Cap. 04 – Descanso en Jaisalmer

Tiritando aun de frío y camuflada debajo de una manta que apenas abrigaba cogí entre las manos el vasito de masala chai que nos había preparado Mira y saboreé el té. Cada trago de la infusión con leche calentaba un poco más mi cuerpo y noté que empezaba a resucitar. Eran las seis de la mañana y acabábamos de llegar de la estación de tren de Jaisalmer donde Mira había venido a recogernos con rickshaw. Llegamos al hostal cuando aún era de noche y las únicas que había en la calle a esas horas eran unas vacas perezosas que dormían en el suelo y nos miraban de reojo con más sueño que curiosidad.

Llegada a la guesthouse, de noche y en compañía...
Llegada a la guesthouse, de noche y en compañía…

Durante el camino me había terminado de congelar y el chico que había visto mi cara de agotamiento nos había ofrecido las tazas de chai que nos tomamos en el hall de Shiva Palace guesthouse. Comencé a sentirme bien, y quizás por eso, por lo bien que me sentó la primera vez la infusión, ahora me gusta tanto.

Comenzábamos a enamorarnos del Chai
Comenzábamos a enamorarnos del Chai

Mira tuvo compasión de nosotros y no nos hizo hacer el chek-in a esas horas así que subimos a nuestra habitación que estaba en la azotea y fuimos directos a echarnos un rato antes de empezar el día. Un rato que se convirtió en unas horas… a la una del mediodía nos despertábamos. Me resistía a abandonar una cama que, aunque estaba más dura que una piedra y chirriaba hasta con el movimiento de la respiración, estaba calentita. Cuando las voces de la gente de los alrededores y de los que estaban en el bar de la terraza ya no me dejaron dormir más me resigné y tuve que levantarme.

Ajetreo cerca de la guesthouse
Ajetreo cerca de la guesthouse

Ahora ya no hacía frío, los rayos de sol que se colaban por los agujeros de la ventana sugerían que hacía un día estupendo. Y así era. Salimos con la intención de hacer el chek-in e ir a ver la ciudad de Jaisalmer, pero en el hall nos interceptaron y nos convencieron para que nos quedásemos un poco y explicarnos las diferentes rutas de los safaris. Desde la guesthouse, como desde otros muchos sitios en Jaisalmer, podíamos contratar un tour en camello por el desierto del Thar, cosa que ya nos habíamos planteado. Había varias ofertas, y dependiendo del número de días y de lo turísticos o no que fuesen los sitios donde paráramos el precio cambiaba.

Con la excursión por el Sahara reciente y también con el mal recuerdo del dolor de nuestras piernas la última vez, no lo teníamos del todo claro. Les dijimos que necesitábamos pensarlo un poco, que íbamos a dar una vuelta para despejar dudas y al volver les diríamos lo que habíamos decidido.

Dicho y hecho salimos a la calle abarrotada de vacas que vagabundeaban en busca de algo comestible, y tras atravesar una de las puertas de la muralla que rodea la ciudad, nos metimos de lleno en el corazón de Jaisalmer.

Las omnipresentes vacas callejeras...
Las omnipresentes vacas callejeras…

A mediodía la ciudad estaba llena de vida, era como si todos los habitantes hubiesen decidido salir a esa hora a ocupar las calles. Todo el mundo hacía algo, pasear, comprar, vender… porque eso si, tiendas había a puñados. Decenas de escaparates a un lado y otro de la calle y otros tantos más vendiendo sus productos encima de una tela en el suelo. “¡Hello! ¿How are you?” Saludaban al vernos esperando que comprásemos algo. Nos perdimos por las callejuelas estrechas que se enredaban unas con otras y convertían el centro en un auténtico laberinto. Cuando nos dimos cuenta habíamos llegado a los pies del fuerte de Jaisalmer, que desde las afueras vigila la ciudad en lo alto de una pequeña montaña.

Impresionante el fuerte de Jaisalmer
Impresionante el fuerte de Jaisalmer

Estábamos decidiendo si subir a verlo cuando tomaron la palabra nuestras tripas, así que nos metimos otra vez en la maraña de calles en busca de un restaurante. Cuando nos volvimos a dar cuenta estábamos otra vez en la puerta de la guesthouse, así que pensamos que con el día que hacía donde íbamos a comer mejor que en la terraza tomando el sol?.

Subimos arriba y Mira que estaba allí charlando con los cocineros nos invitó a sentarnos en una mesa. Antes de pedirle la comida le comentamos que habíamos decidido contratar el safari para dos días porque queríamos volver a celebrar mi cumpleaños en Jaisalmer. Se sentó con nosotros y nos explicó qué debíamos coger para la escapada y a que hora deberíamos estar listos el día siguiente y después se fue para dejarnos disfrutar de la comida.

El fuerte de Jaisalmer de fondo y toda la tranquilidad del mundo nos acompañaron mientras nos comíamos un delicioso thali con el que terminamos literalmente chupándonos los dedos. El thali es un plato típico indio servido en una bandeja con varios compartimentos que se llenan con diferentes salsas e ingredientes y que serán unos u otros dependiendo de la zona de India en la que te encuentres. En todos los thalis que nos comimos durante nuestro viaje lo que no faltaba nunca era el arroz y unos cuantos chapatis para acompañar. El chapati o roti es un pan con forma de disco que se usa a modo de cuchara para coger la comida; y siempre con la mano derecha para los hindúes más estrictos pues consideran la izquierda impura y para otros menesteres.

Delicioso thali el de la guesthouse
Delicioso thali el de la guesthouse

Terminamos de comer y giré la vista hacia una esquina de la terraza. Entonces vi en el suelo un colchón que me estaba llamando a gritos, así que cuando Mira, que se había quedado con la copla le dijo a Toni que se fuese con el a pedir una tarta para mi cumpleaños, yo me quedé allí tumbada leyendo la Lonely Planet y escribiendo el diario. Y tan tranquila estaba que me quedé dormida.

Hora de descansar...
Hora de descansar…

No tardaron mucho en volver porque se habían ido con la moto, así que en veinte minutos Toni ya estaba de vuelta y con el sol todavía sobre nuestras cabezas decidimos salir otra vez a pasear. Jaisalmer es una ciudad con algunas cosas que ver como su fuerte, palacios, templos jainíes, museos y hasta un estanque en el que puedes hacer un paseo en barca. No obstante preferimos limitarnos a pasear y simplemente disfrutar del día ya que las cuentas nos advertían que debíamos apretarnos un poco el cinturón.

Dedicamos toda la tarde a vagabundear por las calles haciendo fotos y Toni, como no, se lo pasó en grande. Hizo fotos a los tenderos, a las mujeres, a las vacas paseando y a los perros durmiendo. También hizo muchos retratos de niños y mayores y fotos de las havelis que embellecían las calles. Recuerdo que mucha gente, sobretodo los más jóvenes, querían invitarnos a pasar a sus casa a tomar un chai con el pretexto de querer practicar español. Ahora que ya empezábamos a conocer la manera de enredar de algunos intentábamos evitar esas situaciones, pues daba la casualidad que esa gente siempre tenía algo que ofrecer aparte del té… Nuestra excusa siempre era la misma, habíamos quedado y teníamos que irnos.

Una familia de Jaisalmer (y una vaca... como no!)
Una familia de Jaisalmer (y una vaca… como no!)

Oscureció y no teníamos ni idea de donde habíamos ido a parar, andábamos por uno de tantos callejones idénticos e indistinguibles y el mapa diminuto de la guía ayudaba poco. Hicimos caso a nuestro sentido de la orientación, ahora a la izquierda, ahora a la derecha y finalmente llegamos a una plaza que ya conocíamos. Llegar a la guesthouse era coser y cantar.

La sorpresa nos esperaba en el baño, cuando me metí en la ducha y me di cuenta de que el agua no salía caliente. Un escalofrío recorrió mi espalda solo de imaginarme lo fría que debía estar, así que conté hasta tres, aguante la respiración y me hice a la idea…. Aprovechamos que teníamos un poco de tiempo aun para lavar la ropa sucia que se empezaba a acumular y para coser algunos agujeros de los pantalones.

Donde esté una buena pastilla de jabón...
Donde esté una buena pastilla de jabón…

Elegimos Chandan Shree Restaurant para ir a cenar, un local muy popular entre los vecinos, prueba de ello era que estaba lleno. Uno de los hombres que estaban sirviendo comida nos vio y nos hizo pasar a la parte de dentro donde había una mesa libre, y allí, siendo los únicos extranjeros entre tantos locales, nos sentimos uno más. Pedimos otro thali, esta vez con platos diferentes que el camarero atento se encargó de ir rellenando cada vez que se vaciaban. Es curioso observar la forma en que te mira la gente cuando están en lugares donde no es habitual que los extranjeros se mezclen con la gente del lugar. Tienen más curiosidad de lo habitual y a nosotros nos encanta que piensen que estamos de lo más a gusto con ellos (que de hecho lo estamos!). Al final se suelen cortar más ellos que nosotros…

¿Porqué nos mirarán? (atentos al chico del fondo)
¿Porqué nos mirarán? (atentos al chico del fondo)
¿Porque parecemos trogloditas?
¿Porque parecemos trogloditas?

Después de cenar fuimos un rato al ciber de Om, un chaval que conoceríamos días más tarde, pero nos marchamos enseguida porque ya iba a cerrar y nosotros teníamos que descansar. La mañana siguiente empezaba el safari en camello por el desierto del Thar.

No hay que perder las costumbres!!!
No hay que perder las costumbres!!!
200 200 Carme
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