Cap. 06 – Songkran en Pai: agua, motos y flower power

Diario de viaje Tailandia 6
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Exactamente 762 curvas y 7 horas después de haber abandonado Chiang Mai en una minivan, en manos de un conductor con mucha prisa y poca paciencia, llegamos a Pai, un pequeño pueblo de la provincia de Mae Hong Son cercano a la frontera con Birmania del que habíamos leído maravillas. Envuelto en un entorno natural y alejado de ciudades hiperpobladas y ruidosas, Pai atrae a viajeros que buscan un destino relajado en el que descansar unos días conservando, a pesar de estar de moda, el ambiente hippie que lo caracteriza y le da tanto encanto.

El bonito pueblo de Pai
El bonito pueblo de Pai

Aunque la llegada de extranjeros a cualquier lugar siempre termina en gritos entre conductores y desorientados turistas, cuando nuestro vehículo paró en la ciudad tan solo tuvimos que andar 100 metros para encontrar la paz. A la otra parte del río que bordea Pai, cruzando un destartalado y peligrosamente agujereado puente de bambú, no había ni un vehículo motorizado ni nadie dando voces, tan solo unas cuantas guesthouse de cabañas en medio de la vegetación y un silencio casi absoluto. En Family Huts decidimos montar el campamento base para unos días. Nos acabábamos de enamorar.

El puente que lleva a Family Huts
El puente que lleva a Family Huts

Hambrientos y deseosos de empaparnos del ambiente fresco y desenfadado que se respiraba, volvimos a cruzar el puente para adentramos en las calles del pueblo donde niños y no tan niños comprando pistolas de agua advertían que el Songkran estaba a punto de empezar. Songkran es el nombre con el que se conoce el año nuevo en Tailandia y se celebra entre el 13 y el 15 de abril con un festival de agua cuya finalidad no es otra que mojar a todo ser que circule por las calles o carreteras y que tuvimos la oportunidad de conocer.

Cartel anunciando el Songkran
Cartel anunciando el Songkran

El hambre venció a la curiosidad al pasar por delante del restaurante Goodlife, un garito en el que preparaban té, licores caseros, buena comida y la especialidad de la casa: wheatgrass, un zumo preparado a base de moler la hierba de trigo. Las paredes del local estaban adornadas con decenas de macetas de esta hierba y estanterías con libros, así que viendo el acogedor ambiente que se respiraba decidimos sentarnos a comer junto con Lars, que había venido con nosotros desde Chiang Mai.

En el restaurante Goodlife
En el restaurante Goodlife

Tras un buen plato de arroz y con el sol empezando a caer siguió el paseo. La zona turística de Pai no era mucho más que unas 3 calles largas llenas de tiendas, restaurantes y bares que al caer la tarde se empezaban a llenar de puestos callejeros y de gente que salia a pasear.

De paseo por las calles de Pai
De paseo por las calles de Pai
Los puestos de comida callejeros
Los puestos de comida callejeros

Tras recorrer el pueblo, no sin poder evitar el agua de alguna pistola de quienes habían empezado a celebrar el año nuevo prematuramente, nos sentamos con Lars y Julie, una joven francesa que llevaba ocho meses viajando sola y habíamos conocido unas horas antes, a tomar una cerveza hasta que se hizo de noche.

Con Julie en una terracita
Con Julie en una terracita

Cuando el sol se despidió definitivamente para dar paso a las luces de los farolillos que embellecían aquel decorado que eran las calles de Pai decidimos salir otra vez a pasear. Los colores de las telas y el olor de las especias de los puestos de comida nos atrajeron de una manera irresistible y pasar por delante de alguno de ellos sin comprar algo de lo que vendiesen era prácticamente imposible.

Frente a un puesto de venta de bolsos
Frente a un puesto de venta de bolsos
¡¡Y la comida callejera!!
¡¡Y la comida callejera!!
Más comida
Más comida

Tanto es así que tan solo a unos 100 metros del bar tuvimos que parar a comernos todo lo que llevábamos acumulado en las manos: champiñones, rollitos, patatas con paprika y coco. En una callejuela oscura, y acompañados de algún que otro perro pedigüeño que no dejaba escapar la oportunidad de cenar algo más que lo que robaba de las ofrendas de los altares, nos sentamos a disfrutar del manjar.

Toni con un amigo nuevo
Toni con un amigo nuevo
Y con otro que vino a la cita
Y con otro que vino a la cita

Conscientes de lo que nos habíamos ahorrado cenando en la calle y con algunos bahts todavía en el bolsillo nos animamos a hacernos una copa en un garito que pronto se convertiría en visita obligada cada noche.

¿Qué tomaremos?
¿Qué tomaremos?

El día siguiente nos despertamos con espíritu explorador y decidimos ir a descubrir los alrededores de Pai, así que salimos pronto junto a Lars y Julie a alquilar 3 motocicletas con las que visitar la zona. Hacía un día perfecto, soleado pero no demasiado caluroso, y tras desayunar en el pueblo fuimos en busca del barrio chino.

A escasos quilómetros del centro de Pai nos topamos con dicho barrio, aunque yo pensara que estábamos en la entrada o un lugar de recibimiento, pues el barrio chino de port aventura me resultaba más real que aquel montón de escaparates casi prefabricados.

Entrada al barrio chino
Entrada al barrio chino
Una piedra con inscripciones en chino
Una piedra con inscripciones en chino

El mirador fue toda una decepción, pues a pesar de estar el cielo cubierto de una espesa capa blanca que impedía ver nada a mas de 5 metros de distancia de nuestros ojos nos querían cobrar por asomarnos… Aun así valió la pena subir tan solo para poder bajar por el mismo camino empinado por el que habíamos llegado a toda velocidad. Y todo sin perder nunca de vista a Lars, que en un arrebato de sinceridad confesó delante de la propietaria de las motocicletas que era la primera vez que conducía una, lo cual casi le costó un NO por respuesta. Pero a pesar de la poca confianza que depositó la mujer en nuestro amigo, y después de sermonearnos igual que lo hubiese hecho nuestra abuela, nos dio las tres motos bajo nuestra total responsabilidad.

La excursión seguía con la parada en un par de cascadas que acusaban demasiado el final de la estación seca, y sin ninguna intención de bañarnos en ellas y tras un breve descanso seguimos explorando la zona.

Las cascadas con poco agua
Las cascadas con poco agua

A todo eso era ya casi mediodía y los niños, que hacía rato que estaban despiertos, habían empezado ya a celebrar el Songkran con sus armas de agua. Algunos se conformaban con pistolas de tamaños que variaban desde muy pequeñas a enormes metralletras de las que era casi imposible salir seco, pero los más osados directamente cogían un cubo de agua y lo vaciaban cuando pasábamos por delante. No es de extrañar pues que, aunque no nadásemos, no conseguimos permanecer secos ya durante toda la mañana. Finalmente, sedientos de venganza, paramos delante de un enorme cubo a esperar a que se acercase alguna victima con la que aplacar nuestras ganas de empapar a alguien.

¡Cubazo de agua en toda la cabeza!
¡Cubazo de agua en toda la cabeza!

El resto de la mañana la dedicamos a disfrutar del hermoso paisaje y a huir de niños gamberros desde las aguas termales, pasando por el cañón y algún que otro poblado y hasta llegar de nuevo al pueblo.

Era mediodía cuando volvimos a Pai, así que recorrer sus calles en motocicleta era toda una provocación para los niños armados con enormes cubos de agua y una osadía teniendo en cuenta que no teníamos ni una miserable pistolita con la que defendernos. Cuando llegamos a la guesthouse tuvimos que escurrir nuestras prendas pues no nos hubiésemos mojado más metiéndonos en una piscina.

El día siguiente ya bien equipados con dos pistolas de agua decidimos meternos de lleno en la batalla campal en la que se había transformado Pai, así que cogimos otra vez la moto y salimos a empapar a cualquiera que se atreviese a meterse delante de nosotros. Todo el mundo estaba en la calle, niños y no tan niños, tailandeses y turistas extranjeros, andando o desde algún coche o furgoneta. Todo el mundo tenía alguna pistola, un cubo o una manguera y era cuestión de segundos terminar empapado como si se acabara de salir de una piscina…

El resto del tiempo en este cautivador rincón del norte de Tailandia lo dedicamos a disfrutar del lugar, trabajar en el blog y descansar en sus terrazas y bares. Tras tanto relax el cuerpo nos pedía acción y dispuestos a vivir una auténtica aventura decidimos hacer una ruta en moto desde Pai a Mae Hon Son el día siguiente. Pronto se borraría de nuestras caras aquel gesto entusiasmado con el que celebrábamos lo acertado de haber llegado hasta aquellas tierras.

Celebrando los días en Pai
Celebrando los días en Pai
1 comentario
  1. Ana dice

    Hola!!Tambien estoy tramitando mi visado de turista por 6 meses,despues de mucho lio ya tengo todo mas o menos claro…pero ahora querria informarme de como prorrogar el visado de turista,ya que mi idea es estar mas de 6 meses,saber que opcions tengo:¿renover el visado(otros 6 meses) desde Delhi,es posible?o la unica opcion es salir de India y tramitar una nueva visa desde Nepal o Srilanka?En este caso hay que salir antes de que caduque el primer visado,imagino y se debe tramitar en la embajada India del pais,no?sabeis cuales son los requisitos o tramites para hacerlo?Muchas Gracias!!!

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