¿Para qué nos vamos a engañar? Tenemos menos flexibilidad que una estatua de mármol. Pero por unos momentos te crees capaz de hacer esos movimientos y posturas que tantas veces has visto en algún reportaje o en alguna foto. Pues no. La clase de yoga en Khajuraho estuvo muy bien porque nos gustó, pero fue un poco tortura para nuestras pobres bisagras, tan acostumbradas a no moverlas mucho… Las agujetas del día siguiente dieron prueba de ello. Así y todo es una buena forma de conocer el yoga de forma más exótica, con profesor indio.
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