Cap. 12 – Pedaleando por la ciudad medieval de Orchha

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Desperté dando un brinco cuando Toni entró en la habitación esa mañana y gritó «coge todos los trastos que nos vamos a otra guesthouse». Se había levantado temprano y sin enterarme había aprovechado para salir por Orchha en busca de algún sitio mejor que en el que habíamos dormido, así que recogí todo, descolgué la mosquitera que me protegía de la fauna y con los ojos legañosos todavía me puse la mochila y salí tras él. Detrás de mí, uno de los trabajadores nos perseguía preguntado el motivo de nuestra inesperada marcha. Sin darle explicaciones marchamos a otra parte, simplemente no nos gustaba la habitación, el trato prepotente de uno de sus gerentes ni tenerla que compartir con bicharrajos varios.

Justo en la calle que hacía esquina estaba la Shri Mahant guesthouse, casi encima de la tienda del señor que nos vendió la elefantruska y en medio del meollo. Nuestra nueva habitación estaba limpia, no habitada por otros seres y era la primera de todo el viaje que tenía televisión, todo un chollo. Además solo valía 50 rupias más que la otra.

Nuestra nueva guesthouse en Orchha
Nuestra nueva guesthouse en Orchha

Nos apetecía mucho pasar un día tranquilo de paseo, y sin duda Orchha era el mejor sitio para hacerlo pues tiene una reserva natural con senderos y una extensión de 12 km. Pensamos que ir en bicicleta sería entretenido y menos cansado, así que fuimos en busca de algún sitio para alquilarlas. De camino, un niño que nos vio cara de despistados nos preguntó dónde íbamos y nos acompañó al sitio: Raju bike, donde un señor que trajinaba por el garaje se percató de nuestra presencia y salió a atendernos. El hombre tenía unas cuantas bicicletas amontonadas, cuyo factor común parecía ser que les faltase alguna pieza, así que sin ser muy caprichosos elegimos un par de ellas mirando que estuviesen enteras, con tan mala suerte que terminé cogiendo una cuyo freno no hacía su función…

Hoy toca bicicleta!
Hoy toca bicicleta!

Pagamos al buen hombre y salimos en busca del camino que nos llevara a la reserva natural. Cuando le cogí el tranquillo a la incómoda bicicleta de paseo puse la directa y sin darme cuenta me distancié de Toni. Unos minutos más tarde giré la vista atrás y me di cuenta de que se había quedado rezagado al lado del portal de una casa y empezaba a hacerme gestos para que volviese con él. Resultaba que una mujer le había interceptado el paso para invitarle a pasar a su casa y Toni había accedido, así que aparcamos las bicicletas en la puerta y entramos con ella.

En la entrada, donde se encontraba ya una habitación, la mujer hizo gestos para que nos sentásemos. Allí nos presentó a sus hijos y nos hizo algunas preguntas para romper el hielo, y cuando decidió que había llegado el momento oportuno sacó el arsenal: una bolsa llena de bisutería. Esa mujer que había invitado tan amablemente a Toni a pasar a su casa quería ahora que le comprásemos alguna cosa, coincidencia que dudo mucho después de haber visto su cara otra vez en algún que otro blog de viajeros… En fin, estábamos ya allí y la mujer no pedía mucho por las alhajas, así que rebuscando encontré un par de pulseras que pensé que podría ponerme alguna vez, así que le pagamos lo que nos pidió y salimos de su casa.

La mujer que nos engatusó con las pulseritas
La mujer que nos engatusó con las pulseritas

Continuamos la excursión y salimos de Orchha cruzando el puente sobre el río donde decenas de personas aprovechaban el agua para darse un baño o lavar la ropa. Solamente teníamos que recorrer algunos cientos de metros para llegar a la entrada de la reserva y comprar la entrada.

Nos adentramos en Orchha Nature Reserve
Nos adentramos en Orchha Nature Reserve

Accedimos al recinto en cuyo interior parecía no haber nadie más que nosotros dos, nos pusimos en marcha y durante las siguientes dos horas no hicimos otra cosa que pedalear. Teníamos un objetivo que cumplir allí, conseguir ver alguno de los animales que citaba la guía, pero perdimos la esperanza tras recorrer toda la zona de arriba abajo y no ver más que un puñado de vacas solitarias que ni se inmutaron al vernos pasar. Los ciervos, lagartos y tortugas no hicieron acto de presencia ese día, al menos no delante de la nuestra.

Which is the way??? Izquierda o derecha?
Which is the way??? Izquierda o derecha?

Fue una mañana de lo más relajante y al mismo tiempo cansada. Anduvimos haciendo fotos a lo largo de todo el espacio reservado, grabamos vídeos y paramos a descansar cerca del río. Después de casi diez días visitando pobladísimas ciudades pudimos descansar de las aglomeraciones, pues a las únicas personas que vimos por allí fueron una pareja de ancianos que nos querían decir algo en hindi y no conseguimos entender.

Hablando con las únicas personas que vimos...
Hablando con las únicas personas que vimos…

Cuando le dimos la vuelta entera al recinto salimos y paramos en una zona cerca del río desde la que las vistas de los palacios eran espectaculares, estar allí viendo tal paisaje era como habernos trasladado unos siglos en el tiempo. Con la bonita estampa nos tumbamos un rato con el único sonido de fondo que hacían unas señoras dando golpes a la ropa mientras limpiaban.

Las vistas de los palacios desde la orilla del río (con Toni incluido)
Las vistas de los palacios desde la orilla del río (con Toni incluido)

Empezaron a sonar nuestras tripas y fuimos directos al Milan restaurant para rematar nuestra mañana de relax en una de las mesas que había en la calle. A nuestro alrededor, todo tipo de gente paseaba en dirección al mercado o los palacios: jóvenes, mayores y familias enteras, y cómo no, decenas de vacas arriba y a bajo husmeando entre la basura buscando restos de comida.

Siempre con la deliciosa comida (y con las vacas)
Siempre con la deliciosa comida (y con las vacas)

Por la tarde pudimos hacer unas cuantas compras por el mercado y las tiendas pues no habíamos hecho apenas gasto ese día. Cada vez que pasábamos por delante de la tienda del hombre de la elefantruska nos invitaba a pasar a tomar un té a lo que Toni siempre daba largas pues el hombre era demasiado parlanchín y nos enredaba siempre. Terminamos comprando ropa, llaveros y otros objetos de recuerdo que nos iban a servir como regalos de reyes para la vuelta del viaje.

Después de devolver las bicicletas a su dueño, volvimos a la habitación donde nos estuvimos riendo bastante viendo un concurso de música indio, un operación triunfo a lo bollywood y cuando a Toni le empezaban a salir chispas de la cabeza viendo tan estrambóticas actuaciones decidimos salir a cenar, otra vez al restaurante Milan.

Ya me dirás tú a mí que careto para salir en el blog...
Ya me dirás tú a mí que careto para salir en el blog…

Esta vez pasamos a la parte de dentro donde había unas mesas muy bajas y se comía sentado en el suelo. Y allí, con la compañía de un grupo de viajeros que cenaban en la mesa de al lado, y la de una vaca que intentó repetidas veces y de manera descarada colarse en el local, terminamos nuestro merecido día de descanso.

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