Cap. 11 – El Taj Mahal, una ciudad medieval y una elefantruska

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No hizo falta que sonara el despertador esa mañana. A las cinco y media como debe ser usual, desde lo alto del minarete que asomaba a nuestra ventana sonaba un cántico llamando a los fieles del islam a la primera de las cinco oraciones del día. Se trataba de una voz grabada y monótona que impedía seguir durmiendo a cualquiera cuando mi único deseo era disfrutar de la última media hora de sueño. Cuando calló la voz y parecía que volvía la tranquilidad, todas las mezquitas de alrededor empezaron con el rezo y unos minutos más tarde, resignados ya a no descansar más, nos levantamos de la cama.

A las seis y diez nos encontrábamos ya haciendo cola para comprar las entradas del Taj Mahal comprobando que no éramos los únicos madrugadores pues delante de nosotros había ya decenas de personas esperando. Todavía era de noche, pero gente de todas las nacionalidades aguardábamos ansiosos a que se abrieran por fin las puertas del mausoleo.

Haciendo cola en plena noche
Haciendo cola en plena noche

Entradas en mano aun tuvimos que esperar media hora más separados en dos colas diferentes (una de hombres y otra de mujeres) hasta que finalmente se abrió la puerta sud del recinto y la avalancha humana se adentró, y después de pasar el control de seguridad conseguimos entrar.

Los exhaustivos controles de entrada al Taj Mahal
Los exhaustivos controles de entrada al Taj Mahal

Las puertas de entrada no llevan directamente a la zona popularmente conocida, sino a un patio exterior separado del interno por un muro enorme a modo de puerta de entrada que impide ver el monumento desde allí. Y una vez grabado el video explicando un poco la compra de entradas y el acceso nos dispusimos a cruzarla.

La entrada al recinto
La entrada al recinto

Solamente recuerdo haber sentido una emoción similar el día que entramos por primera vez a los templos de Angkor. La incertidumbre por saber si esa maravilla de India era tan espectacular que no me iba a decepcionar era tal que parecía que en mi cabeza sonaba un redoble de tambores esperando el veredicto mientras me iba acercado. Solo tenía que dar diez pasos más para obtener una respuesta… Y de repente apareció ante nuestros ojos y paré seco, por fin podía contemplar la majestuosidad del Taj Mahal en directo. Ninguna foto ni ninguna postal había sido capaz de reproducir la hermosura y la magnificencia del edificio que yo estaba viendo. Era imposible. Ni siquiera la niebla era capaz de estropear una imagen tan bella, que, con tan solo el cielo de fondo brillaba ante centenares de espectadores. Sha Yahan, quién mandó construir tal monumento en honor a su amada esposa Mumtaz Mahal fallecida por complicaciones de su decimocuarto parto, sin duda consiguió con semejante construcción que todo viajero que pase por Agra quede fascinado.

Impresionante Taj Mahal
Impresionante Taj Mahal

Después de hacernos las fotos de rigor junto al Taj Mahal, no sin antes pelear por conseguir el sitio donde todo el mundo posaba, nos fuimos acercando poco a poco siguiendo los senderos junto al jardín. El colosal monumento aumentaba de tamaño por momentos y el impacto era cada vez más grande. Minutos más tarde nos encontrábamos a los pies del monstruo y los alminares ligeramente inclinados desde allí parecían tocar el cielo. Nos pusimos las calzas y nos adentramos en el edificio.

Allí está el Taj Mahal
Allí está el Taj Mahal
Y aquí la parte más alta del Taj mahal
Y aquí la parte más alta del Taj Mahal

Con las paredes del la obra a escasos palmos de nuestra cara, los detalles esculpidos podían observarse a la perfección, sin permitir que nuestra estupefacción menguase ni un solo segundo. Tras conseguir entrar por la puerta de acceso al interior del mausoleo, donde desordenadamente gente entraba y salía haciendo tapón, pudimos ver el cenotafio de Mumtaz Majal y Sha Yahan. Ambos descansan juntos en el mismo lugar, unos metros más abajo, desde que él murió unos años más tarde.

Interior del mausoleo
Interior del mausoleo

Miramos el reloj y nos dimos cuenta de que no había mucho tiempo que perder, en un par de horas teníamos que coger un tren en dirección a Jhansi, así que hicimos caso omiso al resto de edificios del recinto y nos despedimos del lugar. Salimos de allí contentos, con la satisfacción de haber podido disfrutar de una de las nuevas siete maravillas del mundo y que ya nunca nadie nos lo tendría que contar. Giré la visa atrás y pensé que había sido corto pero muy intenso, y sin duda inolvidable.

Nos despedimos del Taj Mahal
Nos despedimos del Taj Mahal

Después de las negociaciones necesarias con un conductor de tuk tuk, éste nos llevó a la estación de ferrocarril de Agra Cantt, donde esperamos durante casi media hora hasta que llegó nuestro tren. El ajetreo de gente en la estación de trenes hizo que las espera se nos pasase volando.

Toni viendo pasar la vida...
Toni viendo pasar la vida…

Como se trataba de un recorrido corto de tan solo tres horas y media habíamos comprado los billetes en segunda clase, un vagón con asientos acolchados sin numerar y suficientemente cómodo hasta para echar una cabezadita. Y así fue, una vez acomodados descansé los minutos que me habían robado las voces llamando a rezar desde las mezquitas esa madrugada mientras dejábamos el estado de Uttar Pradesh y nos adentrábamos en Madhya Pradesh.

En el tren dirección Jhansi
En el tren dirección Jhansi

A las 14:30 llegamos a Jhansi, ciudad que solo visitábamos de paso en dirección a Orchha, y nada más bajar del tren fuimos a buscar un medio de transporte para llegar a esta ciudad. Habíamos leído en la guía que se podía llegar con autobús o en tempo, un vehículo un poco más grande que el rickshaw que se puede compartir con más gente, pero tras comparar precios y hablar con un conductor de rickshaw con quien concretamos un módico precio de 150Rs, decidimos ir con él y ahorrarnos el viaje hasta la estación de autobuses.

En el interior del rickshaw camino de Orchha
En el interior del rickshaw camino de Orchha

La ventaja de haber elegido el rickshaw era que nos podía dejar en la puerta de la guesthouse que le dijésemos, pero cuando llegamos a Orchha y nos dimos cuenta de que no tenía ni idea de donde estaba, vimos que no habíamos ahorrado demasiado tiempo, pues el chaval nos hizo toda una ruta turística por la ciudad. Al menos ahora, nos hacíamos una idea de cómo era: preciosa.

De todas las guesthouse que había en Orchha, estoy casi segura que habíamos elegido la peor, otra Shiva guesthouse de tantas… El trato en la entrada no fue malo, simplemente indiferente, pero la habitación estaba excesivamente poblada. Arañas, grillos y algún que otro bicho muerto, así que antes de seguir buscando sapos y culebras decidí que teníamos que poner la mosquitera, que si no consiguió evitar que entrase la fauna, al menos yo no me enteré y puede dormir tranquila. Efecto placebo.

Seguíamos en ayunas, así que en busca de un sitio para comer encontramos el Bhola restaurant, donde nos hicimos un exquisito thali en compañía de todos los perros pedigüeños del barrio. Mientras disfrutábamos de la comida vimos como una niña que paseaba con su familia nos miraba y le decía vergonzosa algo a su padre señalándonos. El hombre la animó para que se acercara y ella muy educadamente nos saludó y nos felicitó la Navidad. Entonces nos acordamos de que ésta era nuestra comida de Navidad.

Delicioso thali
Delicioso thali

Después de la comida decidimos dar un paseo por la ciudad y nos dirigimos hacia un puente de piedra cercano a donde estábamos. Al otro lado de este se encontraba un complejo formado por dos enormes y antiguos palacios del siglo XVII que daban a la ciudad un aspecto medieval: el Jahangir Mahal y EL Raj Mahal. En la entrada del complejo una taquilla anunciaba el espectáculo nocturno con luces, pero después del desembolso en las entradas del Taj Mahal, ese día ya no estábamos para más gastos. No nos quedó más remedio que dar media vuelta pensando que tal vez volveríamos el día siguiente, hoy de momento nos teníamos que conformar paseando, pues el cupo de los monumentos ya lo habíamos completado.

Vista de los palacios desde el puente
Vista de los palacios desde el puente

Y andando llegamos al centro de la cuidad donde estaba el mercado. Se trataba de un montón de puestos de bisutería y cosas de decoración, sin nada de comida, y caminar por allí era como desplazarse con una maquina del tiempo unos siglos atrás. Cualquiera hubiese pensado que al girar la esquina se iba a encontrar con un ejército de caballeros armados con lanzas a punto de salir en combate.

Llegamos a una plaza en medio del mercado en cuyo centro vimos el templo Ram Raja y nos detuvimos a hacer algunas fotos. Esto hizo que nos convirtiésemos en el cetro de atención de unos niños que jugaban allí afuera.

Seguimos visitando el bazar por otra de sus callejuelas hasta que una chica me paró en seco y me saludó, hablaba un inglés muy básico pero entendí a la perfección sus intenciones. Me sentó en una silla delante de su puesto de bisutería, me puso una tikka en la frente y después de girarse a Toni y mirarme con un gesto pícaro me pintó la ralla del pelo de color rojo.  Entonces la mujer empezó a ponerme todo tipo bisutería: pulseras, tobilleras, collares… Al principio no tenía intención de comprar nada, pero empezaba a caerme simpática esa joven que insistía en que le comprara cualquier cosa sin borrar la sonrisa de su cara. Cambié de opinión y empecé a buscar alguna cosilla para comprarle algo, y al ver mi repentino interés ella aun me mostró más cosas. Pero por más que busqué no encontré nada que tuviese la mínima intención de ponerme, no tenía ni una sola pulsera mínimamente sencilla o que no estuviese oxidada. Finalmente se me ocurrió comprar un paquete de tikkas, “por si algún día hacemos una fiesta india”, pensé… Aunque la chica esperaba que comprara algo más se despidió con un gesto de agradecimiento.

La chica del tenderete pintándome la raya en el pelo
La chica del tenderete pintándome la raya en el pelo

De vuelta a la guesthouse un hombre volvió a interceptarnos en medio de la calle, el dueño de una tienda, todo un personaje. Tanto nos mareó en la puerta que terminamos entrando a su tienda, quería que le cambiásemos en dólares un par de euros que tenía en el bolsillo porque, decía, no podía cambiarlos en ningún sitio. No se como se lo montó pero terminamos haciendo el cambio, comprando unos pendientes (bonitos, estos si), y un juego de elefantes de diferentes tamaños que se metían unos dentro de otros como una muñeca rusa y le hicieron gracia a Toni.

Nuestra elefantruska
Nuestra elefantruska

Y con la «elefantruska», que es como la habíamos bautizado, y demás regalos de Navidad fuimos paseando hacia Betwa Tarang restaurant donde terminamos el fructífero día comiendo una pizza con sabor a masala.

4 Comentarios
  1. Francia dice

    Hola interesante pagina quisiera saber si es peligro andar una mujer sola en la India..
    GRACIAS !!!

  2. pamela-chile dice

    Quisiera saber cuanto vale la entrada al Taj Mahal. Lei que debo dejar un dia completo para conocerlo mejor. Pero quisiera saber el valor de la entrada. Otra cosa, es posible no dormir en Agra? Sino tomar algo de noche en Delhi y amanecer en Agra para hacer la fila para la entrada? o es mucho lio?

    Un abrazo, es genial el Blog¡ :D

    1. Toni Ródenas dice

      Hola Pamela.

      La entrada para los extranjeros es de 750rs (para los locales 10 veces menos…).

      Ir a ver el Taj Mahal requiere estar haciendo cola a partir de las 6 de la mañana. Si te da tiempo a llegar a esa hora desde Delhi lo puedes hacer, pero mira si te compensa ir con tanta prisa (y si los buses o trenes llegan a la hora acordada, que esa es otra!)

      Yo creo que mejor llegar a Agra, dormir allí y levantarte a ver el Taj Mahal. Luego coges si quieres y te vas a otro sitio por la tarde.

      Un saludo

  3. Viajes por el Mundo dice

    Genial la entradaa!! que rico el Thali!!!!

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