los últimos días. Superada la primera prueba nos metimos en unas calles más estrechas y unos cuantos metros más adentro encontramos la escuela.

El barrio donde se encuentra Naya Nagar
El barrio donde se encuentra Naya Nagar

Nada más llegar se presentó Anil, el director de Mera Parivar, la ONG que trabaja junto a Naya Nagar en la zona. Arancha, fundadora de la ONG española, se encontraba unos días de viaje en España y no tuvimos ocasión de conocerla, pero después de haber hablado con ella los trabajadores estaban al corriente de nuestra visita y todos nos recibieron muy amablemente.

Una foto junto con Anil a la puerta de Mera Parivar
Una foto junto con Anil a la puerta de Mera Parivar

En una de las aulas, Guillermo se encontraba en medio de un examen de cocina. El colaborador había decidido poner a prueba a sus alumnas para ver si estaban aprendiendo todas las cosas que él les estaba enseñando durante su curso. Las jóvenes, que no pasaba ninguna de los 25 años, aprendían con él cocina española con el objetivo de poder llegar a trabajar algún día en la casa de algún expatriado, tener un sueldo y con él conseguir un poco de independencia económica de sus maridos y suegras. Cuando los ingredientes estuvieron pelados y troceados, todas las chicas pasaron a la cocina y se pusieron a cocinar lo que al final resultaría ser nuestra comida.

Guillermo en el "examen sorpresa" con las chicas del curso de cocina
Guillermo en el “examen sorpresa” con las chicas del curso de cocina
Las futuras cocineras bajo la surpervisión de Guillermo
Las futuras cocineras bajo la surpervisión de Guillermo

Tras estar un rato observando como las chicas se divertían aprendiendo con Guillermo pasamos al despacho. Allí Anil nos estuvo contando cosas de la ONG y sus objetivos y además pudimos ver como los colaboradores trabajaban organizando sus proyectos. Más tarde Carlos nos acompañó a ver las aulas donde dan clases los mas pequeños, ausentes durante esos días debido a una ola de frío y también a ver el “salón de belleza” donde las chicas aprendían peluquería y maquillaje.

Las aulas de los más pequeños
Las aulas de los más pequeños

Quedaban aun cosas por ver, pero llegaba la hora de comer y empezábamos a estar hambrientos, así que antes de seguir con la visita probamos la comida que habían preparado las alumnas de Guillermo. Montamos una mesa en medio del local y disfrutamos de algunos de los platos. Sin duda se merecían todas un 10, ¡Exquisito!

Teníamos planeado seguir viendo la actividad de la ONG por la tarde, pero me di cuenta de que se me habían terminado las cintas para grabar y no había cogido más, así que aprovechamos mi despiste para dar una vuelta por Gurgaon y buscar algún sitio donde las vendiesen. El barrio me sorprendió bastante. Por la mañana, cuando nos habíamos metido por la calle llena de socavones no hubiese podido imaginar que en la otra parte del barrio había comercios de lo mas modernos y limpios. Eso sí, sin desaparecer nunca esos contrastes tan impactantes, pues delante de un escaparate con televisores de plasma enorme paseaban vacas o vendedores ambulantes cuya mercancía eran calcetines y coleteros… Tras un largo paseo y con la cinta ya dispuesta para grabar volvimos a la ong, por la tarde seguían realizando actividades y aun pudimos ver muchas cosas que allí hacen. Algunos aprendían informática en una sala de ordenadores, las jóvenes participaban en un taller de costura y los niños repasaban inglés en el colegio.

Jóvenes aprendices en clase de costura
Jóvenes aprendices en clase de costura

La visita había sido de lo más intensa. Salimos de allí con la misma sensación que cuando visitamos la ONG Por la sonrisa de un niño de Phnom Penh, con alegría de ver que hay gente que aunque sepa que cambiar el mundo es difícil, “pierde” su tiempo ayudando a las personas de un barrio a las que el resto de la gente tristemente ha decidido ignorar. Encima el esfuerzo da resultados. Después de un día tan profundo ya solo nos quedaba rematar el viaje disfrutando de Delhi, y que mejor manera de hacerlo que con dos personas que ya se conocían la ciudad: Carlos y Guillermo.

Nos despedimos de la gente, les dimos las gracias por compartir con nosotros todo aquello y salimos de Gurgaon en dirección a la parada del metro. Esta vez, en vez de ir cogiendo tuk-tuks, nuestros anfitriones quisieron que probáramos la experiencia de subir en un autobús. Al principio no entendí donde estaba la gracia, pero cuando vi aparecer al vehículo rebosante de gente lo comprendí. Por mucho que me lo hubiesen exagerado, no podría haber imaginado nunca que dentro de tan pocos metros cuadrados cupiese tanta gente, intentar entrar ahí dentro era todo un desafío. Cuando el autobús paró delante de nosotros cogimos aire y fuerzas y nos metimos, aunque pareciese imposible había que abrirse paso.

Qué bien y que apretaditos!!!
¡¡¡Qué bien y qué apretaditos!!!

Una vez en el interior nuestro espacio vital, que ya había menguado bastante desde que pusimos los pies en India, prácticamente desapareció. Ahora las miradas indiscretas de la gente se habían acercado hasta un palmo de nuestras caras y en mi nuca casi podía sentir la respiración de los que tenía detrás, estábamos literalmente embutidos. Eso si, eso no era ningún impedimento para el revisor que desde la parte delantera del bus y desafiando cualquier ley física, se introdujo en medio de la aglomeración, atravesó todo el pasillo y llegó hasta nosotros. Cuando nos pidió el dinero pensé que el esfuerzo que había hecho el hombre por alcanzarnos valía más que aquellas cinco rupias.

En cada parada subía más y más gente y cada vez nos alejábamos más de la puerta, y justo cuando pensaba que si entraba alguien más el autobús reventaría, Carlos dijo: “en dos paradas bajamos”. Esto indicaba que había que ir moviéndose hacia la puerta si queríamos bajar en la nuestra. Dos paradas antes y ya buscando la salida… Cuando pisé la calle sentí que podía volar…

Atentos al autobús! Casi no pudimos ni salir!
Atentos al autobús ¡Casi no pudimos ni salir!

Bajamos otra vez al metro, pero esta vez nos metimos justo en la separación entre el vagón de mujeres y el resto. El número de hombres era mayor y pudimos ver como cada vez que paraba en una estación éstos invadían un poco más el coche femenino. Veinte minutos mas tarde llegábamos al centro de Delhi y tras dar un paseo entramos en un mercado. Aun teníamos pendientes algunas compras, pues nos apetecía tener chai y algunas especias para casa y los chicos nos dijeron que allí podríamos encontrar de todo.

El mercado se asemejaba mucho a los de Camboya, los olores de las especias mezclados con los de las verduras, las frutas y la carne me transportaron a nuestro último viaje al sudeste asiático,  pero el siempre persistente olor a chai me impedía olvidar que estábamos en India. Después de comprar algunas especies (Chicken masala, curry powder, garand masala, masala chai, etc…) salimos de allí pensando en las comilonas que nos pegaríamos en casa cuando volviésemos.

Acabadas las compras nos fuimos a descansar de verdad. Llegamos al restaurante más moderno de cuantos habíamos visitado y subimos a la terraza. Allí arriba, enrollada con la manta que me había acompañado todo el día y al lado de un enorme brasero disfruté de las cervezas y de las anécdotas indias de nuestros compañeros.

La cervecita en la terraza del local
La cervecita en la terraza del local

Un par de horas más tarde y hambrientos nos fuimos a un restaurante, llegaba el momento de la última cena, la cena despedida… Pedimos el último thali, el último nan, el último plato de Chicken masala, la última comida picante en mucho tiempo… ¡cuanto iba a echar de menos aquellos sabores! Estando con Carlos y Guillermo pasamos los últimos momentos en India.

La cena con Carlos y Guillermo, dos tíos geniales!
La cena con Carlos y Guillermo, ¡dos tíos geniales!

La vuelta a casa siempre es lo que menos me gusta escribir. Camino del aeropuerto empiezas a recordar, mientras contemplas el paisaje desde el taxi, todos los momentos pasados en los días anteriores. Parece que fue ayer cuando llegábamos a Delhi y ahora nos despedíamos de ella. ¿Hasta siempre? sin duda: no. Sería un hasta luego. Después de viajar por el Rajastán, deambular por las calles de Delhi, conocer sus gentes, su gastronomía, su olor, su peculiaridad y siendo conscientes de la inmensidad de un país como India, sabemos que este viaje ha sido un hasta luego. Todavía nos queda por ver muuuuucha India, y la llegada al aeropuerto Indira Ganhi no hizo más que ratificar mis pensamientos. Una gran estatua de una elefante con su cría presidía el interior del hall de salidas. Había estado en India y no había visto elefantes, mi gran pasión!!! ¿Sería quizá una señal? Lo sea o no, lo que sí que sé es que tenemos otro viaje a India pendiente y lograremos que sea de mucho más tiempo. ¿Esperamos también que conmochila sea desde donde os lo cuente todo!

¡Hasta pronto mochileros!

En el aeropuerto Indira Ganhi con... nuestra señal de futuro viaje??
En el aeropuerto Indira Ganhi con… ¿¿nuestra señal de futuro viaje??
7 Comentarios
  1. Agustín dice

    Hola…

    Me ha gustado mucho este relato sobre vuestra visita a la ONG.
    Tengo previsto ir a India en la primera semana de agosto, y la verdad es que me gustaría ir a esta ONG, ¿cómo puedo contactar con ella para visitarla?

    Muchas gracias y saludos

    1. carme dice

      Hola Agustín, busca sus datos de contacto en su página web.

      1. Agustín dice

        OK, muchas gracias.

  2. Ruben lopez dice

    Muchísimas gracias por este fantástico diario. En dos meses estaré en la India y me ha encantado la forma de contar vuestro viaje. Te hace sentir q estas allí.

  3. ANDREA dice

    MUCHAS GRACIAS POR REGALARNOS ESTE MARAVILLOSO DIARIO..ME HICIERON TRANSPORTAR A ESE HERMOSO PAIS QUE ESPERO ALGUN DIA PUEDA CONOCER..SALUDOS

  4. admin dice

    Gracias Adriana!!

    El mérito es de Carme, que se nos está haciendo escritora ;-)

    Esperamos que disfrutes con los otros diarios de viaje… y con los que vendrán!

    Saludos

  5. Adriana Gabriel dice

    Hola Carmen y Toni:

    me ha encantado su diario de viaje a India. He estado todo el día colgada leyendo todas sus aventuras por allí. Lo encontré de casualidad buscando información sobre India, adonde viajaré en julio. Pero ahora voy a seguir con los otros diarios aunque no esté por ir allí (bueno, a Marruecos sí que ya he ido). Muchas gracias por compartir el viaje de este modo tan intenso y divertido. Un saludo cariñoso a los dos

    Adriana

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